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OBITUARIO

Assia Djebar, el arte de tejer la frase

La escritora y cineasta argelina ha sido el único autor árabe que ha ingresado en la Academia Francesa

Assia Djebar, en 1994.
Assia Djebar, en 1994. AP

Assia Djebar, seudónimo de Fatima-Zohra Imalhayène (Assia: consolación; Djebar: intransigencia), falleció el pasado 6 de febrero en París. Tenía 78 años. La escritora y también cineasta nació en Cherchell (la antigua Mauritania Cesariense), a unos 90 kilómetros al oeste de Argel.

Gracias al regalo de amor de su padre (profesor de francés de niños llamados indígenas), la pequeña Fátima entra en la cultura, mientras se aleja de un futuro “oscuro”, destinado al encierro de las niñas púberes en la Argelia de aquella época: “Chiquilla árabe que va por primera vez a la escuela, una mañana de otoño, de la mano de su padre”. Esos fueron sus primeros pasos hacia la lengua francesa y la frase luminosa, límpida, como Assia Djebar narra, hermosamente, en la obertura y el final de El amor, la fantasía (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 1990). Así, cuando preguntan a la madre por qué su hija no se pone velo, la madre responde: “Hiya taqra” (“Ella lee”. Es decir: “estudia”). Luego, aprobado el Bachillerato, Assia se marcha a París, donde obtiene la licenciatura en Historia y Geografía. En 1955 es la primera mujer argelina admitida en la Escuela Normal Superior de París. Luego, profesora en las Universidades de Rabat, Argel, Baton Rouge (Luisiana, EE UU) y en New York.

A lo largo de su obra —traducida a una veintena de lenguas— recibe un impresionante número de premios literarios. Miembro de la Academia Francesa, se convierte en la primera escritora árabe —no hay ningún escritor árabe entre sus miembros— que forma parte de esa institución desde que en 1635 la creara el cardenal Richelieu.

Las obras de Assia Djebar están sólidamente estructuradas, en varios estratos que se yuxtaponen o funcionan en paralelo, se rozan, se transforman en una unidad, puesto que existe siempre un hilo de Ariadna que enlaza los capítulos: investigaciones históricas y literarias, la vida y el imaginario de la narradora.

Posee el arte mágico de contar y el encanto de una escritura evocadora de sensaciones sutiles, no solo en lo que se refiere a la sonoridad de la palabra escogida, sino también a nivel del intelecto, tan ricas son sus novelas en evocaciones históricas, con referencias sociales y expresiones psicológicas, mientras se abandona al flujo de la memoria intimista, entre el vaivén del tiempo y del espacio, esculpiendo palabras, expresando el deseo vehemente de ir a investigar más lejos aún, en la historia, en la música, el arte, la filosofía, la arqueología, el griego antiguo, el latín, la lengua líbico-bereber y la memoria colectiva. Siempre, con emoción, sensible lucidez y pudor exquisito, ahondando en la huella de una historia individual cuya sombra proyectada no es otra que la de su pueblo argelino y sus orígenes.

Escriba de la historia de su pueblo que endosa el sufrimiento de los argelinos —la esperanza también— y lo integra en su propia historia. Narradora “escuchante”, mientras se olvida de sí misma, permaneciendo en un plano secundario, enormemente receptiva, generosa, humilde. Es decir, el arte de la arquitectura de su escritura intertextual basada en la redacción y la escucha, puesto que fue una de las escritoras que mejor supo “ver” el mundo “mudo” de aquellas mujeres argelinas. Escogió dejar resonar el clamor de esas voces amortajadas, hasta sentirse llena, labrada con ellas, con “el deseo salvaje de no olvidar”.

Une faceta que no se puede acallar, en el recorrido intelectual de esta gran escritora, es su actividad teatral y cinematográfica pionera, con el que Djebar ilumina, de repente, innumerables presencias de mujeres. Las imágenes son, ante todo, la aprehensión del silencio con el fin de hacer perceptible lo que está más allá de la evidencia.

Cuando la ficción se respalda con la historia contemporánea, cierta claridad ilumina nuestro mundo. Desde hace mucho tiempo tuve el honor de tratar a Djebar; la presenté en el salón del Palacio de Carlos V, emplazado en la Alhambra. Jamás olvidaré sus confidencias, su relato sobre su último libro, Sin habitación propia (Lumen, 2009), la última de sus obras publicada en España. Ni su mirada clavada al atardecer embelesada, ante Al qal’at al-Hamra, La Fortaleza Roja, dominando la ciudad de centelleantes luces.

Leonor Merino es doctora por la Universidad Autónoma, traductora y autora de Encrucijada de Literaturas Magrebíes y La mujer y el lenguaje de su cuerpo. Voces literarias del Magreb.