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CRÍTICA | PRIMAVERA EN NORMANDÍA

Espiando a Madame Bovary

Nace de la mirada mitómana de su protagonista, que cree ver en su nueva vecina la reencarnación del personaje flaubertiano

Gemma Arterton y Fabrice Luchini, en 'Primavera en Normandía'.
Gemma Arterton y Fabrice Luchini, en 'Primavera en Normandía'.

No es sencillo definir el arte de Possy Simmonds, desplegado en trabajos que, en realidad, adoptan una forma híbrida no fácilmente homologable con lo que se ha dado en llamar novela gráfica: entre el libro ilustrado y la historieta intermitente, sus obras proponen implacables comedias de costumbres, donde el texto torrencial reivindica la organicidad del complejo mundo retratado y los dibujos y las sucesiones de viñetas introducen valiosos matices de interpretación y caracterización psicológica. Stephen Frears fue el primero en reconocer en la obra de Possy Simmonds un valioso potencial para la adaptación cinematográfica en la notable, aunque insuficiente, Tamara Drewe (2010). A Anne Fontaine debió de gustarle tanto la película de Frears como para no solo emular el impulso del británico, sino también copiarle una llamativa opción de reparto que se convierte en el único paso en falso de su adaptación: Primavera en Normandía adapta Gemma Bovery de Simmonds, publicada por entregas en las páginas de The Guardian antes de aparecer en forma de libro en 1999, y sí, como Tamara Drewe, es otra película protagonizada por la imponente Gemma Arterton.

PRIMAVERA EN NORMANDÍA

Dirección: Anne Fontaine.

Intérpretes: Fabrice Luchini, Gemma Arterton, Niels Schneider, Jason Flemyng.

Género: comedia. Francia, 2014

Duración: 99 minutos.

Primavera en Normandía parte de la mirada mitómana de su protagonista masculino, Martin Joubert, intelectual reciclado en panadero que cree ver en su nueva vecina una suerte de reencarnación del personaje flaubertiano y teme que se reitere el destino trágico de la adúltera Emma. El personaje le sienta como una segunda piel a Fabrice Luchini, que aporta un sustrato de claro patetismo a su ensoñación romántica de mediana edad. El problema está en la carnalidad de Arterton, que no ofrece la más adecuada encarnación de esa Gemma que, en las páginas de Simmonds, pasa de mujer con sobrepeso a cisne infiel y atormentado. Con todo, Fontaine no estaba tan fina desde su ya lejana Limpieza en seco (1997).