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CRÍTICA | LAS CHICAS NO FUMAN IGUAL

Te quiero, pero no me invadas

La sala Cuarta Pared y Lucía Miranda orquestan un productivo teatro foro sobre violencia sentimental

Un grupo de actrices de la obra de teatro 'Las chicas no fuman igual'.
Un grupo de actrices de la obra de teatro 'Las chicas no fuman igual'.

Un teatro diferente, para nuevos tiempos. Habitual en la América de habla española y portuguesa, en Europa el teatro foro se desconoce y se hace rara vez porque desbarata el criterio (consolidado durante el romanticismo) de que el artista es el centro omnímodo del proceso creativo, pone al espectador y al intérprete en práctica igualdad de plano y hace del teatro una herramienta efectiva de cambio social: un peligro, en definitiva.

Las chicas no fuman igual

Dramaturgia y dirección: Lucía Miranda. Intérpretes: Eider Zaballa, Cristina Varona, Noelia Lezameta. Madrid. Sala Cuarta Pared, 25 de junio.

Lucía Miranda, joven especialista, ha orquestado un espectáculo taller de fin de carrera excepcional con los alumnos de Cuarta Pared: en lugar de forzarles a dar un doble mortal ­–en el tiempo y en su acervo–, montando al autor exógeno y fallecido de rigor, ha emprendido con ellos un viaje a su pasado escolar, para que construyan sus personajes desde la experiencia habida.

Las chicas no fuman igual muestra, en su primera parte, como cualquier joven puede verse envuelta, sin tiempo para apercibirse de ello, en una relación sentimental violenta de retorno difícil. En la segunda, la directora plantea al público la posibilidad de modificar en positivo el curso de los acontecimientos con sus observaciones, pero sobre todo interviniendo: cada espectador puede parar la acción donde quiera y sustituir improvisadamente a un intérprete, siempre que no se trate del que encarna a Charlie, maltratador cuya conducta se intenta neutralizar sin acudir a soluciones mágicas. Luego, lo sucedido se debate, antes de volver a pasar a la acción, que en la práctica, modificada por cuantos participan en ella, no suele desarrollarse como el espectador ahora metido en harina se imaginaba desde su butaca. Estupendos, los jóvenes Bárbara Nita, Noelia Lezameta, Javier Narbón, Cristina Varona y Eider Zaballa. Un foro en acción, pues, donde se produce una pluralidad de puntos de vista y se contrastan criterios.