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de frente | Javier Solana

“He dejado de tener poder y estoy encantado”

Madrileño, fue 13 años ministro y 14 más jefe de la seguridad europea. Es físico, pero enseña gobernanza. Leer es su pasión

Javier Solana.
Javier Solana.

Ahora que es más Javier que Solana, ¿cómo se lleva Solana con Javier? Relativamente bien. Mi vida ha cambiado; me debe de quedar algo de influencia, poca, pero he dejado de tener poder y estoy encantado. Tomé una buena decisión al volver a la enseñanza y a seguir investigando en relaciones internacionales, en seguridad global, en globalización...

¿Las preocupaciones han cambiado, Javier? No me gusta nada cómo están yendo las cosas; no es que antes fueran mejor, pero estaban algo más claras. Ahora es como si jugáramos un partido de fútbol sin árbitro.

¿Dónde está el árbitro? Históricamente el árbitro ha sido un país. Con Irak se acabó la hegemonía americana y hoy los problemas no los puede resolver un solo país. Tenemos problemas globales que requieren soluciones globales. Necesitamos un árbitro que sea una institución, y las instituciones no funcionan como debieran.

¿Qué les provoca esa incapacidad? No hay que ser pesimista: hay que verlo en sus grandes magnitudes: la esperanza de vida ha cambiado, han salido millones de personas de la pobreza. Pero la crisis nos ha golpeado. Y sólo tenemos un planeta: si seguimos dilapidando nos irá mal.

La crueldad humana vuelve a ser elemento de chantaje... Nunca se fue. El ser humano no es perfecto. Sin embargo, el mundo es mejor de lo que era. Nos remueve el corazón ver las cosas que estamos viendo, pero son acciones pequeñas en términos globales.

Decía Canetti: ‘Conocí gente especialista en crear distancias. Yo dediqué mi vida a lo contrario

Vemos decapitaciones, personas abrasadas... Es una vuelta a la Edad Media. Son imágenes que podíamos haber visto en la Inquisición. Lo tremendo es que haya esta vuelta hacia la intolerancia, que creíamos que habíamos superado con las Luces.

¿Es intrínseca a nosotros esa violencia? Yo he tratado a gente de mal. En brutalidad no era mucho peor un militante de ETA que le pega un tiro a Miguel Ángel Blanco de lo que estamos viendo ahora. Y pasaba aquí, con ciudadanos aparentemente educados, que seguramente habían ido a la escuela y convivían en familias incluso religiosas.

¿Qué le ha dejado el ejercicio del poder? Experiencias de todo tipo sobre el comportamiento moral e intelectual. A veces parece un milagro que se haya podido llegar a acuerdos que resuelvan un gran problema. Decía [Elias] Canetti algo así sobre el Berlín de los 30: "Conocí a especialistas en generar separaciones, distancias: su juego era fomentar el desencuentro. Yo decidí dedicar lo que me quedaba de vida a generar lo contrario". Aquella frase me impactó.

En este país somos expertos en crear distancias... No quiero ofender, pero creo que yo he vivido aquí una política de mayor nivel, creo que era de mayor calidad democrática. Ahora me frustra ver lo contrario, no sólo en la política, sino en sentido amplio. El debate intelectual gira en torno a lo vulgar, al "y tú más". Es una conversación chata que me entristece.

¿Qué responsabilidad tendría su partido? Tanta como otros; tampoco lo hemos hecho bien.

Su hijo necesitó un riñón, se lo dio. ¿Cómo es contemplar el dolor, dar esperanza? No quiero hacer sentimentalismo. Yo tenía dos riñones y una persona necesitaba uno. Se puede hacer: mucha gente necesita un riñón y tenemos dos. Luego añade a eso la emoción de que era mi hijo y todo lo que quieras imaginar.

¿Qué está leyendo? Leí ahora Mi tierra prometida, de Ari Shavit (Debate), una equilibrada historia de Israel. Y El mar, de Banville (Alfaguara). Bello lenguaje.