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‘El Faro’, periodismo de excelencia premiado por la FNPI

El periódico salvadoreño gana el Premio Excelencia concedido por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano de García Márquez

Equipo de El Faro junto a Jaime Abello, director de la FNPI, y María Teresa Ronderos y Martín Caparrós en mayo 2016.
Equipo de El Faro junto a Jaime Abello, director de la FNPI, y María Teresa Ronderos y Martín Caparrós en mayo 2016.

El Faro recibió esta semana el Premio a la Excelencia, uno de los máximos reconocimientos de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Es la primera vez que el ente premia al diario digital salvadoreño. “[Es un equipo periodístico] enclavado en uno de los países más violentos de Iberoamérica, pionero del periodismo digital y que ha desarrollado un estilo que ha abierto brechas innovadoras para el ejercicio del buen periodismo”, señala el fallo dado a conocer el jueves en Madrid.

La entrega de este año rompe con la tendencia que se había visto en las ediciones anteriores. Lo habitual es que el Premio a la Excelencia sea el reconocimiento a una trayectoria y el lindo epílogo a toda una carrera. Lo más frecuente es que lo reciba un periodista ajado por la vida y la nicotina. Un hombre con canas y arrugas o una mujer de gruesas gafas, consumida de revisar documentos y escuchar historias durante años sin alejarse de los más altos estándares éticos.

Lo extraño es que lo reciba un joven de 18 años que llega cada día a su redacción en el Antiguo Cuscatlán de San Salvador, con los zapatos manchados de barro, exclusivas bajo el brazo y los estándares intactos en un “entorno político y económico hostil”. Así lo señaló un jurado compuesto por periodistas como Sergio Ramírez, Carlos Fernando Chamorro, María Teresa Ronderos, Martín Caparrós y Jon Lee Anderson, entre otros.

Sin ir más lejos, la última exclusiva de El Faro se confirmó hace una semana cuando la Fiscalía General ordenó la detención de siete policías acusados de haber ejecutado a un grupo de pandilleros en una finca. Inicialmente, la versión oficial recogía la muerte de ocho personas tras un intercambio de disparos contra “miembros de una estructura criminal”. La investigación desmontó la versión oficial al aportar una cascada de testimonios, autopsias y documentos oficiales.

El periódico había denunciado en varias ocasiones la existencia de grupos paramilitares que ejecutan sumarialmente cualquier cosa que huela a pandillas en el marco de la política de mano dura del actual Gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Un año después de la matanza, la Fiscalía ordenó la detención de los policías implicados.

Antes, fue una investigación sobre pandillas en la que reveló como el Ejecutivo de Mauricio Funes negoció una tregua para reducir los asesinatos en el catalogado como el país más violento del mundo. Y así sucesivamente.

Fundado en 1998 por un grupo de veinteañeros dirigidos por Carlos Dada, El Faro apostó por Internet en un país sin apenas computadoras. Y, durante todo este tiempo, ha vivido ignorado por la opinión pública local. Cuando se hizo imposible tapar el sol con un dedo, el medio digital empezó a ser respetado pero también insultado por la clase política, amenazado por el crimen organizado y asfixiado por la clase empresarial. Para las marcas publicitarias es incómodo que lo vinculen con un periódico que no ha dudado en sacudir a la derecha de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y a la izquierda del FMLN que han gobernado el país.

El premio, dotado con 10.000 dólares, reconoce “la valentía de los periodistas de El Faro”, que ejercen su labor en condiciones muy adversas “para investigar y divulgar historias” de gran impacto en el debate público.

A pesar del apellido digital, desde su fundación, el medio salvadoreño contraviene todas las normas y manuales sobre cómo triunfar en Internet al apostar por las historias largas, a fondo, con investigación y buena pluma. Un puñetazo al periodismo fast food y a términos como “viral”, “clicks” o “tendencia”. Tanta anormalidad junta es lo que ha valorado la FNPI, fundada por Gabriel García Márquez.