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LIBROS

Víctima de la paranoia

Wendy Guerra ha escrito con 'Domingo de revolución' una novela política sobre la no política en Cuba

J. Ernesto Ayala-Dip

La escritora cubana Wendy Guerra ha escrito una novela yo diría que política. Estoy hablando de su nueva obra Domingo de Revolución. Pues eso, una novela política sobre la no política en Cuba. O sobre cómo las autoridades cubanas entienden que debe ser la política. Sobre todo la suya. Domingo de Revolución puede ser también una novela de generación, de una generación como la de la escritora, decepcionada, agotada, pero con una luz de esperanza muy débil, eso sí, al final de un túnel que parece interminable.

Sobre los efectos nocivos de la revolución cubana, no hace falta tener acceso a los informes de la CIA. Solo con leer algunas de las novelas de Reynaldo Arenas, ya tendríamos bastante información para hacernos una idea de la cuestión. He leído otras novelas de Wendy Guerra (Todos se van, por ejemplo), pero tengo la sensación de que ninguna como la que reseño hoy es tan lapidaria y meridiana en su diagnóstico político, moral y humano. Doy por cierto todo lo que nos cuenta la narradora de esta historia de terror social y político.

Cleo, la narradora, es una poetisa que tiene grandes dificultades para sobrevivir en la isla. Pero también las tiene cuando se reúne con los cubanos en el exilio. Es víctima de ambas paranoias. Cleo, como muchos cubanos, sufre un proceso de extrañamiento, un ser y un sentirse extranjero en su propio país. Tiene que esconder sus poemas, no sea que alguien chivatee su existencia. La poesía en Cuba es un género peligroso. Hay una figura que inventó la revolución, que si no fuera tan temible daría para una parodia digna de Mijaíl Bulgákov (el autor de El maestro y Margarita) o George Orwell. Se trata del “seguroso de la familia”, un tipo con rango funcionarial que se incrusta en aquellos sujetos sospechosos de urdir planes contrarrevolucionarios. Cleo tiene uno en su casa, el tipo aparece cuando huele algún delito en ciernes contra el Estado. Es como una especie de amigo profesional que hace de intermediario entre el sospechoso y las autoridades policiales. Cleo es siempre una sospechosa, dada su insistencia en escribir poesía. Un día nuestra atribulada narradora recibe la visita inesperada de un actor de cine que viene de Norteamérica. Le ofrece participar en una película sobre su propia vida, la vida de Cleo. Y aquí la novela se abre a un drama familiar, recóndito e insospechado, en el que la revolución ha desempeñado un papel decisivo.

Domingo de Revolución es, además de todo lo que dije, una novela de amor imposible. El que se establece entre la protagonista y su país. Y también, bajo la logradísima apariencia de una novela autobiográfica, un poema sobre una casa desolada en La Habana y los sueños traicionados.

Domingo de Revolución. Wendy Guerra. Anagrama. Barcelona, 2016. 232 páginas. 16,90 euros

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