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Los nuevos senderos de Nach

El alicantino cambia el rap por la poesía oral en su nuevo disco, 'Los viajes inmóviles'

La música del álbum ha sido compuesta por el pianista de jazz Moisés P. Sánchez

Nach en la presentación de su nuevo disco, 'Los viajes inmóviles'. Ampliar foto
Nach en la presentación de su nuevo disco, 'Los viajes inmóviles'.

Nach (el MC Ignacio Fornés, 1974) ha cambiado sudadera por chaqueta. Al menos por un rato. Poco hay de peleas de gallos en el disco que presenta hoy el rapero, Los viajes inmóviles, y más de poesía escenificada. En la portada del álbum no hay letras góticas ni ropas anchas, sino óleo. En la presentación de su primer trabajo desde la publicación de Mejor que el silencio en 2011 no hay bafles y fans con bambas, sino un piano de cola. El alicantino, uno de los raperos más señalados de la música española, cambia la camiseta por el slam, poesía oral interpretada. No está irreconocible, pero el nuevo traje le hace parecer ligeramente distinto.

El cambio no fue planeado. Cuando comenzó a escribir los textos que han dado lugar a los 13 temas del disco, ignoraba que terminarían convirtiéndose en un álbum. El apoyo del pianista de jazz Moisés P. Sánchez, con el que lleva trabajando desde Un día en suburbia (2008) y que compone ahora la música de Los viajes inmóviles, le hizo lanzarse a convertir esos textos perdidos en un género como el slam. Un género no solo nuevo para el alicantino, sino poco frecuentado por el rap nacional: “No tener referencias de esto en España me hace estar orgulloso, pero también me hace sentir que no tengo guía. Soy una persona multidimensional y no tengo miedo de serlo”, explica Nach.

Videoclip de 'Busco', del álbum 'Los viajes inmóviles'.

El disco ha resultado casi una evolución natural de los temas Ellas o El idioma de los dioses de su último álbum, algo más lejano a canciones clásicas dentro del género como ¿Así que quieres ser MC?, que vapulea a ciertos recién llegados al panorama del rap. El teclado de Sánchez da ritmo y tono al discurso de Nach, a ratos rítmico y rimado, a ratos de verso libre y sereno. Con él, colaboradores como el violinista Ara Malikian, que da un aire romántico a Me llaman, el cantautor Pablo Guerrero (Tiempo, dame tiempo) o el actor Asier Etxeandía (Tercer mundo). En palabras del pianista: “Queríamos crear el concepto de obra global. Que Nacho siguiese visible, pero sacarlo de su zona de confort”.

No hay que darle a la gente todo supercomido. Si sabes lo que es el 'slam', bien, y si no, busca e infórmate

Nach, rapero y slamer

“Tampoco hay que darle a la gente todo supercomido. Si sabes lo que es el slam, bien, y si no, busca e infórmate”, espeta Nach. No le asusta, dice, la reacción de sus fans, ni que en España el género sea un gran desconocido. Esta especie de recital de poesía con gran arraigo en Estados Unidos y un éxito reciente pero seguro en Francia, está más ligado a la lírica que al rap en la Península. El Poetry Slam Madrid, un ciclo de poesía vocal que se celebra en la capital desde hace años, prohíbe, por ejemplo, utilizar música como base. En Estados Unidos son frecuentes los grupos de este tipo en las universidades, y en Francia el slamer Grand Corps Malade ostenta desde 2009 el estatus de caballero de la Orden de las Artes y las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura.

El rapero ha tenido que buscarse sus propios referentes. Empapándose de vídeos de Youtube de jam sessions de slam estadounidense (por ahí ronda incluso alguno de Kanye West), acudiendo a conciertos del slamer francés Abd Al Malik o buscando actuaciones del español Dani Orviz. Sin embargo, lejos del ritmo espídico de este último o los discursos políticos de cierto slam afroamericano (como el del mítico Saul Williams), el nuevo camino de Nach discurre por el sendero de la autoexploración y la observación del mundo cercano. Quizás por la forma de creación. Las letras de Nach no se han fraguado en directos, como es tradicional en el slam, un arte de la improvisación y la inmediatez, sino en viajes en furgoneta, en tren, frente al ventanal de una cafetería.

'Gibraltar', del 'slamer' francés Abd Al Malik.

Ahora, concretamente, las del barrio madrileño de Malasaña, reducto de modernidad y nuevos creadores. La mudanza de Alicante a la capital no parece solo geográfica. El rapero prepara un libro de poesía “desde la humildad” (con Cernuda o Gil de Biedma como referentes por un lado, el poeta oral Peru Saizprez o la micropoetisa Ajo por el otro —con la que firma un tema que no está en el disco y aparecerá en redes sociales) y no descarta combinar conciertos multitudinarios con recitales a capela en pequeño formato. ¿Qué distancia hay entre un universo y otro? “Sobre todo cambian las energías”, explica. “En rap se está muy aquí [alza la mano y la mueve a un compás imaginario], y con la poesía es una energía más baja. Pero sigo siendo yo. Sigo investigando, buscando cosas que puedan estar dentro de mí”.

Pero Nach no se atribuye méritos solo a sí mismo. Su mayor orgullo es la fructífera relación creativa con su socio y mánager, Fran Cañas. Relata los logros compartidos (como una gira de 12 fechas por Sudamérica, o el próximo tour de dos meses para presentar Los viajes inmóviles, con parada el 30 y 31 de mayo en la sala Joy Slava de la capital) y saca pecho presumiendo de integridad pese a los cambios. Por ahora, el artista vuelve a casa y ya está componiendo nuevos temas de rap. ¿Y luego? “No te voy a decir que el rap es lo que más me mola, porque no sé si esto también me mola por igual. Ahora creo que la vida te va llevando, nunca sabes a dónde, y no me estreso pensando en lo que pueda pasar”.