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Celia cuenta la verdad de la guerra

La popular niña creada por Elena Fortún relató la crueldad de la contienda civil española sin atender a ideologías. La estremecedora novela se reedita ahora, 30 años después

Puesto de reparto de juguetes para los niños en el Madrid republicano el día de Reyes de 1937.
Puesto de reparto de juguetes para los niños en el Madrid republicano el día de Reyes de 1937. EFE

Elena Fortún aguantó toda la guerra civil en España. Vivió en directo el hambre atroz, las bombas, el odio, también la solidaridad y los crímenes de un bando y del otro. Republicana de corazón y anticlerical, la escritora tejió en la calle un testimonio estremecedor sobre la lucha por la vida en la retaguardia de la contienda, sin atender a ideologías ni victimismos. Celia en la revolución, el eslabón perdido de la saga de las historias de Celia, un libro buscado y perseguido por lectores y coleccionistas de la serie, sale de nuevo a la calle editado por Renacimiento.

Con una narración sencilla y directa, poética y desgarradora, la novela, escrita recién acabada la guerra, es un relato autobiográfico de Elena Fortún (Madrid, 1886-1952), una mujer poco convencional que nunca militó en ningún partido político pero que tuvo profundas convicciones republicanas. Se exilió luego a Buenos Aires. El libro se presenta en Madrid el próximo día 22 con la presencia de la alcaldesa Manuela Carmena.

Celia cuenta la verdad de la guerra

“Es, sin duda, la novela que le hubiera gustado escribir a Baroja”, asegura Andrés Trapiello, autor del prólogo. El entusiasmo de Trapiello por la reedición de la obra, que publicó por primera vez Aguilar en 1987, es enorme. El libro desapareció muy pronto del mercado y solo se podía encontrar en algunas librerías de viejo a precios astronómicos. “Es una novela autobiográfica que no se decanta ni por el fascismo ni por el comunismo, sino que da voz a todos aquellos que no querían adscribirse a ninguno de estos dos bandos. Es la gran crónica del miedo y el hambre, de los desgarros, las muertes y las separaciones. Es el testimonio de una persona dispuesta a reconocer y asumir responsabilidades políticas, penales y morales. El único compromiso de Celia y Elena Fortún fue la verdad de lo que habían vivido, independientemente de la ideología. Ahí están todas las cosas de las que nadie quería hablar, incluidos sus propios crímenes. Es la crónica que cuenta los hechos y las verdades tal y como fueron, alejados de la propaganda de uno y otro bando A la chita callando, Fortún escribió una de las grandes novelas de la guerra civil”, asegura Trapiello. El escritor incluye este testimonio vital dentro del corpus de lo que él llama la tercera España, aquella de la que dieron cuenta gente como Azaña, Juan Ramón Jiménez, Clara Campoamor, Chaves Nogales o el diplomático chileno Morla Lynch. Relatos de esa tercera España por parte de unos autores que proclamaron no la equidistancia, sino la ecuanimidad y que permanecieron sepultados e inéditos durante años por el ambiente tan poco favorable a escuchar y recibir la verdad más absoluta.

La revolución que se vivió en Madrid conforma la primera parte de esta novela-crónica para luego pasar a las ciudades de Valencia, Albacete o Barcelona. “¡Esto es la revolución! Yo me había figurado las revoluciones con muchedumbres aullando por las calles…. Aquí hay silencio, polvo, suciedad, calor y hombres que ocupan el tranvía con fusiles al hombro”, cuenta en julio de 1936 Celia, esa niña de quince años que se hizo cargo de sus dos hermanas pequeñas tras la muerte de su madre y que convive con un padre republicano y un primo miembro de Falange. “A mí, unas veces me parece que tiene razón papá y otras creo que es Gerardo", asegura sincera. Las checas, las barbaridades de los fusilamientos al anochecer, los crueles bombardeos, las huidas de familias enteras, los gritos y las carreras desatinadas por debajo de los balcones... Todo sale a relucir en este desgarrador relato, en el que también hay sitio para la felicidad y la poesía, el olor a tomillo, el radiante sol de otoño o el sabor de una tortilla francesa calentita.

Celia, en una ilustración original de Molina Gallent de los años treinta.
Celia, en una ilustración original de Molina Gallent de los años treinta. EL PAÍS

El manuscrito de Celia en la revolución, escrito a lápiz, en cuartillas ya oscurecidas por el tiempo y con una escritura muy borrosa, fue encontrado por Marisol Dorao, doctora en Filología Moderna en la Universidad de Cádiz, en los años ochenta. Estaba en manos, recuerda hoy María Jesús Fraga, también doctora y estudiosa pertinaz de la obra de Elena Fortún, del único miembro superviviente de la familia de la autora, su nuera, una viejita despierta y locuaz que vivía en Estados Unidos y que entregó a Dorao un bolsón lleno de papeles. Ahí estaba la obra perdida, la que faltaba en la serie de Celia, la que une de manera definitiva el libro Celia, madrecita y Celia, institutriz. Algo faltaba en la saga y era Celia en la revolución. Sin él no hubieran tenido sentido las últimas palabras de Celia, madrecita: “¿Qué día es mañana? Dieciocho de julio… Ojalá vuelvas pronto, dijo el abuelo. Y el corazón se me apretó sin saber porqué”. Para María Jesús Fraga, la reedición de la obra supone un feliz encuentro con esta periodista y escritora injustamente poco reconocida: “De prosa sencilla y directa, con novelas dialogadas y muy divertidas, que se dirige al lector interpelándolo, Elena Fortún es una de las grandes de la literatura española”.

Mujer desdichada

Todos dicen que Elena Fortún- su nombre real, Encarnación Aragoneses, lo cambió y tomó el seudónimo de una de las obras de teatro de su marido, un militar mucho mayor que ella - fue una mujer desdichada. Su biógrafa, Marisol Dorao, habla de su condición de lesbiana como una de las causas de la infelicidad en su matrimonio que, sin embargo, nunca rompió. De sus dos hijos, uno murió con diez años y el segundo se suicidó en Estados Unidos, país en el que se exilió tras la guerra. Años antes, el marido de la escritora también había decidido quitarse la vida en Buenos Aires, donde se había instalado la pareja. Al final de su vida (muere en Madrid en 1952) abrazó la religión católica. Aún conocida por los libros de Celia, que empezó a escribir por capítulos en un suplemento infantil de un periódico de la época, Elena Fortún fue una prolífica autora de todo tipo de ensayos, reportajes y novelas, muchos de ellos hoy todavía desconocidos e incluso alguno inédito. Abelardo Linares lleva años buscando y revisando la obra de esta escritora dentro de la Biblioteca Elena Fortún, dirigida por María Jesús Fabra y Nuria Capdevila-Argüelles . En breve se publicarán dos nuevos libros: la novela inédita Oculto sendero, un valiente testimonio autobiográfico en torno al lesbianismo y el descubrimiento de su orientación sexual y una recopilación de reportajes, publicados en un periódico en los años treinta, con entrevistas reales a niños trabajadores, bajo el título Un amigo en cada sitio.