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El hombre que voló sobre las Torres Gemelas

Philippe Petit presenta en Madrid ‘El desafío’, la película de Robert Zemeckis sobre su mítico paseo

Philippe Petit, en la azotea de Torre Picasso, en Madrid.
Philippe Petit, en la azotea de Torre Picasso, en Madrid.

Amanece en Nueva York. El francés Philippe Petit y su equipo —en realidad, su novia, un par de amigos de su país y otros extraños enrolados en aquella delirante e ilegal aventura— han estado toda la noche tendiendo el cable por el que Petit va a cruzar de la azotea de una Torre Gemela, la sur, a la otra. La bruma no deja que los transeúntes atisben que encima de aquellos dos edificios aún sin inaugurar Petit va a realizar un “acto de rebeldía poética”.

El funambulista, a las 7.15 de la mañana, pone el pie en el cable de acero a más de 400 metros de altura. Camina sobre el vacío en el vacío: no sabe si se caerá porque no ha podido pasar al otro edificio para chequear los anclajes. “En realidad solo sentía impaciencia... por dar el segundo paso”. Cuando empieza su primer paseo —Petit los llama en su español macarrónico “cruzadas”, de cruzar—, las nubes se abren. Por fin el público disfruta de 45 minutos mágicos durante los que el francés, que pasa ocho veces de una torre a otra, se pone de rodillas e incluso se tumba en el cable, culminando seis años de planificación y sueños.

Philippe Petit, en su famoso paseo entre las dos Torres Gemelas la mañana del 7 de agosto de 1974. ampliar foto
Philippe Petit, en su famoso paseo entre las dos Torres Gemelas la mañana del 7 de agosto de 1974. ap

Aquella aventura ya la analizó el documental Man on Wire (2008), de James Marsh, justísimo ganador del Oscar. “Cuando veo tres naranjas, hago malabares. Cuando veo dos torres, las cruzo”, dijo Petit al acabar la hazaña. Cuatro décadas después sigue con la misma labia. “Ser humilde no es mi fuerte”. Visita Madrid para hablar de El desafío, la película que Robert Zemeckis ha realizado sobre su hazaña, en la que Joseph Gordon-Levitt le encarna y que se estrena el 25 de diciembre. Sentado en la azotea de Torre Picasso suelta: “Me gusta que esté rodada en 3D porque así el espectador camina conmigo”. A partir de ahí, solo críticas: “Lo de que me sangrara el pie es una licencia de Hollywood. Sí, hablé con la gaviota que me sobrevoló pero yo no la sentí como una amenaza. Y titularla El desafío... ¡Mi vida no está llena de desafíos! Me gusta más el título de mi libro sobre aquella experiencia, el décimo que publico: Alcanzar las nubes”.

¿Un loco iluminado o un artista inspirador? “Mi acción fue poética. Cada vez que bajo del cable [a sus 66 años el francés aún hace equilibrios] me invade la sensación de tristeza porque abandono la felicidad del cielo”. Para Petit, sus paseos son como perfomances. “Exploro otro mundo, me convierto en medio pájaro, medio hombre”. La sociedad actual está matando sus sueños. “Me gustaría cruzar por encima de la Plaza de las Ventas o de una Torre KIO a otra. Pero hoy nadie da permisos. Hace 40 años vivíamos otro mundo, más humano, más cercano a la poesía, más apasionado por la humanidad”. ¿Su arte nos es también muy ególatra? “Cierto, es un espectáculo que quien más disfruta es el que lo realiza. Lo importante es empujar a que el público transgreda, a que convierta los noes en síes”.

El francés no quiere hablar del 11-S, “por respeto a los fallecidos”. ¿Cuando descubrió que para siempre será el hombre que cruzó las Torres? “¡¡Nunca!! No me interesan los reconocimientos. Y me quedan muchas cosas por hacer”.