Ibrahim Thiaw: “Hay que prepararse mejor frente a las sequías, los agricultores franceses están cultivando ya cereales africanos”

El máximo representante de Naciones Unidas contra la desertificación advierte de que el 40% de las tierras del mundo ya sufren este grave problema, lo que afecta a la mitad de la humanidad

Ibrahim Thiaw, secretario general de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, este jueves en Madrid.
Ibrahim Thiaw, secretario general de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, este jueves en Madrid.Samuel Sánchez

Las olas de calor no son el único fenómeno climático negativo que va a volverse más frecuente en España con el calentamiento del planeta. El secretario general de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, Ibrahim Thiaw (1957, Tékane, Mauritania), advierte a los países mediterráneos de que deben prepararse mejor para un aumento de las sequías. España es este viernes sede mundial del Día contra la Desertificación, con un encuentro en Madrid que reúne a expertos nacionales e internacionales sobre este grave problema. Entre ellos está Thiaw, el máximo representante de Naciones Unidas en la materia, que incide en las muchas implicaciones mundiales que tiene la degradación de las tierras, aunque ocurra en lugares aparentemente muy alejados.

Pregunta. ¿Cómo afecta la desertificación al mundo en la actualidad?

Respuesta. La desertificación es un fenómeno global muy serio, el 40% de las tierras emergidas del mundo están ya afectadas por la degradación, lo que afecta a la mitad de la humanidad.

P. ¿Qué significa que el 40% de las tierras estén afectadas por la degradación?

R. Significa pérdida de producción agrícola, déficit del agua, inmigración irregular… todo esto tiene consecuencias para la humanidad. Cuando uno no puede producir más en su tierra, no le queda más remedio que emigrar. Es el caso de Haití, del Sahel, de Afganistán. Son zonas donde la pérdida de producción es tan grande que emigras o mueres. Esto es válido para los humanos, pero también para los animales. A veces es por falta de alimentos, de agua, incluso de madera, cuando hay que ir muy lejos para buscar leña para quemar.

P. ¿De qué forma agrava esta situación el cambio climático?

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R. El cambio climático amplifica la desertificación y la desertificación amplifica el cambio climático, es un círculo vicioso. Cuando se degrada la tierra, libera más CO₂, lo que provoca un mayor riesgo de sequías y fenómenos naturales violentos, que a su vez aumentan la degradación de la tierra. Es un círculo vicioso en el que el equilibrio natural se ha roto esencialmente por la actividad humana. Esto puede llamarse cambio climático, sequía, pérdida de la producción agrícola.

P. ¿Qué países son los más vulnerables a la desertificación?

R. Cuando la población de un país depende esencialmente de la naturaleza, ya sea de la agricultura de supervivencia o la pesca, si la naturaleza se degrada, pierde su PBI. La naturaleza es el PIB de los pobres. Cuanto más se depende de la naturaleza, menos resiliente se es frente al cambio climático, la degradación de tierras y la sequía.

P. ¿En qué nivel de riesgo se encuentra España?

R. Los países del Europa del sur y del Mediterráneo son particularmente vulnerables al cambio climático y a la degradación de las tierras. Estamos consumiendo este capital antes de dejar que se regenere de forma natural, como pasaba antes. Hay sequías cada vez más frecuentes y cuando golpean, como ocurre ahora en España, son duras y tienen consecuencias muy graves. Esto puede afectar a la agricultura, a la generación de energía o incluso al abastecimiento de agua de las ciudades. Es el caso de México, donde hoy se está racionando el agua en Monterrey, la tercera ciudad más grande del país. Es el caso también de Sudáfrica, donde en 2017 casi se alcanzó el día cero, es decir, el momento en el que ya no hay suficiente agua para simplemente alimentar a la población, beber o para satisfacer las necesidades domésticas. Ya no hablo de la agricultura, ni de la industria, sino de causas humanitarias.

Thiaw pide revisar los métodos de producción y consumo.
Thiaw pide revisar los métodos de producción y consumo.Samuel Sánchez

P. ¿A qué nos enfrentamos en la cuenca mediterránea?

R. España, Portugal, Grecia, Marruecos, Argelia, toda la cuenca mediterránea se enfrenta a una situación de cambio climático acelerado combinada con la degradación de las tierras. Es una zona en la que la producción agrícola se va a ver comprometida a largo plazo si no se toman precauciones. Si no se toman medidas para adaptar las semillas, las técnicas agrícolas o el uso del agua. Estos fenómenos van a ser cíclicos y cada vez más frecuentes. Es importante que los países mediterráneos tomen conciencia de que hay que prepararse mejor frente a las sequías, estamos viendo que los agricultores franceses están cultivando ya cereales africanos.

P. ¿Qué piensa de la fuerte repercusión que está teniendo la ola de calor estos días en España?

R. Las olas de calor son un fenómeno muy serio. La población europea no está adaptada a estas situaciones y hay que evitar la pérdida de vidas humanas. Pero es cierto que hay distintos niveles de catástrofe: hoy en África del Este hay 26 millones de personas amenazadas por el hambre. Hay millones de animales salvajes y domésticos que han muerto, incluidos camellos, que son especialmente resistentes.

P. ¿En Europa se presta mucha atención a los eventos climáticos extremos cercanos, pero muy poco a los de África?

R. La sequía en África ha salido en medios de comunicación y hay agencias humanitarias que han dado la voz de alarma, pero es cierto que no ha tenido el mismo eco. Sin embargo, como ocurre con el efecto mariposa, los impactos de las sequías no solo son locales y pueden tocar lugares muy lejanos. Esto puede ocurrir por la inmigración, porque haya gente que no quiera morir y empiece a moverse, por crisis de seguridad… Se ha visto que hay fenómenos de amplificación de la inseguridad ligados a una mala gobernanza ambiental, como ocurre en el Sahel.

P. ¿Qué deben hacer los países para prevenir los peores impactos?

R. Hay que poner en marcha sistemas de alerta temprana más robustos, pues la ciencia puede prever estas situaciones con tres o cuatro meses de adelanto. Se pueden ver las tendencias, para avisar que ese año puede haber sequía. Esa información debe llegar a los agricultores pobres. Así es cómo se previenen todas las catástrofes, hace falta mucha preparación. Cuando se espera a que llegue la sequía para adaptarse ya es demasiado tarde.

P. ¿Hay que gestionar de forma distinta el agua?

R. El agua y la tierra son como hermanos gemelos. Cuando no hay suficiente agua, no hay una buena agricultura. Cuando hay demasiada, tampoco hay una buena agricultura. El agua es fuente de vida y de muerte. Es la primera causa de muertes en el mundo, sea por enfermedades, por inundaciones… Así pues, la gestión del agua es una de las llaves de la estabilidad del mundo del siglo XXI. El agua puede ser hoy en día un factor de conflicto o de estabilidad, depende de cómo se gestione.

P. ¿Cómo afecta esto a la economía global?

R. Los recursos de la tierra son particularmente importantes para la estabilidad del mundo, se está viendo cómo la crisis en Ucrania está provocando un déficit alimentario en otros países. Si no tenemos cuidado, puede haber consecuencias muy graves para la economía mundial. Hay que conseguir la alianza de la ecología, el comercio internacional y las finanzas mundiales. No tenemos elección: o revisamos nuestros métodos de producción y consumo, o vamos hacia un precipicio.

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Sobre la firma

Clemente Álvarez

Es el coordinador de la sección de Clima y Medio Ambiente de EL PAÍS y está especializado en información ambiental, cambio climático y energía. Ha trabajado para distintos medios en España y EE UU, como Univision, Soitu.es, la Huella en La2 de TVE... Fue también uno de los fundadores de la revista Ballena Blanca.

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