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“Yo ya solo confieso por dinero”

El cineasta reconoce que encuentra descacharrantes las caídas con mondas de plátano

Fernando Colomo.
Fernando Colomo.

Fernando Colomo (Madrid, 1946) iba para arquitecto y en esa Escuela Superior se licenció. Pero a la vez rodaba cortos desde su adolescencia, y pudo más la cámara que los planos. Debutó en el largo en 1977 con Tigres de papel; el resto es historia contemporánea del cine español. Desde Menorca, donde ha rodado su último trabajo, La isla bonita—que participará en el próximo festival de San Sebastián—, responde por teléfono al cuestionario.

Pregunta. ¿Confesaría aquí y ahora algo inconfesable?

Respuesta. No; yo ya solo lo haría por dinero.

P. ¿Qué espina lleva clavada?

R. Esa es difícil. Umm, ser más alto, probablemente.

P. ¿Qué es un oxímoron? Y no me diga que un medicamento...

R. Es una palabra preciosa: es una frase que es contradictoria en sí misma.

P. ¿A qué le suena catáfora?

R. A una prueba de cata con ánforas.

P. ¿Cómo es el viaje al centro de su alma?

Fernando Trueba y yo firmamos autógrafos

en nombre del otro”

R. Es un poco largo, y todavía estoy preparándome.

P. ¿Qué le hace reír hasta descoyuntarse?

R. Los clásicos, como las caídas con cáscara de plátano, pero siempre que sea para gente importante.

P. Confiese: algo imposible que le gustaría poseer ¡ya!

R. Son tantas cosas…

P. ¿La última vez que se salió del cine viendo una comedia?

R. Hace mucho que no me salgo de una sala. La última vez que lo hice no fue de una comedia, sino de una película de Godard.

P. No me acuesto sin…

R. …dar unas caladitas.

P. ¿Qué mensaje metería hoy en una botella?

R. El cambio climático ya ha empezado.

P. Como madrileño de pro, ¿el peor alcalde que ha tenido Madrid?

R. Está reñido eso. Dejémoslo en Álvarez del Manzano.

P. ¿La gente le confunde con Fernando Trueba?

R. Un montón, y ambos firmamos autógrafos en nombre del otro. Con el éxito de Ocho apellidos vascos también se creen que soy Emilio Martínez Lázaro. Debemos de ser un trío intercambiable.