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La primera telenovela maya no tiene besos

'Baktun' se rodó en la selva de Quintana Roo (México) sin actores profesionales

Perú y Bolivia ya se han interesado en emitirla

Baktun se declara la primera telenovela en lengua maya, pero puede que también sea la primera del mundo que no acaba en un arrebato de pasión. La modesta producción, a punto de ser estrenada en México, quiere ser tan fiel a los usos y costumbres de las comunidades indígenas que eliminó 300 escenas de besos. Las muestras de afecto antes del matrimonio no están bien vistas en el pueblo maya, explica el director de Baktun, Bruno Cárcamo Arvide

En la selva de Quintana Roo (sureste del país), en la que se grabó la serie, toma la llamada Cárcamo. Este realizador y productor de televisión capitalino (DF, 2 de diciembre de 1973) se mueve con naturalidad por el México rural. No en vano ha participado en Sacbé la ruta maya, una serie de realidad y ficción de los noventa, en el documental Voces en extinción y en la revista documental sobre los mayas Jaaj T’aan (Palabra verdadera).

Su último proyecto habla de reinvenciones y de raíces. Baktun, la unidad más grande en la cuenta larga maya, era el supuesto fin de ciclo que tanto dio que hablar el pasado mes de diciembre. El argumento gira en torno a Jacinto, un joven emigrado a Estados Unidos que se ve obligado a volver al pueblo y reencontrarse con sus orígenes.

Quizá no le den el próximo Oscar, pero el proyecto se estrena próximamente en la televisión estatal de Quintana Roo y ha despertado interés en cadenas nacionales de Perú y Bolivia. Los 30 capítulos de ocho minutos y el largometraje a modo de “versión comprimida” de la telenovela han salido adelante a base de un ritmo frenético de trabajo: se grabó en solo cinco semanas. En total ha costado tres millones “y cachito” de pesos, salidos en parte del Estado de Quintana Roo y en parte del bolsillo de los productores. “Nos brincamos la concepción tradicional de ocho protagonistas, el presupuesto de cinco o seis millones de pesos de media, las localizaciones en plató o estudio, el vestuario, el maquillaje…”, dice Cárcamo. “Cinema verité. Ningún actor tiene ningún tipo de formación profesional, por temas de presupuesto pero también para darle realismo y autenticidad”.

Acercarse a las comunidades y conseguir actores y extras fue complicado, pero Cárcamo presume de haber buscado un ambiente de “interculturalidad”. Tanto que, antes de iniciar el rodaje, el equipo participó en un ritual “para que todo estuviese en paz y la tierra estuviese tranquila”. “Las comunidades son muy aprensivas de su cultura, la resguardan, no se prestan a mostrarla. Históricamente, cada vez que lo han hecho otros se han aprovechado para usarlas en su contra”, asegura. Hubo que trabajarse la confianza de los habitantes de los pueblos. Al final, “la gente comprendió muy bien que se trataba de un proyecto único y de una forma de sentar legado”. Algo para mostrar a los nietos, dice.

México, uno de los países con mayor diversidad lingüística del planeta, ofrece una protección teórica para la cultura indígena que no ha impedido que la inmensa mayoría de sus dialectos esté en riesgo de desaparecer. El maya es una de las agrupaciones lingüísticas más grandes del país, con 759.000 hablantes, según el Programa de Revitalización de las Lenguas.

Hilario Chi Canul, exentrenador de diálogos para la película Apocalypto de Mel Gibson, protagonista de la telenovela y, como asesor de producción, responsable de la eliminación de los 300 besos, describió una vez el gran problema que pretende combatir Baktun: “La [lengua] maya se duerme a partir de las seis de la tarde, cuando se prende la televisión y la gente se pone a ver novelas en castellano”.