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OPINIÓN

Lo bueno y lo nuevo, una modesta refutación de Harold Bloom

El crítico cree que “en la literatura contemporánea no hay nada radicalmente nuevo"

Modiano afirma al recoger el Nobel que “los escritores del futuro garantizarán el relevo"

El escritor francés Patrick Modiano, durante su discurso al recoger el Nobel de Literatura. Ampliar foto
El escritor francés Patrick Modiano, durante su discurso al recoger el Nobel de Literatura. EFE

Casi a la vez que Patrick Modiano afirmaba en Estocolmo durante su discurso del Nobel que “los escritores del futuro garantizarán el relevo como hace cada generación desde Homero”, Harold Bloom le decía a este periódico en su casa de New Haven que no cree que “en la literatura contemporánea, ya sea en inglés, en Estados Unidos, en español, catalán, francés, italiano, en las lenguas eslavas, haya nada radicalmente nuevo”. Por supuesto, los dos tienen razón. Vayamos, radicalmente, a los matices.

Todo canon, incluido el de Bloom, se construye conjugando lo bueno y lo nuevo. Lo difícil es, claro, establecer qué significan una cosa y la otra. Respecto a lo bueno, pocos atinaron como el crítico canadiense Northrop Frye al definir una obra maestra: aquella que es dueña de una visión siempre más vasta que la de sus mejores lectores. Respecto a lo nuevo, pocos tan radicales como el filósofo español José Luis Brea: “una propuesta que no añade nada al código con el que va a ser comprendida es una propuesta que la humanidad podría haberse ahorrado”.

Si tomamos esos dos criterios y no olvidamos que la aparición de nuevos temas ha obligado a muchos escritores a enfrentarse a ellos de forma novedosa cabría señalar -desde un punto de vista estrictamente literario, sociologías aparte y con permiso de Bloom- el modo en que John Berger trató el amor en los tiempos del SIDA en la novela Hacia la boda o la desaparición del mundo rural en los cuentos de Puerca tierra. Lo mismo serviría para el uso de la no ficción en la obra de Janet Malcolm, la introducción del poema en prosa en las letras árabes por parte de Adonis (y, de paso, su reivindicación de la voz femenina), la revisión del género autobiográfico en Coetzee o el tratamiento del totalitarismo en Herta Müller. Algunos de estos autores aparecían, por cierto, en la larga lista que cerraba en 1994 El canon occidental, aquel gran libro firmado por un lector grande (muy grande cuando se trata de la tradición anglosajona) pero no infalible: en la entrevista de hoy, por ejemplo, se refiere a César Vallejo como un poeta “notable”.

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