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Los lobos se unen al rescate

‘Pura vida’ indaga en la existencia de la decena de alpinistas que intentaron salvar a Iñaki Ochoa

El documental lleva más de 25.000 espectadores

El montañero kazajo Dennis Urubko, en uno de sus entrenamientos. Ampliar foto
El montañero kazajo Dennis Urubko, en uno de sus entrenamientos.

El 23 de mayo de 2008 Iñaki Ochoa de Olza murió en la cara sur del Annapurna. El fallecimiento del navarro no fue una muerte más en el Himalaya. Por la personalidad del alpinista y por los compañeros que intentaron salvarle. El documental Pura vida no habla de esa agonía, ni tampoco indaga mucho —huyendo de la hagiografía— en Ochoa, sino que filma la vida de la decena de montañeros que no tuvieron ni una duda en subir a una de las cumbres más complicadas de la Tierra en su rescate.

En justo pago a ese riesgo fílmico, Pura vida ha obtenido, desde su estreno hace tres meses, más de 25.000 espectadores en las salas de Navarra, País Vasco, Barcelona y Madrid. “En Barcelona ha sido un éxito”, cuenta Pablo Iraburu (Pamplona, 1969), codirector del filme junto a Migueltxo Molina. “Pep Guardiola puso un vídeo a sus jugadores sobre este rescate hecho con material de Canal + y con nuestras imágenes antes de un partido importante”. Efectivamente, el entrenador del Barça motivó a sus futbolistas en las horas previas a un choque contra el Málaga para reforzar el espíritu del grupo y superar una mala racha. Lo lograron. “Iniesta y Puyol vieron después nuestra película, la recomendaron en Twitter y nos vino muy bien”.

Pura vida ha viajado a 11 países y ha filmado en su día a día a los rescatadores. Tipos duros, ascetas y místicos de su pasión. “Tienen una relación como animales. Son lobos solitarios, pero cuando tienen un interés mutuo forman su jauría”. Los rusos y el kazajo son ejemplos extremos: “Ni siquiera se plantean el bien o el mal. Hacen lo que hacen porque es lo que tienen que hacer”.

Iraburu ya había codirigido el documental Nömadak Tx, y tanto él como Molina pertenecen a Arena Comunicación Audiovisual. “Nos encargaron a la productora un corto sobre Ochoa y así fue como nos implicamos en la historia, como conocimos a los protagonistas, que vinieron a Pamplona al homenaje. Descubrimos que eran figuras con una personalidad digna de ser retratada. Normalmente grabas perros, allí teníamos tigres”. Una canadiense, un kazajo, dos rusos, un rumano, un suizo, un estadounidense, los nepalíes... Pura vida cuida muchísimo sus imágenes con una belleza que hipnotiza al espectador, rodando a esos hombres apresados entre la ciudad y el campo. “Como referente usamos Stalker, de Andréi Tarkovski; incluso investigamos las ópticas que había usado. También nos gusta la cámara al hombro de El luchador, de Darren Aronofsky. Debíamos tener clara la estética antes de filmar, porque rodamos en 11 países durante un año y no se podía improvisar”.

Aunque, como en todo buen documental, de la nada aparece la magia. Alexei Bolotov escaló el Annapurna con Ochoa y el rumano Horia Colibasanu. Solo Bolotov hizo cumbre, y dejó a Ochoa y a Colibasanu en una tienda mientras bajaba a por ayuda. Volvió a subir a por sus compañeros. Él se define como un “montañero prudente”. Y entonces su esposa salta: qué dices, si escalas mucho solo, si te has perdido varias veces. “Alexei se perdió una semana antes del estreno en el festival de San Sebastián. Por suerte apareció a dos días de la proyección”. Esta vez, uno de los lobos encontró su camino de regreso.

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