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despierta y lee

Batalla de catecismos

Una periodista italiana ha escrito una guía matrimonial que es a las relaciones de pareja lo que el Ecce Homo de Borja al arte contemporáneo

El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez

Una periodista italiana, a la que quizá por exceso de suspicacia imagino mas avispada que piadosa, ha escrito una guía matrimonial que es a las relaciones de pareja lo que el Ecce Homo restaurado de Borja al arte contemporáneo. El libro en cuestión, Cásate y sé sumisa (título admirable, para qué negarlo, no inferior a Un tranvía llamado deseo o Agárrame ese fantasma) ha sido traducido y editado por la editorial Quotidiana, que depende del Arzobispado de Granada. Por lo visto abunda en sentencias memorables (v.gr. “En caso de duda, obedece. Sométete con confianza”), que me hacen lamentar no poder leerlo por entero, ya que estoy actualmente ocupado acabando las obras que me faltan de Dostoievski. En cualquier caso, el orientador prontuario parece en vías de convertirse en un best-seller, disputando a otro libro no menos ni peor inspirado de Belén Esteban el liderazgo de las ventas por Amazon, etc…

No me atrevería a discutir su contenido, porque reconozco que en cuestiones matrimoniales mis criterios son poco de fiar. Pero sí que me resultan en cambio alarmantes ciertas reacciones inquisitoriales que ha despertado, incluyendo denuncias ante la fiscalía, tremolinas municipales y parlamentarias e incluso una declaración contrita de la ministra de Sanidad e Igualdad, señora Ana Mato. Según dicen los afortunados que ya lo han leído, Cásate y sé sumisa no exhorta al maltrato de la mujer ni a ningún otro comportamiento delictivo. Entonces… ¿cómo se le puede ocurrir a nadie que deba ser prohibido o castigado? Como bien dijo recientemente un ministro alemán, “la estupidez no puede prohibirse”. Ni la de derechas ni la de izquierdas, de la cual tenemos por cierto constantes pruebas impresas. Las ideas se combaten con otras ideas mejor argumentadas, los libros con otros libros más convincentemente razonados: sólo los catecismos de uno u otro signo pueden querer imponerse quemando las obras heréticas que no nos gustan. No quiero ni imaginarme la que se habría montado si alguien pidiese poner fuera de la circulación alguna de las apologías del separatismo catalán o vasco que se editan un mes sí y otro no: ¡vuelve el franquismo, represión totalitaria, etc…! Pero lo malo es la coacción contra las ideas, cuando no preconizan el delito, no el acierto o desacierto del planteamiento de éstas… que siempre lo será según nuestro criterio, claro.

Las leyendas en torno al gusto por la sumisión de la mujer —hace poco las comentaba en este mismo diario mi amigo José Lázaro— han dado lugar a horteradas literarias como 50 sombras de Grey y a novelas sutiles como El cielo protector de Paul Bowles. El libro editado por el Arzobispado de Granada enriquece poco nuestro conocimiento al respecto. Pero plantea en cambio otra vez la cuestión de por qué los arzobispados, y la Iglesia Católica en general, que son entidades privadas todo lo respetables que se quieran, deben ser financiadas con dinero público, exoneradas de pagar el IBI por sus posesiones terrenales y sobre todo tener el poder de elegir o descartar a los profesores de la inverosímil asignatura de religión en el bachillerato, puntuable como si su contenido fuese científico, ejém. No sé si el matrimonio católico exige de veras la paulina sumisión de la esposa al marido, no conozco casos recientes, pero lo que está claro es que el Concordato con el Vaticano impone sumisiones cívicamente escandalosas al Estado español, que debería ser laico, o sea no casarse religiosamente con nadie.

Lo demás puede llegar a arreglarse si hay buena voluntad. Yo aconsejaría al Arzobispado de Granada que publicase otro libro, compensatorio de Cásate y sé sumisa, dedicado esta vez a los varones: podría titularse, por decir algo, Cápate y ve a misa. Seguramente tampoco influiría demasiado en las costumbres, como va a pasar con el otro, pero quizá tranquilizase un poco a la ministra de Igualdad.

 

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