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CRÍTICA | 'Zipi y Zape en la isla del capitán'

Reivindicación de la aventura

Lo peor de la película es que no es Zipi y Zape. Ni en sus formas ni en sus textos

Tráiler de 'Zipi y Zape y la Isla del Capitán'.

'ZIPI Y ZAPE Y LA ISLA DEL CAPITÁN'

Dirección: Oskar Santos.

Intérpretes: Elena Anaya, Teo Planell, Toni Gómez, Iria Castellano, Goizalde Núñez, Fermí Reixach.

Género: Aventuras. España, 2016.

Duración: 100 minutos.

Lo peor que se puede decir de Zipi y Zape en la isla del capitán es que no es Zipi y Zape. Ni en sus formas ni en sus textos ni en sus esencias. Habrá a quien le dé igual el aprovechamiento de una marca mítica (con pago de derechos, por supuesto), reconocida por varias generaciones de lectores, para contar otra cosa. Sobre todo porque hubo un tiempo en que la inmensa mayoría de los niños leían las historias creadas por José Escobar a partir de 1948. Ahora buena parte de los críos no sabrían quiénes son si no fuera por esta película y por Zipi y Zape y el club de la canica (2013), el anterior y muy exitoso acercamiento de Oskar Santos, su director. Y, sin embargo, y quizá sea un asunto más de fastidio ante el atajo comercial tomado que de verdadero purismo de fanático, al menos a este crítico le incomoda.

Expuesto el espinoso asunto, seamos muy claros: Zipi y Zape en la isla del capitán es una estupenda película de aventuras, con un empaque formal, de puesta en escena y de producción de enormes méritos, buenos efectos especiales, un guion muy trabajado de múltiples referencias y una ejemplar labor interpretativa, tanto en los chicos como en los adultos, en la que destaca, por sorprendente, una inquietante Elena Anaya que estrena matices de villana. El guion de Jorge Lara y del propio Oskar Santos, aquí implicado también en la escritura cuando en la primera entrega se había limitado a la dirección, es un bonito homenaje a la aventura clásica que, partiendo de algunos de los mitos de la literatura de viajes y misterio, de fantasía e incluso de ciencia-ficción, los acaba llevando a uno de los terrenos más valorados en el cine contemporáneo: la nostalgia del cine infantil y juvenil de los años 80, adonde también se dirigía la primera entrega. Una decisión que, además, tiene mucho de comercial, porque son aquellos críos de los 80 los que ahora van a ser los padres encargados de comprar las entradas, y en muchos casos acompañar, a los niños de hoy.

Por la película pululan las esencias del capitán Nemo y de Peter Pan, Sonrisas y lágrimas y Los Goonies, La ciudad de los niños perdidos y Regreso al futuro (esa trama con la madre convertida en niña, enamorada de su hijo), Sherlock Holmes y hasta el gótico de Harry Potter en los escenarios. Y un sutil subtexto alrededor de la educación de los niños, de su guía y de su castigo, que cala sin necesidad de importunar. ¿Poco Zipi y Zape? Sí, pero buena película.

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