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Gutiérrez Aragón, un escritor que hace cine

Aunque anunció que se retiraba, el director tiene nuevo proyecto, ‘Marisol’

Manuel Gutiérrez Aragón
El director Manuel Gutiérrez Aragón, en una imagen tomada en Madrid el pasado mes de febrero.

Tras haber realizado 17 largometrajes, varios documentales y de haber escrito numerosos guiones, este director de 73 años anunció hace siete que se retiraba del cine porque, según dijo, “más vale que seas tú quien ponga el punto final a que te lo pongan los demás”, aunque matizó que “no se trata de un juramento que hago ante la Biblia; si luego me arrepiento, pues me arrepentí”. Y tras haber publicado con éxito tres novelas —“siempre quise ser escritor, mis primeros trabajos en el cine fueron de guionista que en definitiva es literatura—, prepara ahora su esperado regreso: “Dejé de dirigir películas pero no dejé el cine. Del cine no te retiras nunca…”. Dice echar de menos a los actores “porque con ellos se hace el trabajo más creativo”, hasta el punto de haberles dedicado su último libro, A los actores.

Con José Luis García Sánchez ha escrito un guion titulado Marisol “que parece una obra de teatro pero que puede ser una película para la tele o para el cine, muy barata de concepción pero con la intención de rodarla como si fuéramos ricos, como hacíamos antes, es decir, no de gran producción ni en cooperativa, sino las de tipo medio como las de Antonioni o Carlos Saura, que son las que han hecho que el cine sea cine”. Marisol cuenta las consecuencias que tiene en un matrimonio “la desaparición voluntaria o no voluntaria de una hija adoptada, que es negra. Nos lo pasamos bien escribiéndola pero eso no quiere decir que se vaya a hacer”.

Ahora es muy problemático hacer películas; son terribles los filtros

Porque “ahora es muy problemático hacer películas, son terribles los filtros que se deben pasar, no sólo los de productores sino los de la tele. Opina demasiada gente y quieren controlarlo todo desde el guion, desvirtuando el proyecto. Nosotros no rodábamos el guion, sino que rodábamos la película, que es como una planta que va creciendo. Por eso reivindico como muy importante la figura del productor. Yo debo mi carrera al entendimiento con el productor. Eso no quiere decir que hagas lo que él quiera pero su figura es fundamental”.

En ese entendimiento con los productores —Luis Megino, básicamente— Manuel Gutiérrez Aragón rodó películas con las que obtuvo numerosos premios internacionales —Camada negra, Maravillas, Demonios en el jardín, La mitad del cielo, El caballero don Quijote…—, obtuvo el premio Nacional de Cinematografía en 2005 y la medalla de Oro de la Academia de Cine, así como la de Bellas Artes… El escritor Manuel Vázquez Montalbán le definió como “el cineasta de la Transición”, lo que a él le gusta: “La Transición empezó mucho antes de la muerte de Franco. Fue un periodo de mucho dolor y de muchas muertes... El cine ayudó a ansiar una realidad más libre, tuvo mayor influencia que el periodismo o la literatura. Por eso estaba tan controlado.

En la Transición, el cine tuvo mayor influencia que el periodismo

Las películas que se hacían hablaban de lo que estaba pasando, las de Eloy de la Iglesia sin ir mas lejos… El cine tenía y tiene una importancia que está por encima de los que la hacemos. Recuerda que en época de Aznar se nos llamaba titiriteros, algo que jamás se ha dicho de los escritores, porque el cine tiene una carga simbólica especial”. ¿Y ahora? “Ahora abundan las películas vistas por otras películas. Hay jóvenes que no miran con sus propios ojos sino que lo hacen a través de otras películas, ven la vida a través del cine… Y las series se ruedan con varias cámaras, sin definir el punto de vista. Muchos creen que el montaje todo lo arregla pero eso sólo vale para la publicidad. Hasta Godard pone la cámara donde hay que ponerla, porque tienes que tener un punto de vista a partir del cual ver toda la película”.

Entre otros cargos, Gutiérrez Aragón fue presidente de la SGAE desde 1993 a 2001, pasando luego a dirigir la Fundación Autor y más tarde el Instituto Buñuel, sin abandonar el cine ni el teatro, en el que ha hecho incursiones esporádicas. No deja de impresionar tan variada actividad. “En la Transición nos hicimos responsables de la transformación de la sociedad, y de ello vino una obligación de dedicar una parte de tu vida a conseguirlo… Te sientes responsable de lo que te has comprometido pero son etapas muy duras que no se repiten, yo no volvería a vivirlas a pesar de que me han hecho propuestas que jamás diré ni a mis más allegados…”.

Lo comenta con sonrisa pícara porque a Gutiérrez Aragón nunca le falta el humor, ni cierto afán de misterio. Por ejemplo, sobre los toros, a los que es aficionado, se limita a comentar: “Voy a los toros pero no soy un defensor ideológico. A través de los toros no defiendo la españolidad…”. Y en cuanto al discurso de ingreso en la RAE que está preparando no puede decir de qué trata. “Se lo tomarían a mal, es un secreto, pero el título es revelador, En busca de la figura fílmica”. Sucede en el sillón de la Academia a José Luis Boráu con quien trabajó estrechamente en diversos proyectos pero con quien “discutía de todo, no veíamos igual casi nada, ni siquiera el guion de Furtivos, que logró un grandísimo éxito, entre otras cosas por la censura. Una película prohibida despertaba el apetito del público. Así eran las cosas”. Y Furtivos sigue estando viva, como tantos otros guiones del autor.