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Insulsa tarde de Morante en el adiós de Zotoluco en Aguascalientes

Miguel Abellán salió a hombros en Riobamba y Francisco Rivera Ordóñez pasó desapercibido

El maestro mexicano Eulalio López Zotoluco dio una lección de lo que es el toreo clásico, con buen gusto y templanza, y cortó una oreja en su emotiva despedida en la Plaza Monumental de esta feria de San Marcos en Aguascalientes, en tanto que Morante de la Puebla se llevó otro trofeo en un novillo de regalo, y Diego Silveti se fue en vacío.

Con una entrada de dos tercios del aforo, se lidiaron siete toros de Teófilo Gómez, que fueron fáciles, aunque algunos carentes de trasmisión. Unos se dejaron más que otros, pero sólo Zotoluco los entendió, les dio su distancia y su sitio.

Zotoluco, con el primero, lo dejó a su aire y con maestría lo metió a la muleta, realizándole la faena de la tarde, que reunió una serie de virtudes que son pocas veces entendidas por los aficionados. Mató de un pinchazo y estocada baja. Con el cuarto, con menos clase y ritmo, repitió la dosis con otra labor de torero. Una labor salpicada de toreo bueno. Concluyó de pinchazo y estocada, cortó una oreja y dio la vuelta al ruedo entre el cariño de la gente, que se entregó a esa entendida labor.

Morante, con el segundo que tenía poca fuerza, anduvo sin entrega, mató mal, y su labor fue silenciada. Con el quinto, que no era toro para su estilo, terminó por aburrir. Mal con la espada, para aviso y abucheos. Regaló un séptimo, un novillote, al que le hizo una larga faena, nada limpia y con momentos de esos que tiene este torero que a la gente le agrada y le aplaude todo. Pinchazo y estocada para una oreja, solicitada con más cariño que merecimientos, y vuelta al ruedo.

Silveti, recibió al tercero en los medios de rodillas y sufrió un fuerte golpe en el tobillo derecho. Siguió en el ruedo y entre altas y bajas, mató regular y silencio. Con el sexto, tuvo momentos que se le festejaron sin mucha fuerza y mató de dos intentos para recibir palmitas.

Miguel Abellán, a hombros en Riobamba

El diestro madrileño Miguel Abellán salió a hombros por la puerta grande de la plaza de la ciudad andina de Riobamba, en Ecuador, en la tercera tarde de la feria Señor del Buen Suceso.

Abellán alternó en una corrida goyesca con su compatriota Francisco Rivera Ordóñez y los ecuatorianos Diego Gaibor El Carmelo y el rejoneador Sebastián Peñaherrera.

En la plaza Raúl Dávalos, de Riobamba, que tuvo solo un cuarto de entrada, se lidiaron toros de las dehesas de Triana, El Pinar, Campo Bravo y Ortuño, con mejor juego y bravura que los lidiados la segunda tarde de feria.

Rivera Ordóñez no pudo lucirse con el primero de su lote, un toro manso de El Pinar con 450 kilos. Falló en el estoque, y fue aplaudido. En su segundo, un burel de Triana de 444 kilos, hizo una faena mejor con el capote, con varias verónicas con la rodilla en tierra y de pie. Destacó con la muleta con varios naturales, y luego no pudo completar su labor cuando el toro empezó a recortar el viaje. Aplausos al torero, que saludó desde el tercio, y pitos al toro.

Abellán se mostró entregado con su lote. Al primero, un colorado de El Pinar de 446 kilos, lo recibió con una larga cambiada y varias verónicas. En la muleta decidió torearlo con pases por la espalda, varios muletazos a media altura y una serie de naturales que demostraron elegancia. Oreja.

A su segundo toro, un corniabierto de 464 kilos de Triana, no logró torearlo con el capote, pero en la muleta ejerció su dominio y muy empleado durante toda su faena con varias tandas de naturales y pases por derecha. Descabello, oreja.

El torero riobambeño El Carmelo se puso al frente de un toro manso de Triana de 422 kilos, que rehuyó al picador y fue condenado a banderillas negras. No logró hacer una faena con el capote, pero el astado acudió con ritmo al trapo. Tras una estocada desprendida fue aplaudido.

Su segundo, de Campo Bravo, fue el mejor de toda la corrida por su bravura y formas, pero no logró sacarle provecho. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo y la bor del torero fuer silenciada.

El rejoneador Sebastián Peñaherrera lidió un novillo de Ortuño, un burel bravo y bien presentado, al que le cortó una oreja.

Abellán, Enrique Ponce, Alberto López Simón y Rivera Ordóñez donaron sus muletas y otros complementos para que fueran rifados, a fin de apoyar a los damnificados por el terremoto que asoló hace unos días otra zona del país.