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CRÍTICA | DEUDA DE HONOR

Oeste aún más salvaje

Abandona el alma fronteriza de 'Los tres entierros de Melquíades Estrada', para abrazar los inicios del modo de vida americano

Hilary Swank y Tommy Lee Jones, en 'Deuda de honor'.
Hilary Swank y Tommy Lee Jones, en 'Deuda de honor'.

Partiendo de los clásicos griegos, el western americano renovó la épica del viaje, ese trayecto transformador tanto en el hecho físico como sobre todo en el impacto moral. El héroe, o la heroína y el antihéroe, como aquí, están condenados a viajar, no siempre con una dirección fija, pocas veces con una meta determinada. Un rumbo que los clásicos del Oeste (Ford, Hawks, Boetticher) relataron con la lírica del descubrimiento, y que los apóstoles del crepúsculo (Peckinpah, Altman, Eastwood) renovaron con su agrio realismo. Una condición crepuscular que Tommy Lee Jones lleva en Deuda de honor hasta una nueva dimensión, salvaje e hiperrealista hasta lo insoportable, en la que sus criaturas ya no tienen cabida, en la que no hay ímpetus de conquista porque ya nada se puede conquistar, salvo la calma y la paz, y estas resultan improbables.

DEUDA DE HONOR

Dirección: Tommy Lee Jones.

Intérpretes: Tommy Lee Jones, Hilary Swank, Grace Gummer, Meryl Streep, Miranda Otto, Sonja Ritcher.

Género: western. EE UU, 2014.

Duración: 122 minutos.

Presentada con buena acogida en el Festival de Cannes de 2014, Deuda de honor abandona el territorio y el alma fronterizos de Los tres entierros de Melquíades Estrada, el debut en la dirección de Jones, para abrazar los inicios del modo de vida americano, las raíces del capitalismo y la religión, con un relato sobre la piedad, la decencia y el orgullo, aunque también sobre el deseo: el emocional, el sentimental, el sexual. Y presenta a una mujer fuera de su tiempo, independiente en tiempos imposibles para el feminismo, que ni siquiera sabe que es más fuerte que nadie y que puede vivir sola.

La película mezcla en su narrativa el clasicismo (encadenados de imágenes y fundidos a negro con los que el relato fluye) y la modernidad (flashbacks que entran a capón, por corte), y no se ahorra nada, con una brutales imágenes que, en su carácter descarnado, contrastan con la imponencia de los paisajes. Deuda de honor, magnífica, bella y terrible, con unos espectaculares Jones y Hilary Swank, va más allá del crepúsculo, hasta un lugar habitado por la locura, la enfermedad y la muerte, en el que ya no hay sitio para la épica del honorable duelo cara a cara; sólo para el navajazo trapero, el bocado a traición y el disparo en el pie.

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