Un estudio descubre un desconocido comportamiento del metabolismo a través de cuatro etapas de la vida

La capacidad de quemar calorías alcanza su momento álgido en el primer año, aumenta poco hasta los 20, se mantiene estable hasta los 60 y decae en la tercera edad

Varios niños, acompañados por adultos, pasean por un arroyo en Valencia el pasado jueves.
Varios niños, acompañados por adultos, pasean por un arroyo en Valencia el pasado jueves.Jorge Gil - Europa Press (Europa Press)

El metabolismo, el conjunto de reacciones químicas que tienen lugar en las células del cuerpo para convertir los alimentos en energía, es una víctima propiciatoria habitual para justificar el aumento de peso: el cuerpo pierde potencial de quemar calorías. Un artículo publicado el jueves en Science desmiente esta creencia y revela que esta capacidad aumenta en el primer año de vida, cuando el cuerpo necesita completar la madurez de sus sistemas, disminuye hasta los 20 años, se mantiene estable hasta los 60 y se reduce en la tercera edad.

Más información
La ciencia explora el valor del ayuno para luchar contra el cáncer

El estudio, cuyo autor principal es Herman Pontzer, de la Universidad de Duke (EE.UU), ha recabado información de 6.500 personas con edades comprendidas entre los 8 días y los 95 años. Además de identificar los cuatro periodos fundamentales del metabolismo, también acaban con otro mito de género. Según la investigación, “no hay diferencias reales entre las tasas metabólicas de hombres y mujeres si tienen condiciones similares”.

El gasto energético diario total se acelera rápidamente en neonatos y llega a ser el doble del valor medio de los adultos

El trabajo revela que “el gasto energético diario total se acelera rápidamente en neonatos y llega a ser el doble del valor medio de los adultos”, sin embargo, después de un año, disminuye hasta alcanzar unos niveles que, entre los 20 y los 60 años, se mantiene estable. “Incluso durante el embarazo”, advierte Pontzer. A partir de esa edad disminuye hasta alcanzar los niveles más bajos en los últimos años de vida. “Estos cambios arrojan luz sobre el desarrollo humano y el envejecimiento y deben ayudar a dar forma a las estrategias de nutrición y salud a lo largo de la vida”, sostiene Pontzer.

Rozalyn Anderson, profesora de medicina en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde estudia el envejecimiento, completa el trabajo de Pontzer con un artículo que acompaña a la investigación y destaca que esta obliga a revisar las ideas existentes. En este sentido sostiene: “El metabolismo no se trata solo de energía, de cómo el cuerpo maneja el combustible nutritivo y lo convierte en moneda energética utilizable. El metabolismo también abarca la síntesis, modificación e intercambio de todos los aspectos de la función celular. Actúa como sensor y regulador. Las exigencias energéticas de la actividad física se superponen a una maquinaria ampliamente integrada”.

Samuel Klein, director del Centro de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y que no ha participado en el estudio, ha resumido a The New York Times cómo este trabajo desvincula el aumento de peso del metabolismo con un sencillo y comprensible análisis: “Cuando se trata de aumento de peso, el problema es el mismo que siempre ha sido: las personas están comiendo más calorías de las que están quemando”.

Pontzer explica que, en el caso de los bebés, para los que parece más justificado un mayor gasto energético, el estudio revela algo desconocido: “Claro que están creciendo, pero incluso una vez que se controla eso, su gasto energético se dispara más de lo que cabría esperar para su tamaño y composición corporal. Algo ocurre en el interior de las células del bebé para hacerlas más activas y aún no sabemos cuáles son los procesos”.

Según la Universidad de Duke, para la que trabaja el autor principal del estudio, “el metabolismo de los bebés puede explicar en parte por qué los niños que no comen lo suficiente durante ese período de desarrollo tienen menos probabilidades de sobrevivir y convertirse en adultos sanos”.

Ni la adolescencia ni los embarazos alteran la menor progresión del metabolismo. A partir de los 90 se necesita un 26% menos de calorías que cuarenta años antes

Ese metabolismo acelerado de los bebés disminuye una media de un 3% cada año hasta llegar a los 20. Ni siquiera la adolescencia altera esta menor progresión. Pontzer admite: “Pensábamos que la pubertad sería diferente y no lo es”.

La investigación detalla que el gasto energético se mantiene estable hasta los 60 años, incluso en condiciones de embarazo, cuando cabría pensar que la gestación demandaría un mayor gasto. Sin embargo, el estudio lo descarta.

El metabolismo no empieza a perder capacidad hasta los 60 años. A partir de ahí pierde cada año un 0,7% de poder, por lo que una persona nonagenaria pasa a precisar un 26% menos de calorías que cuarenta años antes.

Pontzer concluye: “Hay muchos cambios fisiológicos que se producen al crecer y envejecer. Pensemos en la pubertad, menopausia y otras fases de la vida. Lo extraño es que el calendario de nuestras etapas metabólicas de la vida no parece coincidir con esos hitos”.

Puedes seguir a MATERIA en Facebook, Twitter e Instagram, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Sobre la firma

Raúl Limón

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, máster en Periodismo Digital por la Universidad Autónoma de Madrid y con formación en EEUU, es redactor de la sección de Ciencia. Colabora en televisión, ha escrito dos libros (uno de ellos Premio Lorca) y fue distinguido con el galardón a la Difusión en la Era Digital.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS