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“Vivimos una época de ansiedad irracional”

El ensayista sostiene que los humanos tienen una imaginación superdotada y que esa cualidad explica el cambio histórico

Felipe Fernández-Armesto.
Felipe Fernández-Armesto.

Nunca hasta ahora la humanidad había experimentado tan de cerca el cambio, ni tan rápidamente. Las transformaciones se suceden, ya no de una generación a otra, sino de una década a otra. Los ancianos, cuyas vidas se han ido prolongando hasta registros históricos, ven cómo su mundo, de repente, es irreconocible. El historiador Felipe Fernández-Armesto (Londres, 1950), que ha desarrollado gran parte de su carrera docente en Oxford y ahora es profesor en la Universidad de Notre Dame (EE UU), indaga en las razones de ese frenético cambio, sus causas y sus consecuencias en su último libro, Un pie en el río. Sobre el cambio y los límites de la evolución (Turner), sobre el que charló en Madrid, en la Fundación Rafael del Pino, horas antes de esta entrevista. Para entender al ser humano, dice, "hay que compararlo con otros animales".

Pregunta. ¿De qué forma esta vida cambiante, cada vez más acelerada, despierta temores?

Coordenadas

Un libro. 'El loto azul', de Hergé. Una increíble aventura de Tintín.

Una voz. Mi perro, Beau, un Teckel. Pienso en él cuando busco un modelo de conducta, porque ese perro es el ser más honrado que conozco.

Una certeza: La inteligencia es una cualidad muy relativa.

Respuesta. Cambiamos a un ritmo sin precedentes en la historia del mundo. Eso inquieta a la gente, que siente que puede perder el hilo de su identidad, de sus tradiciones, de su cultura… Para algunos, la llegada de inmigrantes supone una amenaza. Esta es una época de ansiedad irracional. Deberíamos ajustarnos mentalmente a la nueva situación.

P. ¿Cómo?

R. Tenemos que intentar comprender el cambio y las causas de su aceleración, debida principalmente a los intercambios culturales que conlleva la globalización. Una vez que nos hayamos dado cuenta de eso, puede que nos tranquilicemos. Cuando entendemos algo, no nos da tanto miedo. La gente se queda más tranquila. Por ejemplo, no hay quien entienda el fenómeno Trump. Resulta sorprendente que tenga tanto apoyo. Me horroriza la idea de que haya gente que vota a partidos nacionalistas o a formaciones con ideas simplistas. Son personas que piensan que pueden salir de sus problemas echando la culpa a los demás.

P. Vivimos una época convulsa: crisis, desempleo, cambio climático, terrorismo… Es difícil no preocuparse.

R. Efectivamente, nos sentimos muy amenazados. Hay más milenarismo en el mundo actual que en el de la Edad Media. El temor a que se acabe todo es más difuso que nunca. Y, objetivamente…, lo más probable es el desastre.

P. El cambio se acelera, pero está presente en la vida de los humanos desde hace miles de años. En su libro se pregunta por qué los seres humanos tienen historia y los animales no.

R. Para entender al ser humano hay que compararlo con otros animales. Los animales tienen historia hasta cierto punto. Es una cuestión de grado, no de esencia. Pero nada comparado con la nuestra: tan intensa, tan variada, tan llena de sucesos. He llegado a la conclusión de que el motor del cambio es la imaginación, y esta juega un papel importante en la cultura. Los humanos imaginamos un mundo distinto del que vivimos y trabajamos para alcanzarlo. Planteo la tesis de que esa increíble imaginación humana procede de la unión de dos facultades evolucionadas. Una es la memoria, que es la capacidad de ver lo que ya no está. En el caso de la memoria humana, su magia es que es muy falaz. Distorsionamos los hechos que recordamos. Por eso la falsa memoria es creativa. El segundo ingrediente es la anticipación, una facultad que nos permite ver lo que aún no está. Mientras que la memoria humana es débil y falaz, nuestra facultad de anticipación es superdotada, está por encima de la de otros animales. Los cazadores tienen que anticipar la situación de la presa y sus movimientos. Esa combinación de memoria falsa y anticipación aguda da lugar a que seamos lo que llamo animales imaginativos.

“Cambiamos a un ritmo sin precedentes. Eso inquieta. Hay más milenarismo ahora que en la Edad Media”

P. Los grandes depredadores no han desarrollado esa anticipación y llevan miles de años cazando.

R. Porque no les hace falta. Los tigres y los leones están físicamente superdotados para la caza, mientras los seres humanos somos tipos débiles, lentos…

P. Algunos dirían que lo que diferencia a los humanos de los animales es la inteligencia y el lenguaje.

R. No siento eso. La doctrina tradicional que asegura que los seres humanos somos superiores está muy cuestionada. Tenemos que ajustarnos mentalmente a una nueva situación, más igualitaria, entre las especies. Creo que los humanos tenemos ciertas capacidades mejor adaptadas para la vida humana, pero si fuéramos a la selva nosotros seríamos los tontos. La inteligencia es una cualidad muy relativa. Los chimpancés dominan nuestro lenguaje con gran certeza, mientras nosotros parecemos sordomudos cuando intentamos comunicarnos con ellos con su propio lenguaje. Ni en términos de inteligencia ni de lenguaje está el caso tan claro. Hay animales culturales, en el sentido de que tienen conductas que no son instintivas, sino que se desarrollan por aprendizaje.

P. ¿La memoria humana falla más?

R. Depende de la definición de memoria. En el caso de algunos animales, sus memorias superan a las nuestras. Por ejemplo, el ser humano es capaz de acordarse de una serie de siete números. Mientras que los gorilas y los chimpancés recuerdan nueve. Además, dedican menos tiempo a memorizarlos y los recuerdan por periodos más largos. El motivo de eso es probablemente que, según el gran neurocientífico de Harvard Daniel Schacter, los seres humanos habitamos sociedades grandes y acordarnos de todo resultaría insoportable. Nosotros tenemos el vicio de pensar que todo lo nuestro es superior, y no es así.

P. Como historiador muy interesado en la ciencia, ¿qué opina de la relación entre ciencia y humanidades?

“Los humanos tenemos capacidades para la vida humana; si fuéramos a la selva nosotros seríamos los tontos”

R. Hasta hace bastante poco la norma académica fue la ciencia. Las humanidades intentaban calificarse científicamente: uno hablaba de ciencia histórica, ciencia literaria… Hoy vemos cierta convergencia conceptual entre las distintas disciplinas. Las humanidades se están aproximando a las ciencias y viceversa.

P. Con tanto cambio, la historia cada vez parece algo menos del pasado. ¿Qué estudian los historiadores: el pasado, el presente, el futuro?

R. No hay diferencia: el presente es el pasado que acaba de cumplirse, y el futuro es el pasado que queda por cumplir.

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