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‘Paula’, sorpresa latinoamericana de San Sebastián

La película argentina es la única ópera prima del continente que se estrena en Zinemaldia

Sentado en una banqueta y rodeado de libros de una librería en Barcelona el realizador argentino Eugenio Canevari (Buenos Aires, 1985), que vive hace siete años en Barcelona, habla con EL PAÍS sobre el estreno internacional de este miércoles de su ópera prima en la sección de Nuevos Directores del Festival de Cine de San Sebastián.

Este largometraje, al igual que Gorila Baila, su anterior y único trabajo, trata sobre una historia de opresión femenina. De esta manera, en Paula, Canevari relata la vida de una joven interpretada por Denise Labbate que vive y trabaja en una estancia en Pergamino, una ciudad de la provincia de Buenos Aires. Su vida toma un giro inesperado al descubrir que está embarazada de un exnovio. Paula siente y sabe que no puede tener a su hijo y por eso decide esconder su embarazo y buscar el aborto como solución. La actitud de supervivencia y la falta de recursos la llevan por un camino por el que sufre un constante rechazo de la gente que la rodea.

Este largometraje, al igual que Gorila Baila, su anterior y único trabajo, trata sobre una historia de opresión femenina

Este director explica que cuando volvió a Buenos Aires para rodar Paula encontró allí una energía muy fresca y gente con muchas ganas de hacer las cosas. Con un borrador de guion de tan solo diez páginas, este joven director logró armar un equipo técnico y formar un elenco integrado por familiares y actores aficionados. “Yo no podía creer que la gente tuviera ese nivel de compromiso con un colgado que, después de años, llegaba de España con una sinopsis para hacer un largo”, comenta.

Esta película, el único estreno internacional de un director latinoamericano en esta edición del festival, relata una historia cargada de dramatismo y en la que el principal logro del guion ha sido el uso de los silencios, la naturalidad y espontaneidad de los diálogos como a su vez la utilización constante del sonido diegético para darle al relato un ritmo narrativo propio del mundo rural argentino. “Toda la construcción tanto visual como sonora responde a una realidad que estaba ahí [el campo], y por eso no me costó mucho el trabajo del sonido al igual que en el caso de los silencios. La necesidad de retratar los silencios en la familia, es decir, sobre cuestiones de las que en ese entorno se prefiere callar, parte más de una experiencia personal”, analiza Canevari.

Esta película, el único debut internacional de un director latinoamericano en esta edición del festival

Gorila Baila fue seleccionado hace dos años para ser proyectado en el Encuentro de Estudiantes de Cine de Zinemaldia. “Lo que más sorprendió del corto fue su estructura narrativa que combinó el falso documental y la ficción para contar una historia”, recuerda Canevari. La trama de ese falso documental arroja una compleja reflexión sobre el significado de la figura del desaparecido, encarnado en una mujer, durante la última dictadura militar argentina.

A diferencia de Paula, Gorila Baila fue rodada en Barcelona, una labor que el propio realizador considera desafiante. “Yo no sé si pudiera haber hecho mi ópera prima en Barcelona, pero mi próxima película transcurrirá y se rodará en esta ciudad, y tratará sobre una pareja de mujeres”, cuenta este porteño [nacido en Buenos Aires] que considera que producir una película en Europa presupone enfrentarse a trabas burocráticas y presupuestarias que en Latinoamérica le han sido más fáciles evitar.

Canevari supo demostrar una habilidad especial en la que conjugó el comentario político y social con resortes de un cine narrativamente transparente

La asistencia de Canevari en aquel encuentro entre estudiantes le supuso un gran incentivo para planear su primer largometraje: “Fue a partir de ahí que comencé a valorar mi trabajo y pensar que quizás podía dedicarme a esta profesión”. Con él, Canevari supo demostrar una habilidad especial en la que conjugó el comentario político y social con resortes de un cine narrativamente transparente. Para ello, recurrió a elementos metafóricos y logró desarrollar un relato fundamentalmente conducido por el suspenso y el melodrama. "Para mi el cine tiene que tener capacidad de transformación", sostiene.

Lo que ahora queda por descubrir es la recepción del público. “Estoy feliz de estar otra vez en Donostia aunque voy con muy pocas expectativas. Lo que pase a partir de ahora es un regalo, tanto lo bueno como lo malo”, confiesa.

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