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Andrés Ibáñez y Lorenzo Oliván, premios nacionales de la Crítica Literaria

El novelista obtiene el galardón por 'Brilla, mar del Edén' y el poeta por 'Nocturno casi'

También se premiaron obras en euskera, gallego y catalán

Andrés Ibáñez, fotografiado en Madrid
Andrés Ibáñez, fotografiado en Madrid

La realidad a través de una reivindicación de la imaginación y la aventura y de los versos que iluminan sus lados en sombra ha triunfado este año en el Premio Nacional de la Crítica. Los escritores Andrés Ibáñez y su novela  Brilla, mar del Edén (Galaxia Gutenberg) y Lorenzo Oliván y su poemario Nocturno casi (Tusquets) han sido distinguidos por la Asociación Española de Críticos Literarios, en un anuncio hecho en Pontevedra.

La novela ganadora es un homenaje, reivindicación y recuperación de la imaginación, la aventura y las emociones de toda clase en los libros. "Creo que después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha habido un ataque a la imaginación, a la ironía, al placer. A cambio, la realidad se muestra demasiado seria, se hace énfasis en que tiene que ser muy real, entre comillas. Yo apuesto por lo contrario: hay inundación de realidad por todas partes y el papel de la literatura, y de las artes, ahora más que nunca, es entrar en el mundo de la realidad pero desde la imaginación, que no es el mundo de lo falso sino de lo más real", explica Ibáñez.

Brilla, mar del Edén tiene como primer resorte la serie de televisión Perdidos: un avión cae en el Pacífico y noventa pasajeros de múltiples nacionalidades y oficios sobreviven en una isla, donde estaría la historia de la Pradera, el lugar mágico creado por Ibáñez en su primera novela: La música del mundo. Esta telaraña de historias que es Brilla, mar del Edén tiene referencias al Decamerón, de Boccaccio, o incluso a Las mil y una noches y El Quijote. Es una especie matriusca literaria porque en lugar de muñecas rusas dentro de muñecas rusas, contiene historias dentro de historias. Es un homenaje a la imaginación, a la aventura y a la hidrografía de historias que fluyen por la existencia de cada persona y que conforman lo que se llama vida. Brilla, mar del Edén trata de representar el espíritu del mundo donde las experiencias y aventuras físicas, emocionales, religiosas, políticas o intelectuales se suceden continuamente y entran y salen de la vida de cada individuo al tiempo que por ellos entran y salen otras historias, se bifurcan, se dividen, pero donde siempre hay un centro.

Andrés Ibáñez buscaba una novela en la que entrara todo el mundo, "donde todas nuestras vidas", dice, "estén unidas unas a otras, con historias íntimas, públicas y colectivas. Al mismo tiempo, todos esos relatos podrían estar sucediendo en la cabeza de un personaje de la isla". Desarrolló la idea de que se conoce todo, pero a la vez la gente tiene la sensación de estar perdida en el mundo: "La novela se convirtió en una especie de proyecto de futuro, hacia dónde podríamos ir en vista de que no creemos en nada y todo está viejo, caducado, tanto ideas religiosas como políticas".

El poemario de Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, Cantabria, 1968) Nocturno casi, es una exploración y una indagación a la realidad en sombra, de ahí su título. El libro se divide en tres capítulos: Ardua trama, Tocar extremos y Visión nocturna a través de los cuales el poeta cántabro trata de iluminar hechos desde la metafísica y lo terrenal. Olivan ya obtuvo en el año 2000 un premio importante, el Loewe de Poesía por Puntos de fuga (Visor).

En lengua catalana, el premio de Narrativa ha sido para Els nois (Los chicos), de Toni Sala, y el de Poesía para Ningú més i l'ombra (Nadie más y la sombra), de Màrius Sampere. En gallego ha ganado en narrativa Zapatillas Rotas, de Xabier Quiroga, y en poesía Celebración, de Gonzalo Hermo. En euskera el premio en narrativa ha recaído en Iazko hezurrak (Los huesos de antaño), de Unai Elorriaga, y en poesía en Piztutako etxea (La casa encendida), de Felipe Juaristi.

Sin dotación económica, y creado en 1956, el Premio Nacional de la Crítica es uno de los más prestigiosos que se concede a los mejores libros de narrativa y poesía publicados en España el año anterior, tanto en castellano como en gallego, euskera y catalán. El jurado ha estado formado en esta ocasión, entre otros, por Fernando Valls, Javier Goñi, Pilar Castro, Enrique Turpin, Carlos Galán, Araceli Iravedra, José Luis Martín Nogales y José María Pozuelo Yvanco.

Entre los distinguidos con el premio en Narrativa en castellano, en sus casi seis décadas, figuran Camilo José Cela (Por La catira en 1956), Rafael Sánchez Ferlosio (1957 por El Jarama), Miguel Delibes (1963 por Las ratas), Mario Vargas Llosa (en 1964 por La ciudad y los perros y 1967 por La casa verde), José Manuel Caballero Bonald (1975 por Ágata ojo de gato), Eduardo Mendoza (1976 por El verdad sobre el caso Savolta), José Donoso (1978 por Casa de Campo), Juan Carlos Onetti (1979 por Dejemos hablar al viento), Juan Benet (1983 por Herrumbrosas lanzas), Luis Mateo Díez (1986 por La fuente de la edad y 1999 por La ruina del cielo), Antonio Muñoz Molina (1987 por El invierno en Lisboa), Álvaro Pombo (1990 por El metro de platino iridiado). Javier Marías (1992 por Corazón tan blanco), Juan Marsé (1993 por El embrujo de Shangai y 2000 por Rabos de lagartija),

Los últimos ganadores han sido: Manuel Longares (2000 por Romanticismo), Enrique Vila-Matas (2002 por El mal de Montano), Juan Eduardo Zúñiga (2003 por Madrid capital de la gloria), Alberto Méndez (2004 por Los girasoles ciegos), Ramiro Pinilla (2005 por Verdes valles, colinas rojas), Eduardo Lago (2006 por Llámame Brooklyn), Rafael Chirbes (2007 por Crematorio), David Trueba (2008 por Saber perder), Andrés Neuman (2009 por El viajero del siglo), Ricardo Piglia (2010 por Blanco nocturno), Ignacio Martínez de Pisón (2001 por El día de mañana) y Clara Usón por La hija del Este (Seix Barral).