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CRÍTICA DE 'MAPA'

Confieso que (me) he filmado

Una película-diario sobre cuatro años de existencia, un relato que casi funciona como un espejo

Elías León Siminiani, en 'Mapa'.rn
Elías León Siminiani, en 'Mapa'.

La experiencia personal como fuente principal, y quizá única, de la inspiración y de la creación. Autoficción. Una práctica habitual en el cómic y esporádica en la literatura, aunque casi nunca experimentada en el cine. No a la manera de Woody Allen, que probablemente lleva décadas contándonos su propia vida, sus conversaciones, sus neurosis, convertidas en películas de ficción. Sino a la manera única, provocativa y casi impudorosa de Elías León Siminiani. Mapa, “una película-canción”, según reza el subtítulo de su trabajo. ¿Una gran mentira, como I‘m still here, de Cassey Affleck? No, al menos eso dice Siminiani en las entrevistas. Y tampoco lo parece. ¿Una gran verdad? Por supuesto. Una confesión en toda regla. Siminiani filma y filma; a veces hasta se filma. ¿El resultado? Una película-diario sobre cuatro años de existencia, un relato que casi funciona como un espejo que acaba convirtiéndose en una comedia romántica generacional sobre un treintañero que no (se) encuentra.

MAPA

Dirección: León Siminiani.

Género: documental. España, 2012.

Duración: 85 minutos.

“Cuando te miras al espejo, el reflejo que te devuelve, ¿es una máscara de ti?”. La letra de la canción-emblema de la película, Walk out, de Matthew Sweet, resume el espíritu de Mapa. Siminiani, mediante una voz en off perpetua, narrada por él mismo, experimenta con la conjunción entre música e imágenes, se ayuda de grafismos, reflexiona sobre su trabajo, sobre su vida, sobre el cine en general, marca pautas (autor)referenciales, viaja a India y dibuja un mapa físico de su trayecto que en realidad es un mapa humano. Con un socarrón sentido del humor, en su primer largometraje tras una serie de cortos impactantes, ya fuera en esta línea de autoficción (Límites: 1ª persona), en otra, más cercana a la denuncia sociopolítica (El tránsito), o en otra más, donde se parte de la realidad para acabar en la ficción (El premio, candidato al Goya al mejor cortometraje de ficción en la pasada edición de los galardones), Siminiani ha compuesto una obra única; insólita, pues no se parece a nada, y casi insolente, al poner al espectador en la tesitura de tener (para luego querer, desear) que inmiscuirse en territorio ajeno, como el que se cuela en la casa de otro, casi en corazón ajeno. Su poder de observación, que más tarde revela poder de imaginación, le lleva de aquí para allá y, quizá como en la vida, y como pocas veces en el cine, no hay posibilidad de clímax final, lo que quizá deje el cuerpo un tanto mustio después de tantas revueltas. Pero así es la realidad. ¿O era ficción? No. Siminiani confiesa que (se) ha filmado.

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