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Gimnasios solo para mujeres, ¿de verdad eran necesarios?

El 14% de las mujeres se ha sentido alguna vez intimidada durante la práctica de ejercicio. ¿Más argumentos?

gimnasios para mujeres

Está comprobado: lo rosa vende. A la supuesta neutralidad masculina se le añade un toque de color… et voilà, el mismo producto marca un cero más. Este fenómeno que las teóricas han denominado tasa rosa se traduce en cifras: las mujeres pagan 1.300 dólares (1.200 euros) anuales más que los hombres por los mismos artículos, según informó la revista Forbes. Y en los gimnasios, hay un filón. Según la encuesta Hábitos deportivos de los españoles 2015, hay más mujeres abonadas a gimnasios que hombres: el 19,4% de la población femenina frente al 16% de varones. Ellas se decantan un 8% más que ellos por los establecimientos privados; en muchas ocasiones, por centros de fitness dedicados en exclusiva a las féminas. Entre los más famosos, la franquicia Curves, que cuenta con 70 locales en toda España. A la luz de este negocio parece sensato preguntarse si estos centros de deporte especializados cumplen una función específica o son solo un producto de marketing más.

El entrenador personal José Cano, uno de los responsables de la sucursal de los gimnasios femeninos Giveme5 en Madrid, encuentra que las mujeres se sienten más cómodas en estos espacios. “Hay hombres que miran con descaro hacia su pecho o glúteos en los gimnasios mixtos, y eso no les permite sentirse relajadas a la hora de realizar sus ejercicios. Por ejemplo, en una sala de fitness y musculación suelen entrar muy pocas mujeres”.

Contra las gymtimidation

No se trata de casos aislados: una encuesta publicada por la revista Cosmopolitan Body concluyó que el 14% de las mujeres se sentían intimidadas en el gimnasio porque algún varón las observaba de manera lasciva mientras entrenaban. Esta forma de intimidación machista es tan habitual que ya tiene nombre propio: gymtimidation, de la que Google arroja casi 40.000 resultados. En el mismo informe, un 97% de las usuarias reconocieron que se sentirían intranquilas ante la posibilidad de desnudarse en los vestuarios. Para la psicóloga Jara Pérez, responsable de Therapy Web, esta es una consecuencia lógica de la cosificación permanente de su imagen. “Las mujeres, dada la historia de acoso callejero, tenemos bastantes problemas para sentirnos seguras en espacios mixtos”.

"Muchas chicas, por timidez o porque no se sienten a gusto con su físico, prefieren no rodearse de hombres para entrenar” (Celia Ordóñez, directora de gimnasio femenino)

Celia Ordóñez, directora del veterano gimnasio femenino EstilízaT Gym, señala otros de los factores que llevan a que muchas se sientan molestas en los gimnasios mayoritarios. “A nuestro club vienen mujeres musulmanas y judías porque allí no hay hombres y así pueden entrenar tranquilamente con la cabeza destapada o con leggins. También vienen muchas chicas jóvenes que, bien por timidez, bien por problemas con su físico, prefieren no rodearse de hombres para entrenar con ropa ajustada”.

Ejercicios personalizados

Las mujeres tienen un metabolismo diferente al de los hombres. “Por cuestiones hormonales y de anatomía, a la hora de tonificar ellas deben trabajar zonas muy específicas que presentan una mayor flacidez, como la cara interna del muslo o la parte inferior de los brazos. Además, la mayoría no quieren muscularse, solo lograr un endurecimiento: en nuestro club trabajamos con máquinas que lo consiguen sin llegar al tan temido aspecto musculado”, desarrolla Ordóñez. Las tablas de entrenamiento también se ajustan al factor hormonal femenino y distintas etapas como la ovulación, la menstruación, el embarazo o la menopausia, que modifican el funcionamiento normal del metabolismo. “Estos procesos hacen que las mujeres atraviesen fases de retención de líquidos, aumento del abdomen o del pecho, agotamiento físico, desánimo, descolgamiento del suelo pélvico, osteoporosis... ”, apunta Ordóñez.

¿Se adaptan entonces las máquinas a la persona en cuestión? En el mercado no existen aparatos diseñados exclusivamente para mujeres, y los estándar resultan grandes para las chicas de menor talla. “Los problemas de altura tienen que solucionarse con almohadillas especiales”, explica Ordóñez. El entrenador personal José Cano se muestra de acuerdo. “En el 95% de las ocasiones se pueden regular, pero es cierto que existen aparatos más exclusivos de glúteos y de piernas que las mujeres utilizan más”, y son en los que se centran los gimnasios femeninos.

Una motivación diferente

Existe otro componente que también difiere: el psicológico. “Somos radicalmente distintos a la hora de ponernos en forma”, prosigue Ordóñez. En la encuesta Hábitos Deportivos de los Españoles publicada en el año 2015, el porcentaje de hombres que realizaban ejercicio por diversión o entretenimiento era casi un 10% mayor al de las mujeres. Lo desarrolla Ordóñez: “Hay un elevado porcentaje de mujeres que lo hacen porque ven que su cuerpo acusa mucho el paso de los años o por recomendación médica. Por eso queremos ponérselo fácil: su entrenamiento debe ser efectivo, porque si ella no ve resultados pronto, se dará de baja”.

Pero, ¿qué pensaríamos si hubiera gimnasios solo para hombres? Sin duda, a muchos les parecería mal. "Creo que por una cuestión emocional", dice la psicóloga Jara Pérez. "A lo largo de la historia las mujeres nos hemos visto excluidas de demasiados espacios, quizás por eso algunas de ellas se podrían sentir ofendidas por el hecho de que existiesen gimnasios masculinos. Además, nosotras no solemos monopolizar o dominar el espacio como lo hacen los hombres". A fin de cuentas, puede que los gimnasios mixtos sean, visto lo visto, casi de ellos.

¿Nadie va a hablar del olor de pies?

El dermatólogo Miguel Ángel Gorospe, especialista en Dermatología Clínica y Anatomía Patológica Cutánea en la Clínica Imema, apunta a otro factor que podría resultar desagradable para las mujeres a la hora de entrenar en un gimnasio mixto: el olor. Un estudio que puso en marcha el instituto científico Monell Chemical Senses Center, de Filadelfia (EE UU), aseguró que ellas tenían una mayor capacidad para detectar el hedor corporal en los hombres. “El aroma que producen las glándulas apocrinas (localizadas en axilas, genitales y mamas) se produce por la descomposición bacteriana. Existen una serie de factores que predisponen para que esto ocurra, como la mala higiene corporal o las enfermedades de origen metabólico como la diabetes o las alteraciones tiroideas. Pero en los varones el mal olor suele ser más frecuente en las plantas de los pies”, resume el doctor.

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