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OBITUARIO

José Luis, el rey del pincho

El empresario hostelero vasco fallece en Madrid a los 84 años

Se dedicó durante cinco décadas a la labor gastronómica

Fotografía de archivo, del 20072010, del empresario de la restauración José Luis Ruiz Solaguren. Ampliar foto
Fotografía de archivo, del 20/07/2010, del empresario de la restauración José Luis Ruiz Solaguren. EFE

“El mejor relaciones públicas de José Luis tiene nombre: sus pinchos”. Así se proclama en la web del extenso grupo de restauración de José Luis Rodríguez Solaguren, un hombre que se dedicó durante cinco décadas a la labor gastronómica y que falleció el pasado jueves en Madrid, según fuentes de su grupo empresarial. Don José Luis, como se le conocía entre sus más de 400 empleados, tenía 84 años y padecía de una afección pulmonar.

Nacido en Amorebieta (Vizcaya), José Luis efectivamente fraguó la popularidad de su nombre a una tradición de pinchos sabrosos en la vorágine urbana madrileña. Trasladó a la capital el estilo de tapeo en pequeños bocados tradicional en su tierra vasca, y pinchos como los de merluza rebozada y de tortilla de patata eran iconos en sus cervecerías y restaurantes, más de una veintena.

Sus comienzos fueron humildes. Empezó a trabajar a los 13 años como limpiabotas en el bar La Granja de Bilbao (por una peseta de entonces). “En Bilbao asimiló los conceptos de sacrificio, responsabilidad manifiesta y discreta ambición por mejorar día a día”, reseña la web José Luis. El emprendedor vizcaíno realizó su primer catering para un bautizo en la clínica madrileña La Milagrosa y en 1957 abrió el primer restaurante con su nombre en la céntrica calle de Serrano. Desde los años sesenta, los aperitivos y las meriendas allí eran un incentivo para grupos de amigos, oficinistas, banqueros, escritores o simplemente urbanitas que deseaban comer rápido de modo tradicional y sencillo. Personajes conocidos se han retratado tras las mesas de José Luis con extensas bandejas de pinchos en primer plano. Aún hoy hay clientela fiel al estilo José Luis, cuyo artífice recibió por “la artesanía del buen comer” una Medalla del Trabajo.

El autodidacta José Luis (que se autodenominaba tabernero) expandió su negocio hostelero no solo con diversas cervecerías y restaurantes, también servicio de catering (incluidas celebraciones de personajes famosos), restauración para colectividades, formación y reciclaje de profesionales de la restauración y  la crianza, elaboración y comercialización de vino desde sus bodegas Mocén en Rueda. Y, desde 1999, para informar a su clientela de la actualidad de su universo, así como para mostrar recetas y realizar propuestas de ocio, José Luis es también el nombre de una revista gratuita que se distribuye en sus locales. “La confianza y la fidelidad de los clientes” era el orgullo del gastroempresario ahora desaparecido.