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Circuito artístico de la capital argentina

El arte se abre hueco en un barrio judío de Buenos Aires

Galerías de obras contemporáneas y artistas se afincan en Villa Crespo y se renuevan

Nuevo espacio de la galería Ruth Benzacar, en el barrio de Villa Crespo, en Buenos Aires, el pasado miércoles.
Nuevo espacio de la galería Ruth Benzacar, en el barrio de Villa Crespo, en Buenos Aires, el pasado miércoles. Ricardo Ceppi

Villa Crespo fue, desde un principio, un barrio de Buenos Aires en el que los inmigrantes se instalaron en conventillos (corralas). Allí llegaron italianos, vascos, griegos y árabes, pero sobre todo judíos de Rusia, Ucrania o Polonia. En los últimos dos años han comenzado a migrar allí las galerías de arte que estaban desperdigadas por otros barrios y constituyen ahora un circuito del que antes carecía la capital argentina, en el que no solo se comercian pinturas y esculturas sino que se recrean espacios para el intercambio de diversas artes.

En Buenos Aires, hay dos barrios identificados con el colectivo judío: el de Once, con sus comercios textiles; y el de Villa Crespo, donde están los talleres. Allí están sus templos, escuelas y restaurantes, mezclados en los últimos años con locales de ofertas de buenas marcas de ropa. En un galpón donde antes funcionaba una fábrica de indumentaria, se instaló la galería Document Art, una de las pioneras del barrio.

“Nosotros abrimos acá en 2009 porque ya había atelliers (talleres de artistas). Además, está bien comunicado con el resto de la ciudad y cerca del barrio de Palermo, donde había galerías de arte decorativo; con alquileres más baratos que en el centro, y yo buscaba plantear proyectos amplios que necesitaban espacio”, comenta Ricardo Ocampo, fundador y director de Document Art.

En el último año cuatro galerías de arte se mudaron de distintos barrios a Villa Crespo

Ocampo quería crear un espacio que fuera algo más que cuadros sobre paredes blancas, “porque ya nadie entra a comprar”. Su intención era montar “una galería viva que no fuera solo para vender obras como zapatos, sino un espacio expositivo, con una biblioteca y un archivo de vanguardias latinoamericanas desde los años cuarenta, abiertos a los investigadores; una editorial; una residencia de artistas; y seis talleres de artistas que trabajan acá”.

En un comienzo Ocampo batió lo que él llama el “triste récord”: una muestra fue visitada por una sola persona. En junio pasado batió otra marca, pero positiva: 600 visitantes. El fundador de Document Art reconoce que se produjo un antes y un después en Villa Crespo con la llegada en noviembre pasado de la galería más grande de Argentina, Ruth Benzacar, que en 2015 cumple 50 años de vida.

Orly Benzacar y su hija, Mora Bacal, querían mudarse del sótano que ocupaba su galería en el centro de Buenos Aires desde hace tres décadas. “Nos pusimos de acuerdo entre varios colegas para encontrar un lugar donde pudiéramos estar juntos y cerca de otros espacios con los que nos interesa convivir”, explica Bacal, en cuya galería está organizándose por estos días un ciclo llamado Situaciones breves. Acciones, poesía y ritual, con los artistas Daniel Joglar, Carlos Herrera y Florencia Rodríguez Giles.

Las Benzacar comenzaron a buscar un galpón para alquilar en Villa Crespo a principios de 2014 junto con otra galerista, Nora Fisch —hasta entonces en el aristocrático Barrio Norte—, quien llegó al barrio aconsejada por uno de sus artistas que vive y trabaja allí, Amadeo Azar. “Varias galerías de arte contemporáneo nos veníamos reuniendo para fomentar la actividad, que estaba muy dispersa, y se hablaba de la necesidad de crear un circuito que se pudiera caminar”, cuenta Fisch, que se mudó poco después que Ruth Benzacar a este barrio de casas bajas.

Otras galerías las siguieron. Gachi Prieto y Pabellón 4 se mudaron desde Palermo. En Villa Crespo ya estaban Slyzmud y La Ira de Dios. Otros más planean sumarse.

“Nosotros abrimos hace cinco años una residencia a la que vienen cada tres meses 10 artistas, tenemos talleres permanentes de otros 10 y un espacio de exposición”, explica Pablo Caligaris, uno de los responsables de La Ira de Dios. “La alternativa de las galerías era mudarse a Villa Crespo o a La Boca, donde el gobierno (ayuntamiento) de Buenos Aires quiere crear un polo artístico, pero ofrece pocos incentivos. Acá está creándose un ambiente parecido al de Chelsea”, afirma Caligaris comparando Villa Crespo con el barrio neoyorquino.

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