LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

“No teníamos un plan de qué hacer en una pandemia”

El ministro de Ciencia, Pedro Duque, defiende la reacción del Gobierno español y exige a la oposición que abandone los “gritos” y acuerde aumentar el presupuesto para investigación

En vídeo, entrevista a Pedro Duque, ministro de Ciencia e Innovación. INMA FLORES | Vídeo: LUIS MANUEL RIVAS

Cuenta Pedro Duque que el Gobierno se estaba preparando para una catástrofe desde hace seis meses. Era parte de un ejercicio llamado CRISEX que coordinaba el Departamento de Seguridad Nacional. Se quería ensayar la reacción del Ejecutivo ante una crisis desconocida. “Yo supuestamente no sabía cuál era la simulación”, explica el ministro de Ciencia e Innovación, un astronauta que ha viajado dos veces al espacio. “Al igual que hacemos en preparación de vuelos espaciales, hay un equipo de malos que definen los problemones que le van a pasar a uno en el cohete. Íbamos a hacer ese ejercicio, que no sé si se ha hecho antes en toda en la historia de España, el 15 de abril”.

Nunca se realizó porque el desastre llegó solo: la mayor crisis del siglo XXI, desencadenada por un virus que saltó de un animal a un humano e inició una cadena de contagios que suma 2,6 millones de infectados y 185.000 muertos en todo el mundo. España —213.024 casos de covid, 22.157 muertos— es uno de los países más castigados por la pandemia. En una entrevista con EL PAÍS, realizada este jueves en la sede de su ministerio, Duque (Madrid, 57 años) revive los primeros momentos de la crisis y explica qué necesita el país para que la próxima pandemia no cause un daño tan devastador.

Pregunta. Usted sabe pilotar una nave espacial Soyuz, ha tenido puestos de responsabilidad en empresas aeroespaciales, ha sido ministro de Ciencia durante una legislatura... ¿Es la lucha contra la covid lo peor a lo que se ha enfrentado en su vida?

Respuesta. Es, por supuesto, una situación nueva para mí porque de las decisiones que toma el Gobierno puede depender la vida de muchas personas. Es muy intenso. Lo que sé después de 30 años de operaciones y de resolver situaciones de emergencia es que el éxito proviene de la preparación que hiciste. Y nos hemos encontrado en Europa con que no teníamos unos planes hechos, concretos y operativos, ni leyes especiales. Y todo esto habría que haberlo hecho hace ya bastantes años.

P. ¿Y por qué no se hizo? Los expertos llevan años avisando de que iba a haber una pandemia que probablemente provendría de una zoonosis, y así ha ocurrido.

R. No lo sé, pero debe de ser por alguna razón muy común, porque todos los países están igual, salvo aquellos donde verdaderamente golpearon muy fuerte las anteriores pandemias. Todos los demás teníamos planes, pero no eran exhaustivos. No contemplaban reacciones automáticas; si te encuentras en una situación de emergencia, esos métodos tienen que estar engrasados y deben estar todo el rato funcionando. Y eso no lo teníamos porque se debía haber hecho mucho más énfasis en la ciencia de la epidemiología. Creo que simplemente nos concienciamos a base de palos. Y es que debe ser así. Los que hacen política tienen que tratar de pulsar qué es lo que quiere la sociedad y tener planes de epidemiología también supone a veces un engorro. Puede suponer cerrar la economía, como hemos visto. Esas decisiones son muy difíciles de tomar si nunca te ha tocado y, desgraciadamente, así ha sido.

P. ¿Recuerda usted en qué momento empieza el Gobierno a darse cuenta de que esto no era una gripe, como se decía, y que nos enfrentábamos a una gran pandemia?

R. Es que no había datos suficientes. Es un virus completamente nuevo. Todo lo que nos llegaba estaba modulado por los datos que teníamos sobre cómo funcionaba la pandemia. Se creía que los que no tenían síntomas no estaban contagiando, y reaccionamos a eso. Nos dimos cuenta de que algo estaba pasando dos o tres días antes del estado de alarma y, de hecho, ahí declaró la OMS la pandemia. En ese momento se vio que lo que estaba ocurriendo no cuadraba con lo que nos decían las predicciones de la OMS ni con la información que provenía de China, y por supuesto ya se empezó a hablar de que teníamos que hacer algo. Tardamos dos o tres días en armar el aparato legal que hace falta para realizar esa restricción tan inmensa de derechos de las personas que hubo que hacer. Yo creo que se hizo deprisa.

P. Ya el 14 de enero la OMS sugirió por primera vez que había riesgo de transmisión entre personas. El estado de alarma se decreta el 14 de marzo, pasan dos meses. Este jueves hemos publicado en EL PAÍS que los primeros datos de los genomas que se han secuenciado en España sugieren que el virus estaba ya en febrero, cuando a finales de ese mes Fernando Simón [coordinador de Emergencias del Ministerio de Sanidad] afirmaba que en España “ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad”. ¿Se ha reaccionado tarde?

R. No se ha reaccionado tarde, es que se ha reaccionado con los datos existentes y modulados por lo que supuestamente era el conocimiento científico anterior. Si hubiera habido datos científicos suficientes como para saber que había un porcentaje importante de gente que tenía el virus, pero no tenía síntomas y estaba contagiando, todos hubiéramos reaccionado diferente. Reaccionamos según lo que nos decían que era la verdad científica y lo cierto es que no teníamos la información correcta. A todos los países les ha pasado prácticamente lo mismo. En el momento en que se empezó a ver que no cuadraba, que no era verdad esto que nos habían dicho, en ese momento hemos reaccionado.

P. Usted ha dicho que existe la posibilidad de que España encuentre la primera vacuna contra el coronavirus, pero la OMS incluyó las dos candidatas españolas en su lista de más de 100 hace solo unos días. Una de las vacunas de esa lista, la de Janssen, ha recibido una financiación pública y privada de 1.000 millones de dólares, mientras el Gobierno ha puesto sobre la mesa 4,5 millones de euros para el Centro Nacional de Biotecnología, que es donde están las vacunas candidatas. ¿Ha exagerado la rapidez con la que puede España desarrollar una vacuna?

R. Yo no creo que haya exagerado porque he estado en el CNB y lo he visto. Allí hay dos proyectos de vacunas y una de ellas está ya en el laboratorio; es cuestión de refinar y poder hacer pruebas. Y hay varias más. Otros países tienen otros candidatos a vacuna y algunos están en fase uno de ensayos en humanos para seguridad [en EE UU, China y Reino Unido]. Nosotros simplemente decimos que las investigaciones que están haciendo los científicos españoles son diferentes. Van a la máxima velocidad que permite la ciencia y como no se sabe cuál de las diferentes aproximaciones será mejor, aunque llevamos unas pocas semanas de retraso, todavía existe la posibilidad de que la que desarrollan investigadores españoles sea la que funcione. Respecto a la financiación, todas esas cantidades de dinero que menciona son para la escalada de la vacuna, para fabricar un montón de ellas. Todavía no estamos ahí. Cuando lleguemos ahí veremos si tenemos fe en las vacunas que se van a hacer en España. Para los primeros ensayos no se requieren miles de millones, ni siquiera millones. Pero si es cuestión de dinero, habrá que encontrarlo. Eso está clarísimo.

P. ¿Y después? ¿Se ha calculado el dinero que haría falta para vacunar a toda la población española?

R. Tenemos números, pero no son para publicarlos en este momento.

P. ¿Y hay una fecha en que podamos decir que habrá una vacuna española?

R. Lo que queremos es una vacuna que funcione. No vamos a ser chovinistas. Si el esfuerzo de España se tiene que encaminar hacia conseguir que tengamos las dosis suficientes, sobre todo para la gente que más lo necesite, de una vacuna desarrollada en otro sitio, eso será lo importante.

P. Respecto a los test, muchos científicos dicen que han puesto a disposición de las autoridades sus laboratorios y han sido escuchados muy tarde. ¿Es eso así?

R. Lo que ha ocurrido es que todo ha sucedido muy deprisa. Todos los esfuerzos se han enfocado a hacer las pruebas diagnósticas que requerían los médicos que estaban en primera línea de batalla en un hospital, que eran quienes los necesitaban; las decisiones que hemos tomado respondieron a las necesidades de los hospitales. Y ese esfuerzo ha dado bastante buenos resultados porque empezamos con unos 10.000 test y ahora estamos en 50.000 al día. Ahora ya la presión asistencial ha disminuido y, por lo tanto, ya podemos pensar en otros motivos para hacer test. Por ejemplo, el análisis serológico que vamos a hacer. El motivo ahora es conocer la enfermedad y ofrecer mejores datos científicos a las personas que tomamos las decisiones políticas. También ha habido otro problema adicional y es que para poder darles test a todos los hospitales ha habido que hacer acopio de todos los suministros en el mercado mundial que hemos podido adquirir. No hemos podido repartirlos a los centros científicos. Ahora tenemos otra panorámica.Tenemos cinco empresas españolas certificadas para fabricar test de PCR. Hemos publicado un nuevo procedimiento mucho más rápido para tener ya precualificados todos los centros científicos para cuando sean necesarios para otra cosa quizás, que no sea la batalla inmediata. Ha ido todo muy deprisa. Y es que han pasado tres semanas. Yo respondo muchas veces que el Gobierno de España, las instituciones, todo el mundo se ha movido a una velocidad tan vertiginosa que quien no está dentro, no se da cuenta de lo asombroso que es lo rápido que hemos hecho las cosas.

P. España no da los datos de cuántos test hace y cuántos son positivos cada día de una forma estable, como sí hacen otros países. ¿Por qué?

R. Eso está relacionado también con la velocidad a la que todo ha ido. No teníamos un plan de qué hacer en una pandemia. Ahora ya lo sabemos: lo que hay que hacer es poner muchísima más gente a recabar datos y recopilarlos en alguna autoridad central. Los sanitarios tenían una necesidad imperiosa de tratar al máximo número de pacientes y de darles el mejor tratamiento posible. Y no teníamos otros profesionales recabando datos y, al final, los datos que se generan en un hospital, después van a una consejería, después al Gobierno central. Esos datos han tardado en llegar, pero no porque nadie haya ocultado nada, sino porque no daban abasto. ¿Cómo se puede hacer presión sobre la gente que está batallando para que no se le mueran ciudadanos en un hospital? Ahora es cuando empezamos a tener un flujo más continuo de datos.

P. ¿Hace España suficientes test?

R. Mucha gente reclama que se hagan test a toda la población. El país que más test puede hacer por día es Alemania. España realiza unos 50.000 al día y Alemania hace el doble, pero tiene el doble de población. Si cogiéramos los datos de todos españoles y los lleváramos a los laboratorios de Alemania tardaríamos un año y medio en hacer el test a toda la población. Y si sumáramos todos los laboratorios del mundo entero seguramente tardaríamos varios meses. No estamos engañando a nadie. No estamos haciendo test a todo el mundo porque físicamente es imposible. Y por supuesto que estamos mirando todos los desarrollos nuevos, que sean más rápidos. Pero no hay test rápidos que te definan si tienes o no tienes hoy la enfermedad y que sean medianamente fiables. Nosotros hemos hecho todos los intentos. Te mandan una muestra, le haces todas las pruebas y no funciona. No hay una malicia de no hacer tests ni hay una desidia de no sumar laboratorios. Es que, por muchos que sumes, esa no es la solución, porque somos muchos. Dentro de un mes y medio puede ser completamente distinto. Esperemos que existan esos otros test que sean eficaces, rápidos y que se puedan fabricar masivamente y que no necesiten personal especializado. Esto es lo que pasa en esta pandemia: con cada nuevo descubrimiento o desarrollo tecnológico tendremos que tomar nuevas decisiones.

P. ¿Cuándo espera que se conozcan los resultados de los ensayos que se están haciendo en pacientes españoles para saber si la gente desarrolla inmunidad completa y duradera?

R. Hay docenas de institutos científicos intentando averiguar esto, pero hay que ser humilde. No conocemos el cuerpo humano con una precisión tan inmensa como para predecir si la inmunidad va a durar. Hay coronavirus estudiados, que ya los conocemos, que crean inmunidad, y otros que no. Y se parecen un montón los unos a los otros. Ahora mismo ya no es una cuestión de escuchar a la ciencia y hacer cosas según la ciencia. Ahora desde el Gobierno exigimos ciencia. Dirigimos nuestros instrumentos científicos a que encuentren estos datos que tanta falta hacen.

P. ¿Es lógico levantar las medidas de restricción antes de que se obtengan los resultados del test serológico, que tardarán unos dos meses?

R. El resultado final, con su comprobación científica, tardará, pero tendremos resultados intermedios que iremos procesando. Ahí sí que hemos puesto suficiente gente como para que las cosas rueden rápido. Hay que mantener la distancia social cuanto más tiempo, mejor. Pero por otro lado la gente tiene que ir a trabajar porque, si no, al final no tendremos recaudación de impuestos ni para pagar a los médicos. Así tampoco podemos seguir. Es un equilibro difícil. Y luego hay otro elemento muy importante que nos ha mostrado el grupo de científicos multidisciplinar con el que trabajamos. Existen daños de salud causados por el confinamiento. Por ejemplo, para los niños es un daño de salud a su desarrollo y pueden estar adquiriendo malos hábitos, y también hay gente mayor cuya salud depende de los paseos, de moverse, de hacer ejercicio físico, de ver cosas. Hay muchos trastornos que ocurren con una edad muy avanzada que empeoran si uno no tiene estímulos. Todo esto tenemos que ponerlo en la balanza. Cómo se sale de esta situación de confinamiento no está escrito en los libros, tenemos que escribirlos ahora.

P. Con los datos que maneja el Gobierno, ¿hay una estimación de cuándo habrá cero muertes por coronavirus o cero contagios?

R. Estamos ante una evolución impredecible. No tenemos suficientes datos. Necesitamos hacer mucha más ciencia para conseguir todos estos datos. No sabemos ni siquiera cuánta gente está contagiada y sin síntomas. Por eso tenemos que hacer este estudio serológico y otra serie de análisis. Yo por ejemplo les he preguntado a los científicos, ¿qué habría que hacer para que la gente pueda ir al cine? ¿Basta con estar a un metro, dos? En un principio, la línea que nos da la OMS es un metro y medio, mejor si son dos, y menos de 15 minutos. Entonces no se puede ir al cine. Todo esto tenemos que medirlo, hacer experimentos. Tenemos que saberlo mejor porque de las decisiones que tomemos depende la salud de las personas y no se pueden tomar a la ligera. ¿Cómo afectan los cambios en la conducta de la gente a la evolución de la pandemia? No tenemos realmente números que nos lo digan.

P. Ha dicho usted que el Gobierno reclama ciencia. Estamos pidiéndoles a los científicos que, en un tiempo récord, nos den respuestas que, como ha dicho, muchas veces no tenemos. Pero es que, además, la ciencia española está particularmente afectada por unos recortes sostenidos desde el año 2009 que la han dejado muy tocada. ¿Hasta qué punto esos recortes están teniendo ahora consecuencias?

R Los laboratorios científicos españoles que están trabajando en estas vacunas y antivirales son muy potentes a pesar de la financiación que han tenido. Hay investigadores que están descubriendo vacunas y que tienen un contrato que no es ni siquiera indefinido. Esto lo hemos estado intentando arreglar en estos años. Tenemos 1.300 plazas para regularizar a este tipo de personal, pero la maquinaria administrativa no nos ha dejado todavía. Vamos a tardar años en revertir esta década de recortes.Tenemos unos laboratorios de primerísima calidad, pero no porque hayan estado apoyados con recursos de primerísima calidad, sino porque los científicos los han mantenido en marcha de forma heroica. Es lo mismo que decimos ahora de los sanitarios, pero los científicos han estado así una década. Habrá gente que diga cínicamente que si los científicos son buenos y hacen vacunas con el poco dinero que les damos, ¿para qué darles más? Y hay que responderles. El sistema es inestable. Los investigadores están haciendo vacunas aquí de milagro. Todos tienen ofertas muchísimo mejores en otros países; de hecho, muchos están en otros institutos del mundo. Si queremos ciencia y tener el nivel de países como Alemania o Francia, tenemos que tener la misma financiación. ¿Y por qué queremos esa ciencia? Porque se hacen descubrimientos que necesitamos, por ejemplo, para afrontar pandemias. Y necesitamos descubrimientos también para que mejore el conocimiento general del país y que las empresas tengan productos mejor vendibles. ¿Por qué en España los sueldos son más o menos la mitad que en Alemania? Quizá porque las empresas tienen una competitividad más baja. ¿Y eso cómo se sube? Con investigación, desarrollo de nuevos productos, exportación, con ganar el mercado, con ir por delante. E ir por delante no se hace sin investigar.

P. ¿Puede que este golpe de realidad que nos hemos dado haga que aumenten los presupuestos de ciencia?

R. Personalmente lo tengo claro. En España esta crisis no se puede resolver con los mismos parámetros completamente fallidos con los que resolvimos la crisis anterior. En otros países de Europa hubo recortes, pero la ciencia siempre subió. En España se recortó en investigación y en todo lo que nos podía sacar de la crisis. Y yo creo que eso está claro: en los próximos Presupuestos, y veo mucho apoyo dentro del Gobierno y del presidente, no se puede hacer lo mismo que en 2008.

P. ¿Cuál sería su mensaje al resto de partidos políticos, muy críticos con el Gobierno?

R. Tengo fe en que salgan de esta espiral de gritos y de crítica ácida y bajen a lo que verdaderamente es necesario, que es llegar a una serie de acuerdos básicos sobre las partidas fundamentales. Hay que llegar a un acuerdo básico y hay que bajar el nivel de mala fe. No entiendo cómo es posible que se haya llegado a convencer a tanta gente de que hay mala fe en el Gobierno, que hacemos las cosas para fastidiar. No entiendo cómo es posible que lleguemos a ese nivel de irresponsabilidad por parte de algunos políticos. Hacemos las cosas lo mejor que podemos, se cometerán errores y se cometen y se admiten, pero hay que ir un poquito más hacia la crítica constructiva y a los acuerdos.

P. ¿Qué necesita España para poder prever la próxima pandemia y que no tenga estas consecuencias tan devastadoras?

R. Primero, tenemos que tener un sistema robusto de ciencia e innovación que tenga recursos de sobra y que nos permita recurrir a él cuando sea necesario. Por ejemplo, las empresas que fabrican los suministros necesarios para hacer test son pequeñas, con una dosis mucho mayor de entusiasmo que de estabilidad. Todo eso hay que mejorarlo. Las empresas españolas tienen que ser más grandes. Por otro lado tenemos que tener procedimientos aprobados para estas emergencias. Que quede claro que no son leyes y procedimientos partidistas, sino que el país se tiene que preparar; incluso habrá que aprobar leyes específicas, de manera que la próxima vez no haya batalla para definir qué parámetros son necesarios para entrar en modo de lucha contra una pandemia.

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