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20 años de Jaleo

El primer restaurante que José Andrés abrió en EE UU se ha convertido en el catalizador de la resurrección cultural y gastronómica de Washington

José Andrés junto a la juez del Tribunal Supremo de EE UU, Sonia Sotomayor, en la celebración del 20 aniversario de Jaleo.
José Andrés junto a la juez del Tribunal Supremo de EE UU, Sonia Sotomayor, en la celebración del 20 aniversario de Jaleo.

Cuando el 5 de abril de 1993 José Andrés decidió abrir un restauranteen la esquina de la calle 7 en Washington, nadie apostó por el éxito de la empresa, convencidos de que se trataba de otro bar de comida española más. 20 años después, José Andrés dirige un emporio culinario en EE UU y Jaleo se ha convertido, no sólo en el principal embajador de la cocina de tapas en este país, sino en una presencia indisoluble de la capital estadounidense.

“Estoy orgulloso de que Washington tenga varios de los mejores restaurantes de este país. Esto hace de esta ciudad una de capitales culturales de EE UU”, reconoció José Andrés durante la celebración de los 20 años de Jaleo este martes. El éxito de Jaleo es paralelo y, en cierto modo, es responsable del despegue social de la capital estadounidense, una de las ciudades más violentas y peligrosas del país hasta hace solo unos años. Pese a este panorama desalentador, José Andrés decidió apostar por Washington y abrir un local en pleno centro de la ciudad, un eufemismo entonces, cuando pocas personas osaban adentrarse, asustadas ante la fuerte criminalidad. Hoy las calles alrededor de Jaleo bullen de transeúntes despreocupados y el establecimiento está rodeado de decenas de restaurantes, una rivalidad que el cocinero agradece, porque es la que le ha servido de estímulo para seguir innovando. El alcalde de Washington, Vincent Grey, aseguró el martes que Jaleo ha sido “el catalizador de la resurrección del centro de la ciudad”.

José Andrés decidió apostar por Washington y abrir un local en pleno centro de la ciudad, un eufemismo entonces, cuando pocas personas osaban adentrarse, asustadas ante la fuerte criminalidad

José Andrés adora Washington, la ciudad en la que recaló con 23 años y la sede de la mayoría de sus apuestas culinarias -Jaleo, Oyamel, Zaytinya, Minibar, Pepe-, y a sus habitantes. “Es una ciudad en la que los residentes se aseguran de apoyar a sus vecinos y a sus negocios, cuando las cosas van bien y cuando van mal”, señaló el cocinero. Una muestra de esos ciudadanos, ilustrativa de la vida de esta ciudad, se congregó el martes en Jaleo para celebrar su aniversario: congresistas, embajadores, periodistas, representantes de organismos internacionales, funcionarios públicos...

El cocinero español logró reunir en el mismo espacio a la juez del Tribunal Supremo, Sonia Sotomayor, al presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, o a los embajadores de España o Haití, un país con el que José Andrés se ha implicado intensamente tras el terremoto de 2010. Todos departiendo alrededor de un vino español, una de las tapas marca José Andrés o un plato de paella, como predica el anfitrión. “Un restaurante es un lugar perfecto para disfrutar de la conversación y conocer a gente nueva”, indicó.

José Andrés no se olvida que detrás de su éxito subyace “una cocina”

En Jaleo también se encontraban personas que se embarcaron en la aventura de José Andrés desde el mismo inicio, como Rodolfo Guzmán. Guzmán comenzó de fregaplatos en Jaleo y ha terminado siendo uno de sus jefes de cocina. “En estos 20 años nunca dejé de aprender”, comentó a EL PAÍS. Para Guzmán el secreto de la fórmula de José Andrés es el “trabajo duro y las ganas de evolucionar”.

En estos 20 años, el restaurador español ha labrado un imperio culinario, imparte clases en Nueva York y en Georgetown, lidera varios proyectos benéficos, tiene línea directa con los Obama o los Clinton y ha entrado en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de Time. Sin embargo, José Andrés no se olvida que detrás de su éxito subyace “una cocina”. “Al final, lo que hay en la calle 7 es una cocina”, una cocina que ha colocado a Washington en el mapa de las ciudades gastronómicas de EE UU y que se ha convertido en la mejor embajadora de las tapas en este país.