CRÍTICA DE 'POPULAIRE'
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Nostalgia mecanografiada

En el primer episodio de la serie Mad men, Joan Holloway le hace una visita guiada por su nuevo entorno laboral a la recién llegada Peggy Olson, que culmina en su mesa de secretaria, presidida por una aparatosa máquina de escribir IBM. “Intenta no agobiarte con toda esta tecnología. Parece complicada, pero la diseñaron para que pudiera usarla incluso una mujer”, remata Joan Holloway en uno de esos fragmentos de diálogo que delatan, en la serie creada por Matthew Weiner, la mirada de un moralista contemporáneo sobre una época cuyas desigualdades —de sexo, raza y estatus— considera totalmente superadas. Mad men levanta, así, su discurso sobre una contradicción: la fascinación, no solo estética, por un universo al que parece estar reprendiendo en cada línea de diálogo.

POPULAIRE

Dirección: Régis Roinsard.

Intérpretes: Romain Duris, Déborah François, Bérénice Bejo, Shaun Benson, Miou-Miou, Eddy Mitchell.

Género: comedia. Francia, 2012.

Duración: 111 minutos.

Algo ligeramente distinto sucede en Populaire, debut en la dirección de Régis Roinsard, comedia romántica mezclada con la épica de las películas de competición deportiva —en este caso, el torneo es dactilográfico— que podría haberse inspirado en otra frase de la Holloway: “Fingen querer una secretaria, pero la mayoría de las veces buscan algo entre una madre y una camarera”. La película se ambienta en unos años cincuenta, donde un puesto de secretaria podía significar el mayor grado de triunfo profesional y emancipación del entorno familiar para una mujer. A diferencia de Weiner, Roinsard no juzga ese microcosmos y le sale una película tan luminosa como inútil, un anacronismo escrito en un estilo visual que recuerda a esa línea clara de síntesis que practicaron algunos historietistas europeos en los ochenta.

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