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Fragmento de ‘Sorgo rojo’

La primera novela del Nobel Mo Yan sirvió de base para el debut en la dirección de Zhang Yimou. El resultado, el Oso de Oro en el festival de Berlín de 1988

El escritor chino Mo Yan es el nuevo Nobel de literatura "por su realismo alucinatorio, que une el cuento, la historia y lo contemporáneo", según la Academia sueca. Y es cierto: los cinéfilos recordamos con admiración la adaptación que en 1987 realizó Zhang Yimou de su novela Sorgo rojo. Curiosamente era la primera novela de Mo, la primera película de Zhang y la primera vez que aparecía en pantalla la actriz Gong Li, protagonista del filme. El drama obtuvo el Oso de Oro de Berlín en 1988 y supuso el lanzamiento internacional de la pareja Zhang-Li.

En aquella Berlinale, Ángel Fernández-Santos salió maravillado del pase y escribió: "Ayer, hablar aquí de cine chino sonaba a eso mismo, a chino, a asunto de marcianos. Hoy, después del estreno de Sorgo rojo, este entuerto se ha enderezado en parte. Ya hay aquí, al alcance de amantes del buen cine, una película china, y son muchos los que van a quedar sorprendidos ante la sensación de cercanía que les va a causar esto que ayer era para ellos cosa extraterrestre [...]. 

No es este filme —aunque tiene características de interpretación, tiempo y ritmo que chocan con la educación occidental— un ejemplo de exotismo. Por el contrario, sorprende de él su ajuste con las leyes del clasicismo cinematográfico, tal como son universalmente entendidas. Tratándose de un asunto argumental local, lo es a la, manera de los grandes westerns: un localismo perfectamente inteligible desde cualquier latitud del planeta.

Una hermosa, enérgica y, al mismo tiempo, sutil película. Hecha en nuestras antípodas, parece de aquí al lado, nos concierne, nos habla en nuestro propio murmullo profundo, el que parece empujar, oculto detrás de las sábanas blancas de las pantallas, sobre las evidencias de lo que ocurre encima de ellas, dando así hondura a su horizontalidad. Excelentes actores componen tipos totalmente veraces, que saben combinar suavidad y dureza —Sorgo rojo contiene, junto a desgarros épicos y líricos, un sólido ejercicio visual sobre la violencia— en esa delicada tierra de nadie que proporciona magia y densidad al escaso, cine que sabe encontrar los accesos a la crucial zona intermedia que hay entre lo oculto y lo evidente en una pantalla".

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