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Muere el crítico de cine Roger Ebert

El ganador de un Pulitzer fallece a los 70 años a causa de un cáncer que le había dejado ya sin la capacidad de hablar ni comer

El crítico de cine Roger Ebert, en una imagen de 2009.
El crítico de cine Roger Ebert, en una imagen de 2009. AP

En Ratatouille, aquella mítica película de Pixar sobre la cocina, el crítico gastronómico Anton Ego sufría un choque radical cuando el sabor de ratatouille le devuelve a su infancia. Roger Ebert nunca tuvo esa epifanía, porque nunca olvidó lo que le había llevado a ser crítico cinematográfico: su amor al cine, una pasión que le llevó hasta a explorar las nuevas tecnologías como el Twitter. En esa red social (@ebertchicago) y en su blog encontró rápidamente a nuevas generaciones de seguidores; el martes en su blog colgó un post de despedida temporal –que sonaba a algo peor- rematado con un “nos vemos en las películas”. Ayer, Ebert perdió su guerra contra un cáncer de tiroides que le había sido diagnosticado en 2002 (escribió largo y tendido sobre ello en su diario, The Chicago Sun-Times) e Internet se llenó de millones de mensajes dolientes. Con Ebert no solo se va uno de los críticos más influyentes del siglo XX, sino de los más vistos gracias a su programa de televisión en el que debatía mano a mano con otro grande desaparecido, Gene Siskel, y el único de su profesión en recibir el premio Pulitzer, en concreto en 1975. En España, centenares de sus seguidores hemos leídos sus libros sobre las grandes películas, imprescindible consulta en los tiempos en que Internet era una entelequia.

Roger Ebert nació en Urbana (Illinois) en 1942. Allí mismo estudió en la Universidad, mientras empezaba a escribir en magazines sobre cine de ciencia ficción y hacía sus pinitos en la radio. Empezó haciendo diversos reportajes para periódicos de Chicago y cuando la crítica de cine Eleanor Keane dejo el Sun-Times en abril de 1967, el director puso en su puesto a Ebert, que llevaba un año en el diario. Ebert en poco tiempo logró su fama como un crítico para el hombre de la calle. Él defendía que las películas no pueden compararse todas entre sí, sino en sus diferentes géneros y escalas. En 1975 por sus críticas recibió el premio Pulitzer, y sus columnas se publicaban, sindicadas, en más de 200 periódicos. En 2005 recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Sin embargo, la fama de Ebert llegó cuando empezó su programa de televisión con otro grande Gene Siskel (que también murió de cáncer, en 1999, a los 53 años), crítico del diario The Chicago Tribune. Fueron casi dos décadas de televisión en un programa que fue cambiado de nombre pero que sobre todo se recuerda por Siskel & Ebert at the movies. En cada entrega hablaban de unas cinco películas y finalmente con el pulgar indicaban si les gustaba o no. Por eso popularizaron la expresión “dos pulgares arriba”, en plan antigua Roma. Sus seguidores apreciaban su sinceridad, su falta de prejuicios nacida de ese amor a cualquier clase de cine, que demostró en que escribió varios guiones con Russ Meyer, entre ellos Más allá del valle de las muñecas. Los artículos de Ebert estaban llenos de humor, seco y rápido –que también lucía en televisión-, y sus libros (más de 15, casi todos revisiones de sus columnas) contenían toda esa sapiencia y esa capacidad ecléctica para de repente sorprender con apasiones disertaciones sobre películas a priori ramplonas. La última crítica de Ebert fue sobre The host (La huésped), a la que le otorgó 2,5 estrellas sobre cuatro. Aunque siempre defendía a Ciudadano Kane como la película más importante, su top 10 lo componían Aguirre, la cólera de dios, Apocalypse now, Ciudadano Kane, La Dolce Vita, La general, Toro salvaje, 2001: una odisea del espacio, Cuantos de Tokio, El árbol de la vida y Vértigo. Uno de sus mejores (y más hilarantes) libros era Películas que nunca deberías ver (editorial Robin Book).

Desde que le diagnosticaron su cáncer, Ebert se convirtió sin quererlo en abanderado de los enfermos que negaban a ser apartados por la enfermedad y/o su tratamiento. En los últimos años incluso cuando le fue extirpada parte de su mandíbula y su mejilla, perdió el habla y se alimentaba a través de un tubo, siguió trabajando, aprovechando el púlpito de su web, y continuó con sus clases en la Universidad de Chicago y con su Ebertfest, el certamen de cine que se celebra en la Universidad de Urbana y cuya 15ª edición arranca el próximo día 17 (en el próximo se proyectará Blancanieves, de Pablo Berger).

En sus grandes momentos, él solo podía hundir una película o lograr que de la nada aumentara su taquilla. Ayer, Twitter rebosaba de mensajes de directores, actores y cinéfilos en general que recordaban sus grandes frases o los mejores descubrimientos de su carra. Hasta el presidente de EE UU, Barack Obama, y su esposa, Michelle se declararon "entristecidos" por su fallecimiento. “Cuando a Ebert no le gustaba una película era honesto. Las películas no serán lo mismo sin Roger", subrayó el presidente, que agregó que incluso en medio de su batalla con el cáncer "siguió compartiendo su pasión y puntos de vista con el mundo".