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Buñuel sigue dando alegrías a Ian Gibson

El autor irlandés recoge el premio Muñoz Suay 2014 por su biografía del cineasta

Ian Gibson, en Lavapiés (Madrid), durante una entrevista en 2013.
Ian Gibson, en Lavapiés (Madrid), durante una entrevista en 2013.

“Cierto gobierno tiene cierta responsabilidad. En estos momentos espantosos con la cultura por los suelos, es un regocijo hablar con un galardón”. Con estas palabras Ian Gibson, mientras recibía el premio Muñoz Suay 2014 que otorga la Academia de Cine por su libro Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal (Aguilar), se ha sumado a los múltiples coros contra la política cultura y el 21% de IVA nacido del Gobierno del PP. Justo después Rafael Nieto Jiménez, que a su vez ha logrado el Muñoz Suay 2015 por Juan de Orduña. Cincuenta años de cine español (Shangrila), apostillaba: “El cine es maltratado por gente que ignora el valor de nuestro patrimonio cinematográfico”.

Gibson ha sido el primero en subir al escenario del salón de la Academia de Cine para recoger un galardón que premia la labor de escritura del mejor libro centrado en algún aspecto del cine. El irlandés ha buceado en los primeros 38 años de vida del cineasta aragonés para comprender su talento: “Todo Buñuel ya está en El perro andaluz, La edad de oro y Las Hurdes. Siempre fue un rebelde. Estudió en los jesuitas, y eso crea una disciplina”. Gibson ha estado siete años de trabajo intenso con el volumen, y ha agradecido los libros de biógrafos precedentes, que le han servido de base. Eso sí, tras incidir en la importancia del humor en Buñuel, confesó un dogma: “Las autobiografía no son fiables. El último suspiro, la de Buñuel, tampoco. Empezando porque se la dictó en francés a Jean-Claude Carrière, y que borró a su hermano Alfonso, uno de los primeros homosexuales en salir del armario antes de la Guerra Civil. Por eso son necesarios los biógrafos, y más en este país, que no hay tradición de este género”. En poder de Gibson está el ejemplar en castellano que subrayó Buñuel de Retrato de un artista adolescente, de James Joyce, “otro discípulo de los jesuitas y que, yo creo, también supuso una gran influencia en el cineasta, como el surrealismo”.

Rafael Nieto Jiménez ha invertido también una gran cantidad de tiempo, 10 años, para su biografía de Juan de Orduña. “Aunque le interesaba el melodrama, Orduña fue un heterodoxo, amante de la mezcla de géneros. La gente le recuerda por A mí la legión, Locura de amor o Alba de América, donde se ven esas filias. Cualquiera, tras un visionado de La Lola se va a los puertos, ve que Almodóvar sigue esa línea”. Nieto definió su trabajo: “En 1967, en una entrevista, Orduña pidió que se le juzgara con honestidad. Muchos de los cineastas franquistas fueron repudiados por los disidentes, por los nuevos, antes incluso que se acabara el franquismo. Intenté ser desapasionado y resaltar sus aciertos y sus errores sin centrarme en su ideología, pero sin olvidarla”. Antes de acabar, el investigador confesó su sorpresa ante el premio, porque lo único que buscó tras acabar su trabajo fue su publicación, y en su caso recordó que no había estudios previos: “Nadie había ahondado en su carrera como actor y su debut como director de cine mudo”. El acto estaba presidido por el director de la Academia, Porfirio Enríquez, en ausencia del presidente electo, Antonio Resines, “ausente por motivos profesionales”.

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