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La Habana, catálogo del derrumbe

PhotoEspaña dedica una gran retrospectiva al trabajo de Carlos Garaicoa

'Ángel decapitado', de Carlos Garaicoa. Ampliar foto
'Ángel decapitado', de Carlos Garaicoa.

Al comenzar la década del noventa, cuando Cuba se sumergió de golpe en la noche del Periodo Especial, Carlos Garaicoa empezó a hacer retratos íntimos de su ciudad. En un principio fueron fotografías desnudas de ruinas y deshechos urbanos de La Habana, documentos de la dura realidad de un país cuya caída libre había comenzado mucho antes de la desaparición del bloque socialista. En aquel momento Garaicoa utilizó el lenguaje de la arquitectura para hacer un inventario de aquel descalabro social: en sus imágenes reunió pedazos cercenados de columnas, capiteles abandonados en parques, hierros retorcidos en céntricas avenidas, solares sembrados de escombros, esquinas del casco histórico apuntaladas de forma milagrosa y secuencias de lugares por los cuales pasaba cada día y veía depauperarse hasta el derrumbe.

Aquellas primeras fotos en si mismas tenían valor documental, pero se convirtieron además en el punto de partida de exploraciones más profundas. Para Garaicoa, aquellas ruinas nunca fueron piedra muerta sino que a través de ellas y de los espacios que los edificios derruidos dejaban de ocupar, o los que todavía ocupaban sus despojos, podían establecerse relaciones y conexiones ocultas que dibujaban un mapa muy vivo de la sociedad, en el caso de Cuba marcada fatalmente por el fracaso de la utopía.

La historia, según este artista, se encuentra contenida “en las calles que diariamente atravesamos, en los objetos que las habitan y en las líneas que dibujan sobre cada uno de nosotros”. Por eso, “arrancar el secreto de una ciudad y ponerlo al descubierto” fue siempre uno de los objetivos de su obra. Durante años sus exposiciones trataron de llamar la atención crudamente sobre aquello tan tremendo que estaba sucediendo y con lo que la gente convivía sin apenas darse cuenta, o sin darse por aludida.

Aquella inicial materia prima de trabajo, básicamente fotografías con pocos personajes humanos pues la ciudad y sus pedazos eran los protagonistas, abrió las puertas a una creciente “intervención” de Garaicoa, como si al transformar las imágenes se pudiera también reinventar la realidad. Así, el material que le proporcionaba La Habana fue enriqueciéndose, y en la medida en que sus instalaciones se hicieron más complejas, la palabra escrita cobró mayor protagonismo. A sus fotografías y dibujos le nacieron alfileres en las que se enroscaron hilos delgadísimos que tejieron palabras y textos con comentarios irónicos y poéticos sobre la realidad retratada, y luego llegaron el estuco calado con láser y los juegos de líneas arquitectónicas, o las cartografías iluminadas y las imágenes de construcciones modernas acribilladas a balazos.

El discurso de Garaicoa, cada vez más conceptual, pronto salió de La Habana y se hizo universal. Por cada lugar que pasaba encontraba y atrapaba similares miserias y claves (Luanda, Houston, Londres, que más da), pues la decadencia y la crisis era la de todas las ciudades contemporáneas y su víctima el hombre común y corriente.

En Un día cualquiera en que La Habana se detuvo a recordar Berlín, los restos de las murallas coloniales de la capital cubana se fundieron con el muro de Berlín —el verdadero, el terrible, el de la guerra fría—, y de su estancia en Madrid —donde reside desde hace siete años, aunque mantiene abierto su estudio en La Habana, en el que trabajan un equipo formado por arquitectos, diseñadores, maquetistas e historiadores— surgió El triunfo de Carabanchel, en la que el cadáver del portón de la antigua cárcel madrileña es asimilado por el Arco del Triunfo de París.

De este largo camino recorrido por Garaicoa trata La fotografía como intervención, exposición que se inaugura en la Fundación ICO el 6 de junio (y permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre) en el marco de PhotoEspaña. Se trata de la más completa retrospectiva realizada hasta ahora sobre la obra fotográfica del artista cubano, dos décadas de trayectoria que recogen su interés inicial por la fotografía documental y su inquietante catálogo de ruinas. Junto a ellas, una muestra de imágenes a color sobre espacios arquitectónicos y urbanos de varias ciudades del mundo, así como una serie desarrollada para el proyecto Memorias íntimas: marcas, exorcismo de los traumas de la guerra de Angola que costó a Cuba más de 2.000 muetos. Por último, y muy destacable, se incluyen algunos de sus obras más recientes, en los que juega y rompe con los límites de la fotografía tradicional y trabaja, por ejemplo, con imágenes que se tridimensionalizan en poliestireno a partir de la escala de grises de sus fotos documentales. Coincidiendo con la exposición, La Fábrica edita el primer libro de fotografía de Garaicoa, los mismos 20 años del artista pero centrados en las imágenes puras y duras (la mayoría inéditas) que inspiraron sus “intervenciones” y reflexiones posteriores. El libro es sobrecogedor: aunque no sólo trata de La Habana, cuando uno cierra la última página está deshecho por tanto destrozo y tanta utopía.