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Arlés, maestros en blanco y negro

La mayor retrospectiva de Sergio Larrain, tras su muerte, abre los Encuentros Internacionales

La localidad francesa rinde homenaje a la esencia de la fotografía

Calle principal de Corleone, en Sicilia. Fotografía tomada en 1959 por el chileno Sergio Larrain. Ver fotogalería
Calle principal de Corleone, en Sicilia. Fotografía tomada en 1959 por el chileno Sergio Larrain. MAGNUM

Gregoria Larrain habla con la misma dulzura, ausencia de ego y generosidad que caracterizó a su padre, el fotógrafo y pintor Sergio Larrain. Si su bisabuelo paterno descubrió en Francia a las grandes figuras del arte contemporáneo (Giacometti, Picasso...), ahora le toca a Francia descubrir el genio, la sensibilidad poética y la maestría en la composición de su padre, fallecido en 2012.

“He reencontrado la belleza del blanco y negro en las fotos de mi padre: su perfección creativa, su generosidad, el oficio que aplicaba desde la captura hasta el revelado”, explica Gregoria Larrain. “Sus fotos son, como él decía, unos milagros que supo descubrir porque tenía la disposición adecuada”.

El entorno que propicia ese gozoso redescubrimiento, compartido con el resto del mundo, son los Encuentros de Arlés, el festival de fotografía de referencia del calendario artístico que se desarrolla en esta localidad del sur de Francia durante el mes de julio, y que en esta edición exhibe la obra de Larrain en la iglesia de Santa Ana. Este año se rinde homenaje en Arlés a la fotografía en blanco y negro, y el cisne que preside la identidad gráfica de los encuentros bien puede simbolizar la fábula del patito feo en un mundo dominado por el color.

La de Larrain es la primera gran retrospectiva que se hace en el mundo tras la muerte del autor. No se ha visto una exposición de este calibre desde la gran exposición que le dedicó el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) en 1999, y eso es así porque, en su últimos años de vida, Larrain rehuyó el contacto con el mundo. “Se despojó de todo para entregarse a la fotografía y, finalmente, a la mística. Si hubiera estado acá, habría dicho: ‘Lo que hay que salvar es el planeta, al ser humano”, asegura su hija.

La principal responsable de este gran homenaje junto al director del festival, François Hebel, es la comisaria Agnès Sire, ahora directora de la Fundación Henri Cartier-Bresson de París tras haber seguido al fotógrafo durante años desde que fuera directora artística de la agencia Magnum (propietaria de su archivo). Su labor comisarial y editorial ha quedado reflejada en el libro-catálogo que acompaña o, más bien, preside la muestra, publicado por Éditions Xavier Barral. Sire afirma que el libro, que recorre, entre otros, sus trabajos en Chile, Inglaterra, Italia, Francia y Perú, está basado en la selección de fotos hecha por el propio Larrain en vida a través de sus marcas y anotaciones sobre hojas de contacto. La comisaria, que agradece la coproducción del Consejo de la Cultura y las Artes de Chile, ha incluido en el catálogo la correspondencia de Larrain con Cartier-Bresson (al que le unen muchos puntos en común) y con la propia agencia Magnum. También la carta a su sobrino Sebastián Donoso, en la que el fotógrafo chileno enseña a pescar las fotos, a pensarlas y a editarlas con humildad.

De especial valor es su respuesta a una carta de Sire en la que esta le había pedido que razonara su oficio. “Larrain”, explica la comisaria, “habla de la fotografía como un estado de gracia, libre de toda convención; de cómo hay que estar abierto a las musas. Él piensa que las imágenes pueblan el universo, pero que hay que ser un buen médium para que salgan a la luz”. Larrain hizo, recuerda, reportajes de encargo durante apenas tres años, y luego decidió parar y cambiar de rumbo, porque no le interesaba la urgencia del reporterismo: “apenas dedicó tres años a hacer reportaje”.

El libro, con un texto de Gonzalo Leyva Quijada y una introducción de Sire, aporta, en suma, la mayor fuente visual y documental de conocimiento sobre el fotógrafo realizada hasta la fecha.

¿Cuál es el lugar de Larrain en la historia de la fotografía? ¿Se debe establecer una asociación con Cartier-Bresson, Bill Brandt, Robert Frank, Brassaï u otros maestros documentalistas? “Para mí, Larrain es Larrain, un hombre que pone su Leica al servicio de la poesía”, dice Sire. “No se le puede comparar. Él tenía su propia mirada, veía cosas que otros no veían”. Su gran obra es, afirma, el reportaje sobre Valparaíso, “donde podemos encontrar la calle, el suelo, la piedra, los interiores de los bares, los retratos, el ambiente nocturno… un poco de todo su universo”.

La autora pone el acento en la manera de fotografiar la infancia de Larrain y en las múltiples referencias artísticas, como el neorrealismo italiano, que se pueden delimitar a la hora de abordar su legado. Destaca, asimismo, el hecho de que, siguiendo el criterio de Larrain, los fotorreportajes están recluidos en las vitrinas centrales de la exposición.

La muestra viajará en marzo del año próximo a Chile en su formato actual. Pero antes, la Fundación Cartier-Bresson acogerá una versión diferente, con copias de época, antes de comenzar su itinerancia mundial. “Sería maravilloso que fuera también a España”, concluye la comisaria.

Añada de excepción

Tras una edición de 2012 supeditada al aniversario de la Escuela Nacional de Fotografía de Arlés, los encuentros de este año son una añada excepcional. Los paisajes marítimos y los lienzos de luz expresionistas de Hiroshi Shugimoto; la crítica a la recepción de la fotografía de Alfredo Jaar; el testimonio de un mundo en transición captado por Gordon Parks; la serie sobre los álbumes de fotos (Jacques Henri Lartigue, Erik Kessels); las manipulaciones de John Stezaker; el diálogo entre fotógrafos franceses y sudafricanos, la estética precursora de Guy Bourdin… son algunos de los contenidos de una muestra a la que acompañan debates, proyecciones (entre ellas, el documental sobre Duane Michals) y un espacio, Le Club, dedicado al fotolibro.