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CRÍTICA: 'LA FOTÓGRAFA'

El mundo de Kath

La película es uno de los debuts más valiosos y menos estridentes del cine español en lo que va de año

El mundo de Kath

La fotógrafa de Fernando Baños Fidalgo, uno de los debuts más valiosos y menos estridentes del cine español en lo que va de año, es la tercera película de la temporada que, con mayor o menor grado de explicitud, parece citar la famosa pintura Christina’s World de Andrew Wyeth. Esa evocadora e inquietante pieza del realismo pictórico americano de mediados del siglo XX es uno de los cuadros que sobreviven a una invasión extraterrestre en Oblivion de Joseph Kosinski y una de las referencias visuales que parece manejar la sinfonía trascendental de la maltratada To the Wonder de Terrence Malick. En la película de Baños, la cita no es explícita, quizá sólo se trate de un eco inconsciente, pero La fotógrafa se abre con un virtuosa panorámica circular que relaciona a una mujer con el exterior de una casa aislada en medio del campo: en el interior de la casa, aguarda el misterio, la memoria de una madre que murió tras perder sus recuerdos y, quizá, una revelación sobre el origen de esa protagonista que, en uno de los muy imaginativos y eficaces juegos de puesta en escena que propone la película, se desdobla en su yo infantil. De los tres posibles guiños a la obra de Andrew Wyeth, el que propone la película de Baños es el más fiel a la calidad enigmática del original, planteando esa escena de apertura como la presentación de un misterio que necesita ser desvelado. Si la identidad de esta opera prima no fuera tan acusada y distintiva, uno podría sentirse tentado de escribir que La fotógrafa pasaría por ser hija ilegítima de Christina’s World y Blow-up (Deseo de una mañana de verano) (1966) de Michelangelo Antonioni.

LA FOTÓGRAFA

Dirección: Fernando Baños Fidalgo. Intérpretes: Zay Nuba, Susi Sánchez, Héctor Molinar, Emilio Linder, Manuel Campodónico. Género: Drama. España, 2012. Duración: 80 minutos.

Las imágenes que tomó Sara (Susi Sánchez), la fotógrafa del título, de un joven golpeando un camión hidrante con un monopatín, durante los enfrentamientos en la Argentina del corralito, pone en marcha la indagación de Kath (Zay Nuba), hija de la reportera, sobre el verdadero sentido de esos documentos. Sus pesquisas acabarán desenterrando un doloroso secreto fraguado en los años de la dictadura de Videla. Fernando Baños Fidalgo cuenta su historia con frecuente y elegante uso de elaborados planos secuencia, que funden los distintos tiempos del relato, subrayando sin efectismos el estrecho vínculo que une presente y pasado: el presente es, siempre, una declinación, a veces trágica, de la Historia colectiva y la historia particular de los padres. El sorprendente planteamiento formal de la película no está al servicio del exhibicionismo estilístico, sino de la legibilidad del conjunto y de la amplificación de su sentido. La fotógrafa no es sólo una película rodada de manera exquisita, sino un relato muy bien contado, en el que quizá desconcierta cierta opacidad en las interpretaciones durante su primer tramo.

La fotógrafa ha contado con el apoyo en la producción de Pere Portabella, que no sólo vuelve a acreditar su buen gusto y voluntad de riesgo –su nombre está asociado a películas tan relevantes como Los golfos, El cochecito (1960) y Viridiana (1961), entre otros títulos-, sino que parece encontrar en la figura del cineasta debutante a un posible heredero de ese equilibrio entre compromiso ideológico y riesgo formal que distingue su recién editada en DVD Obra Completa como director.