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Crítica | Sacro gra

La M-30 romana como hogar

El documental de Rosi fue la sorprendente ganadora del León de Oro de Venecia 2013

Fotograma del documental italiano 'Sacro gra', que dirige Gianfranco Rosi.
Fotograma del documental italiano 'Sacro gra', que dirige Gianfranco Rosi.

Encontrar tu lugar en el mundo en un sitio de paso es un oxímoron vital. También una presumible puerta hacia la condena. O quizá una elección a la contra. El Grande RAccordo Anulare (Gra) es el anillo de carreteras que rodea Roma, una elipsis de Saturno por la que todo el mundo tiene que pasar para alcanzar su destino y que, como en la M-30 madrileña, nadie se quiere quedar atascado. Y, sin embargo, también es el hogar de mucha gente. O la cárcel, según se mire. Una prisión con pinta de purgatorio, un desolador paisaje humano con los que el italiano Gianfranco Rosi ha compuesto un documental que no es sino la vida en directo. La circunvalación de la existencia.

Sorprendente ganadora del León de Oro del Festival de Venecia en el año 2013, por ahí pululan desde un heredero de una antigua logia que aún cree en su propia grandeza, entre la horterada y el derrumbe, hasta un viejo sonidista obsesionado con el pulso de las palmeras que rodean los arcenes de la carretera, a las que ausculta cada día en busca de un resquicio de salud en medio de un tormento sonoro de ruedas, cláxones y asfalto; desde los clientes y trabajadoras de un destartalado peep-show hasta el enfermero de guardia que levanta cada accidente, rodeado de muerte y de agobios de la sociedad contemporánea: “¿Podré ir a trabajar mañana? ¡Lo necesito!”, pregunta un herido, ataviado de collarín y sangre, recién instalado en la ambulancia y con la categoría laboral de autónomo instalada en el alma.

SACRO GRA

Dirección: Gianfranco Rosi.

Género: documental. Italia, 2013.

Duración: 93 minutos

Pobres diablos, o insignes genios, retratados por Rossi sin ayuda alguna de música ni de explicaciones en off. Sólo la vida. Y, además, con una estructura narrativa sin principio ni fin, como el propio Gra, una carretera circular por la que todos van y vienen mientras unos pocos están.

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