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Un Vonnegut (mucho) más Vonnegut

La nueva versión de ‘Matadero cinco’, una novela que se aparta de las convenciones de la lengua escrita, ilustra bien la evolución de la traducción literaria en España

Kurt Vonnegut en Beverly Hills, Los Ángeles, en 1990.
Kurt Vonnegut en Beverly Hills, Los Ángeles, en 1990.Getty

Es fácil olvidar hoy en día la significación cultural que debió de tener la publicación en 1976 de la primera traducción al español de Matadero cinco de Kurt Vonnegut. La publicó Grijalbo, editorial señera de la época tanto por su extenso catálogo de literatura marxista como por su apuesta por el cosmopolitismo cultural. Publicada en Estados Unidos en 1969, la novela ya llegaba envuelta en controversia por los distintos intentos de censura de que fue objeto, unos intentos que se han prolongado hasta el presente. Sacar al mercado en la España posfranquista Matadero cinco, una sátira abrasadora del militarismo que desarrolla también múltiples críticas al cristianismo y extiende en todas las direcciones la burla escéptica de su autor, parece toda una declaración de intenciones.

No sorprende en este sentido que Kurt Vonnegut fuera adoptado un lustro más tarde por la emblemática colección Contraseñas de Anagrama. Anagrama no sólo repescó la traducción original de Matadero cinco (firmada por Margarita García de Miró), sino que publicó las obras mayores de Vonnegut en compañía de nombres como Brautigan, Bukowski o Philip José Farmer. Una colección que apostaba rabiosamente por la modernidad, la heterogeneidad y, en palabras del mismo editor, los escritores “forajidos”.

Aunque Matadero cinco ya es un clásico incontestable de la contracultura de la década de 1970, la obra de Vonnegut también corre el peligro de quedar subsumida en una oleada que, generada por las dinámicas editoriales, tiende a borrar todo lo que no sea el presente inmediato. En este sentido, sólo se puede aplaudir vigorosamente la iniciativa de la editorial Blackie Books de comprar el catálogo entero del autor, así como la de la editorial Males Herbes, que empezó recientemente a publicar la obra de Vonnegut en catalán. A estos proyectos editoriales hay que sumarles la reciente (y excelente) adaptación de Matadero cinco al formato de novela gráfica, firmada por el dibujante catalán Albert Monteys. Paradójicamente, Vonnegut vuelve a las mesas de novedades, ya no como símbolo de modernidad, sino como emblema de un pasado cultural que la mayoría de lectores ya no recuerda pero que no conviene olvidar.

Antes de mediados de los 70, el oficio estaba marcado por la censura y un conocimiento imperfecto de las lenguas extranjeras. La cara positiva es que eran traducciones en un castellano muy sólido, no contaminado por ese lenguaje plagado de calcos conocido como “el español de las traducciones”

Valorar los méritos de la nueva traducción de Matadero cinco frente a la ya existente de los años 70 es algo que sólo estoy dispuesto a hacer con mucha cautela y teniendo muy en cuenta el contexto de ambas. Retraducir un clásico contemporáneo no sólo implica re-contextualizarlo culturalmente. En los cuarenta y cinco años transcurridos también ha cambiado el idioma español, la forma en que traducimos y el concepto mismo de traducción literaria.

En líneas generales, la traducción literaria en España antes de mediados de los 70 estaba marcada por una fuerte presencia de la censura, un conocimiento imperfecto de las lenguas extranjeras y un respeto a veces deficiente por la integridad de la obra original. La cara positiva es que eran por lo general traducciones en un castellano muy sólido, todavía no contaminado por ese lenguaje más rígido y plagado de calcos que llegaría a conocerse como “el español de las traducciones”.

Los traductores españoles de los años 70 y 80, y aquí es imposible no referirse al gran trabajo de editoriales como Anagrama, Lumen o Tusquets, son la primera generación de traductores profesionales “modernos” en nuestro país, que conocen bien el idioma de origen y reproducen con minuciosidad e integridad el significado de la frase. En ocasiones, esta corrección ejemplar podía producirse a expensas de cierta literalidad y una presencia abundante de huellas de la traducción. Muchos de aquellos libros “suenan” ciertamente a libros traducidos. Es responsabilidad de la actual generación de traductores aprender de aquella época y aprovechar la formación y los recursos superiores que tenemos hoy para pasar de las buenas traducciones a las traducciones brillantes.

En su versión de Vonnegut, Miguel Temprano ha practicado con solvencia la idea de que la traducción se vuelve más fiel paradójicamente cuando sabe alejarse del original

Pese a lo que pueda parecer, Matadero cinco no es una novela fácil de traducir. Como bastantes obras de Vonnegut, está narrada exactamente como si un amigo te estuviera contando una historia de viva voz, sin apenas concesiones a los recursos de la lengua escrita. De entrada, reproducir con fidelidad el contenido del libro a la vez que se conserva esa voz es tarea imposible. Se puede conseguir, eso sí, una aproximación satisfactoria, y conseguirla sólo puede ser fruto de la veteranía y de la habilidad como escritor del traductor. En este sentido, es un acierto que la editorial le encomendara la tarea a un traductor bregado en mil batallas como Miguel Temprano, especializado precisamente en retraducir clásicos modernos (Adiós a las armas, 1984, Orlando, Gatsby).

Probablemente gracias a esa veteranía, Temprano sabe que elidir una parte de los pronombres personales de sujeto, reordenar los complementos de una frase o resolver en activa frases que en inglés están en pasiva es el primer paso fundamental para aproximarse a la dicción del original. Sólo por esto, su Vonnegut ya es mucho más Vonnegut. Hay que sumarle una gama de elecciones léxicas acertadas, basadas en el “menos es más”, en no huir del coloquialismo y en esa falta de miedo a las repeticiones del original que tanto incomoda a algunos editores. A menudo esos mismos giros coloquiales son la fuente del humor sutil de la novela. Y la pura confianza en sí mismo del traductor, junto con su apuesta por la maleabilidad del lenguaje, demuestran por qué la traducción literaria se vuelve más fiel paradójicamente cuando sabe alejarse del original, y sabe alejarse la distancia justa.

Javier Calvo es novelista, traductor de autores como J. M. Coetzee, Joan Didion, David Foster Wallace o Zadie Smith y autor del ensayo sobre la traducción ‘El fantasma en el libro’ (Seix Barral)..

Matadero cinco

Kurt Vonnegut. Traducción de Miguel Temprano. Blackie Books, 2021. 216 páginas. 21 euros.
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