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Del ‘caso Pujol’ a la consulta soberanista

Mas arranca el curso en el que CiU se juega su futuro

Unió insta al Constitucional a no invalidar el 9-N

Artur Mas, en un acto en Talamanca (Manresa).
Artur Mas, en un acto en Talamanca (Manresa).

El Gobierno catalán arranca esta semana un curso político lleno de incertidumbres e interrogantes. El presidente Artur Mas reunirá mañana a su gabinete con la incógnita de si dará el paso y convocará la consulta soberanista pese a la más que probable suspensión del Tribunal Constitucional. La única certeza es que Mas inició sus vacaciones garantizando que su único plan es votar y que en el caso de que se invalide el referéndum convocará a todos las fuerzas soberanistas para dar una respuesta unitaria. Pero, pese a las presiones del Gobierno central, que le insta a desandar lo andado, y de sus socios, que le piden sacar las urnas a la calle, el único que tiene la llave del laberinto es Mas, sacudido además por las consecuencias del fraude de los Pujol.

Los partidos soberanistas han clamado para que el Alto Tribunal no invalide la votación tras el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias que validó el viernes —con cuatro votos particulares— la Ley de Consultas de la que penderá el referéndum. Antoni Font, secretario general de Unió, pidió al Constitucional que no de el paso y aseguró que le costará encontrar con un “ápice de inconstitucionalidad”.

El calendario tiene varias fechas claves: la Diada el 11 de Septiembre, con la duda de si la Asamblea Nacional Catalana completará la V llenando la Diagonal y la Gran Via. La semana siguiente, el Parlament celebrará el debate de Política General y aprobará la Ley de Consultas coincidiendo con el referéndum de Escocia. Antes de la Mercè, Mas firmará la convocatoria de la consulta.

El primer interrogante del proceso es conocer cuándo comparecerá en la cámara Jordi Pujol que será citado el día 2 por la Comisión de Asuntos Institucionales. Si se cumple el protocolo de otras asistencias voluntarias, se someterá a las preguntas de los diputados esa misma jornada. Distanciada al máximo de su fundador, a Convergència le interesa que la sesión se celebre lo antes posible para alejarla de la repercusión que pueda tener sobre la Diada. La cúpula nacionalista se ha pronunciado con enorme frialdad sobre Pujol al irritarle que su defensa haya optado por bloquear la información de sus cuentas en Andorra —contrariando a Unió— y no piensa ejercer de su portavoz.

Con la alargada sombra del caso Pujol sobre CDC, Mas tendrá varias opciones sobre la mesa si quiere cumplir con su promesa de ir a votar: tirar adelante con la consulta y desobedecer al Constitucional como le pide Oriol Junqueras y la CUP o romper con sus socios y convocar elecciones. Pero correría un alto riesgo: perder el Gobierno si se produce en esa cita el sorpasso que hubo en las europeas en favor de los republicanos. El PSC se ha ofrecido como socio pero miembros de esa formación creen que a Mas no le queda más remedio que avanzar los comicios. Por si acaso, Font recordó ayer que Unió se opone a una Declaración Unilateral de Independencia. El PP vaticina otro escenario: que nada cambiará y que Mas y ERC recularán —quizá ésta entrando en el Gobierno— para alimentar el “victimismo” renunciando al 9-N.