Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
crítica | the diary of a teenage girl

Impudicia y libertad

El espíritu (contracultural) de la época se atrapa en una velada gama cromática, filtrada por la subjetividad de una protagonista

Kristen Wiig, Bel Powley y Alexander Skarsgård, en el filme.
Kristen Wiig, Bel Powley y Alexander Skarsgård, en el filme.

En 1972, la revista underground Wimmen’s Comix se convirtió en la airada trinchera feminista que desafiaba los discursos dominantes de la escena contracultural de San Francisco, territorio que, pese a repudiar las herencias de la tradición, seguía siendo un club fundamentalmente masculino. Una de las autoras más destacadas en la formación original de la revista se marchó de la plantilla por su conflictiva relación con la ortodoxia feminista del resto de miembros: era Aline Kominsky, que no tardaría en crear su propia publicación alternativa –Twisted Sisters, junto a la también tránsfuga Diane Noomin- y en convertirse en la compañera sentimental de Robert Crumb. Junto al creador del gato Fritz, Kominsky desarrollaría a fondo su habilidad para la impudicia confesional a través de una serie de historietas autobiográficas, en solitario o en colaboración con Crumb, que diluían todas las fronteras entre lo público y lo privado.

THE DIARY OF A TEENAGE GIRL

Dirección: Marielle Heller.

Intérpretes: Bel Powley, Alexander Skarsgård, Kristen Wiig, Miranda Bailey, Abby Wait, Madeleine Waters, John Parsons, Carson Mell, Austin Lyon.

Género: comedia. Estados Unidos, 2015.

Duración: 102 minutos.

No es de extrañar que la figura de Kominsky acabase adquiriendo una aureola casi heroica a los ojos de sucesivas generaciones de historietistas americanas. Aunque su trazo esté más cerca del realismo sucio de un Spain Rodríguez –que, junto a Kim Deitch, fue uno de los primeros mentores y compañeros de viaje de Kominsky-, Phoebe Gloeckner se reconoce como una de las muchas hijas simbólicas de Twisted Sisters. Testigo directo de algunos momentos de efervescencia de la contracultura de San Francisco –pues su madre fue pareja ocasional de uno de los miembros de los Cheap Suit Serenaders, la banda de dibujantes músicos comandada por Crumb-, Gloeckner acabó vertiendo las memorias de su despertar sexual y su iniciación a la vida, el arte y la autogestión del deseo y la utopía personal en The Diary of a Teenage Girl, novela gráfica puntuada por momentos estrictamente literarios que la actriz Marielle Heller adapta en su opera prima como directora, tras haberla transformado previamente en celebrado monólogo teatral. Hay, pues, toda una genealogía de la autoficción femenina desembocando en esta película valiente, rica y desbordante que, recogiendo el testigo de su fuente de inspiración, combina imagen real con imaginativas interferencias animadas que, en ocasiones, replican con mucho conocimiento de causa tanto el trazo de la Kominsky como el de Phoebe Gloeckner. La película no es tan explícita como la historieta, pero su representación franca, directa y libre de todo corsé moralista de la sexualidad adolescente resulta tremendamente refrescante por lo inusual de su registro en el contexto del cine comercial.

En The Diary of a Teenage Girl, el espíritu (contracultural) de la época se atrapa en una velada gama cromática, filtrada en todo momento por la subjetividad de una protagonista que abre su discurso con un escueto, pero iluminador: “Hoy he follado ¡La hostia!”. Los claroscuros de una iniciación sexual en manos del novio de la madre –un personaje que Alexander Skarsgård sabe llevar de lo seductor a lo patético, sin olvidar una sostenida vulnerabilidad, ni caer en el cliché del depredador hipócrita- centran el cuerpo dramático de un relato con más aire libertario que vocación sensacionalista y que tiene su más aplastante acierto en la elección de su heroína: una Bel Powley que se ofrece como enmudecedora revelación, extrayendo un insólito poder de seducción de su porte desgarbado y transpirando sinceridad por cada poro. A su lado, Kristen Wiig demuestra ser una de esas actrices de comedia que no entienden los papeles dramáticos como mera rutina sin excedente de energía humorística, sino como delicada tarea de fondo orientada a hacer emerger complejidad aunque no ocupe el foco del relato. La directora Marielle Heller revela voluntad de estilo y profundo afecto por –y conocimiento del- material que maneja, pero, más que por la fortaleza de una autoría única, “The Diary of a Teenage Girl” es importante por su condición de encrucijada de voces, de punto de encuentro –y posible expansión- de una serie de discursos femeninos que han encontrado en la intimidad las mejores armas para la autoexpresión, la construcción de una identidad y el rechazo de valores impuestos.