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OBITUARIO

Eduardo Falú, renovador del folclore argentino

Aprendió música clásica y marcó con un cruce de géneros a varias generaciones

Eduardo Falú, con su guitarra, acompañado por Ernesto Sábato en los años setenta en Buenos Aires.
Eduardo Falú, con su guitarra, acompañado por Ernesto Sábato en los años setenta en Buenos Aires.

El compositor y guitarrista de folclore argentino Eduardo Falú, renovador del género en el siglo XX, murió este viernes a los 90 años en Buenos Aires. “Sin duda es uno de los artistas fundamentales de nuestra música, un prócer cultural”, escribió una de las cantautoras más prolíficas del folclore argentino actual, Teresa Parodi, en el periódico Tiempo Argentino. “Dueño de un arte único, que marcó a varias generaciones y nos convenció de lo hermoso que era ser un guitarrero. De hecho, yo creo que muchísimos jóvenes adoptaron la [guitarra] criolla gracias a él. Creo que Falú y [Atahualpa] Yupanqui fueron los dos folcloristas que más nos marcaron en ese sentido”, añadió.

Nacido en un pueblo de la provincia norteña de Salta, El Galpón, el 7 de julio de 1923, hijo de inmigrantes sirios, su segundo nombre era Yamil, pero se crió como un hombre del campo argentino. En 1945 fue a probar suerte como artista en Buenos Aires. Allí, con otro reconocido músico y poeta salteño, Jaime Dávalos, compusieron canciones que reflejaban la nostalgia compartida por su provincia. Juntos crearon Vidala del nombrador, Vamos a la zafra, Zamba de un triste, Las golondrinas, La nostalgiosa, Sirviñaco, Río de tigres, Trago de sombra, Milonga del alucinado, Zamba de la Candelaria, Rosa de los vientos, La verde rama, El silbo del zorzal, Cuando se dice adiós y la recordada Tonada del viejo amor.

Registró más de 200 canciones,

incluidas zambas, bailecitos,

carnavalitos, cuecas...

Con el poeta Manuel J. Castilla dieron a luz Minero potosino, Puna sola y Celos del viento. Con uno de los escritores más importantes de la Argentina del siglo XX, Ernesto Sábato, compuso una de sus obras épicas y conceptuales, Romance de la muerte de Juan Lavalle. Aprendió música clásica con Carlos Guastavino y así es que cruzó géneros musicales para crear Suites argentinas. Además, grabó con su voz grave y su guitarra maestra Milonga del muerto, canción de Sebastián Piana basada en un poema de Jorge Luis Borges sobre la guerra de Malvinas (1982), en la que Reino Unido derrotó a Argentina. Falú también creó, a partir de versos de Borges, José Hernández, en honor al autor del Martín Fierro, la obra más importante del género gauchesco de Argentina.

Falú registró más de 200 canciones propias, incluidas zambas, carnavalitos, cuecas, bailecitos y melodías de estilo español. También compuso con los poetas César Perdiguero, León Benarós, Hamlet Lima Quintana, Osiris Rodríguez Castillos y Marta Mendicutti. Varios de sus temas fueron entonados por la maravillosa voz de Mercedes Sosa. Además, fue defensor de los derechos de autor. Como tal, ocupó el cargo de vicepresidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música. Padre de dos hijos, uno de ellos guitarrista, Juan José, fue también tío de otro instrumentista consagrado del folclore argentino, Juan Falú.

A los 10 años se enamoró de la guitarra. Primero aprendió solo y después tomó clases. Debutó en el grupo Los Troperos, que tocaba en una radio de Salta. Después integró La Tropilla de Huachi Pampa y más tarde emprendió camino como solista, primero en su provincia y después en Buenos Aires. Entre la década del cincuenta y la del setenta no se cansó de dar conciertos: desde EE UU hasta varios países latinoamericanos, desde Europa, incluida España, hasta Japón. “Era un hombre de la guitarra en el mundo, todos hablaban con mucho respeto de él en Europa, en todas partes. De este dolor terminaremos dándonos cuenta cuando entren a escasear sus discos que nos dejaron conmovidos, dolidos, sabiendo con dolor que la vida es esto”, escribió otro folclorista compatriota de Falú, Jaime Torres, en Tiempo Argentino.