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La osadía de Living Theatre

El escritor Carlos Granés investiga sobre ese grupo experimental de teatro creado en 1947

Aurora Intxausti
Representación de 'El paraíso' de Living Theatre.
Representación de 'El paraíso' de Living Theatre.Giagranco Mantegna

Carlos Granés Maya (Bogotá, 1975) se topó con la historia del grupo experimental Living Theatre cuando estaba escribiendo El puño invisible. Arte, revolución y un siglo de cambios culturales, Tercer Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco, y se dio cuenta de que el trabajo realizado por sus fundadores requería una investigación más profunda. Julian Beck y Judith Malina, creadores de la compañía en 1947, mantuvieron hasta su muerte la idea de que la cultura es revolucionaria y que con ella es posible el cambio de las sociedades. Fueron reivindicativos desde sus inicios y su última obra 'Ningún sitio donde esconderse' denunciaba el exceso de control de las instituciones sobre los ciudadanos a través de las cámaras instaladas en las calles. De todo ello escribe el antropólogo colombiano Carlos Granés en el libro 'La invención del paraíso. El Living Theatre y el arte de la osadía' (Taurus).

"Cuando los descubrí me entró una curiosidad tremenda por saber quiénes eran y qué pretendían. En la década de los años 60 fue un grupo muy influyente el mundo teatral y tuvieron episodios fabulosos. Trataron de hacer una revolución cultural en una democracia, Estados Unidos, y en la dictadura militar de Brasil. La respuesta que lograron fue bien distinta", explica Granés. Living Theatre realizó una gira con cuatro de sus obras que resultaron un auténtico fracaso. "Recorrieron los teatros de los campus universitarios con la pretensión de que el público viviese el estilo de vida que ellos mostraban en el escenario. En 'El paraíso' aparecían desnudos, fumaban marihuana y practicaban sexo sobre las tablas", relata el escritor. Un tipo de vida que no fue seguida por los jóvenes porque en su opinión "estaban contaminados".

Ante el fracaso en ese tipo de escenarios optaron por un cambio radical y se fueron a mostrar su proyecto de vida a las calles y favelas de Brasil. "Alquilaron una gran casa con las puertas abiertas para todos los jóvenes contrarios a la dictadura que en esa época regentaba el país. El lugar se convirtió en un centro de peregrinaje y era observado por la policía política. Finalmente se encontraron 2 kilos de marihuana en el jardín les acusaron de intento de sublevación".  Las obras teatrales también fracasaron en este país. Julian Beck y Judith Malina fueron dos anarquistas convencidos hasta su muerte, consideraban que el hombre es artista por naturaleza y donde iban reclutaban a todo aquel que quisiera sumarse a su ideario.

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Sobre la firma

Aurora Intxausti
Coordina la sección de Cultura de Madrid y escribe en EL PAÍS desde 1985. Cree que es difícil encontrar una ciudad más bonita que San Sebastián.

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