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Ewan McGregor se atreve a dirigir el fin de la inocencia según Philip Roth

El actor escocés lleva a la pantalla 'Pastoral americana', su adaptación de la novela de Roth sobre la Guerra de Vietnam y el derrumbe de una familia en los sesenta

Ewan McGregor junto a Jennifer Connelly, en el Kursaal en San Sebastián. JAVIER HERNÁNDEZ ATLAS

Philip Roth provoca en el cine una curiosa dicotomía: por un lado es un escritor dotado de una prodigiosa narrativa, fluida y accesible a todos los lectores; por otro, las innumerables capas que esconden sus novelas, textos en los que uno se zambulle a disfrutar como Pastoral americana, Me casé con un comunista, La mancha humana, La conjura contra América o las historias protagonizadas por Nathan Zuckermann, hacen casi inasumible su adaptación al cine. Casi, porque junto a grandes fracasos como La mancha humana, Isabel Coixet propuso en Elegy una estupenda aproximación a El animal moribundo, y este año en la Berlinale se pudo ver la soberbia Indignation, en la que James Schamus, debutante en la dirección pero con un impresionante currículo como productor, sabía destilar la esencia de Indignación. Incluso Barry Levinson supo traicionar el texto de La humillación para quedarse con su melodía en La sombra del actor.

A Ewan McGregor (Perth, 1971) el reto le picó desde la interpretación. Él quería ser Seymour El Sueco Levov, aunque su físico no sea el adecuado. Para los lectores, Levov es una especie de Thor del judaísmo de Nueva Jersey, un dios de la burguesía de Newark, al que la vida va dando golpes paciente y constantemente. Su deterioro, primero para convertirse en un wasp y finalmente para diluirse en un infinito viaje hacia la frustración, es el motor de una obra que también habla de clases sociales, disturbios raciales -se desarrolla en los sesenta y setenta-, relaciones paternofiliales y del fin de la industria manufacturera en EE UU, cuyas fábricas cierran para reabrirse en países con mano de obra más barata (la empresa familiar del Sueco se dedica a los guantes). "Para mí, es la historia de un enfrentamiento familiar, pero también la de América", cuenta un sonriente McGregor. Que el escocés haya saltado a la dirección se debe a que llevaba años con el personaje, pero en un momento dado el proyecto se quedó sin director y con la sensación de que podía irse a pique. "No me preocupaba tanto la actuación como la responsabilidad de capitanear el conjunto, algo que ni intuyes hasta que llega el momento. Di el paso adelante cuando vi que la cosa se hundía, y los productores me dijeron que por supuesto. Ahí sí que empecé a ponerme nervioso. Porque yo no conocía todo el proceso de preproducción, esos meses en los que estás aún solo, sin reparto ni equipo técnico. Yo decidí vivir la novela, absorberla. Después llegaron las reuniones con los cabezas de cada apartado, con los que empecé a concretar mi visión. Para sentirme seguro, estuve en las localizaciones desde 12 semanas antes de que se iniciara la filmación, porque para mí era importante concienciarme del espacio. Escuché constantemente un audiolibro que hizo que hasta en el coche o cuando iba a correr estuviera la novela de Roth a mi alrededor".

Los diversos niveles, las capas con las que las novelas de Roth van envolviendo a sus lectores fueron para McGregor una trampa. "Como intentes adaptar Pastoral americana íntegramente estás perdido. Las escenas que hemos elegido del libro creo que reflejan las claves de la exploración de la novela y defienden su espíritu. No he intentado decirle nada al público para que prejuzgara los personajes. Solo deseo plantear las preguntas como hizo Roth", asegura, antes de desgranar algunas de sus secuencias y de los trucos cinematográficos -cuatro planos reales de las barbaridades de la Guerra de Vietnam- que ha usado para describir la furia de la hija del Sueco, el personaje por el que empieza a desmoronarse la familia. "En el fondo hay un choque entre dos generaciones, la del Sueco y la de su hija, que pone bombas y mata gente. Vivían un momento muy preciso de la historia, en el que se radicalizaron los sentimientos".

"Sigue habiendo revueltas por causas raciales, las mismas imágenes se repiten en las calles de Estados Unidos hoy en día"

Roth escribió en dos etapas Pastoral americana. Empezó durante la Guerra de Vietnam, dejó de lado el material y lo recuperó en los noventa. Cuando se publicó, podía dar una cierta sensación de nostalgia sobre un tiempo en que explotó el sueño americano. Hoy, película y novela parecen estar hablando de la actualidad, encuentran ecos en las imágenes de los telediarios, y llegan en la que podría ser la segunda explosión del sueño americano, con crisis financiera y económica, nuevos disturbios raciales... "Desde luego, no fue nuestra motivación a la hora de hacer la película. Los productores están embarcados en el proyecto desde 1999. Sin embargo es cierto: sigue habiendo revueltas por causas raciales, las mismas imágenes se repiten en las calles de Estados Unidos hoy en día. Son las mismas que en los sesenta, estamos metidos en un bucle. En Pittsburgh filmamos los enfrentamientos entre afroamericanos y miembros de la Guardia Nacional mientras en televisión veíamos lo mismo". McGregor no quiere entrar en reflexiones políticas que le lleven más allá de lo contado en la novela ("No soy el adecuado para ello"), aunque sí insiste en "la tristeza" que le provoca ese hecho.

Como director de actores, McGregor ha usado una curiosa manera de trabajo: "Era importante para mí dirigir de una manera en la que a mí, como actor, me gustaría ser dirigido. He tenido la suerte de trabajar con maravillosos directores y he cogido cosas de cada uno de ellos, lo bueno y supongo lo malo". Y una novela tan profundamente estadounidense, ¿necesitaba una visión exterior? "No estoy seguro de tener una respuesta. Yo tenía clara mi visión del libro y fui a por ella. No poseo un profundo conocimiento de la Historia o de la sociedad estadounidense. Pero he aprendido lo necesario y si no, ahí estaba Roth con su precisión en los detalles".

Según el director debutante, Roth escribió sobre un hombre bueno, el Sueco. "Y ese es el corazón de la novela. La decencia, la moralidad se desmoronan a pesar de sus esfuerzos o incluso por sus esfuerzos. Los tiempos le atropellan. Hasta hoy, Estados Unidos ha hecho un largo viaje por olvidarse de las razas, y no ha logrado la integración".

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