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La postal, con 145 años, se resiste a morir frente a las aplicaciones de intercambio de imágenes

Correos desarrolla el programa Mi Postal, que imprime y manda al buzón cualquier imagen y texto enviados desde un dispositivo digital

Imagen de una postal centenaria de Málaga realizada por Rafael Garzón.

La postal, que llegó a ser una forma de comunicación exitosa y un próspero negocio por las ventas de recuerdos turísticos a principios de siglo, no termina de sucumbir ante el avance de aplicaciones para compartir imágenes. El valor de recibir un recuerdo en papel subsiste 145 años después del envío oficial de la primera postal en España, remitida en 1873, aunque la real orden que creó esta modalidad es del 15 de septiembre de un año antes. Correos dispone de una aplicación (Mi Postal), cuyo editor de imágenes ha sido renovado, para emitir desde cualquier dispositivo digital una fotografía acompañada de gráficos y textos que la entidad pública transforma en postal física y entrega en el buzón del destinatario. Más de 150.000 personas la han usado.

Postal de Córdoba realizada por Rafael Garzón.
Postal de Córdoba realizada por Rafael Garzón.

El granadino Rafael Garzón (1863-1923), algunos de cuyos principales fondos se encuentran en Archivo Municipal de Córdoba tras un singular hallazgo en un inmueble en ruinas, fue uno de los pioneros de la fotografía turística que derivó en la postal. A finales del siglo XIX llegaban viajeros que buscaban los paisajes románticos difundidos por autores como Prosper Mérimée, Théophile Gautier o Washington Irving. El fotógrafo empezó a fotografiar la Alhambra de Granada para esos esos turistas, que buscaban un recuerdo de su estancia.

El negocio atrae a más emprendedores y Garzón, entre otros, busca una forma de aportar algo más. Su fotografía postal incluye a los turistas disfrazados de moriscos, toreros, bailaores o bandoleros en un escenario que recuerda a la Alhambra, la mezquita o la Torre del Oro, y con atrezo original, como una espingarda (antiguo fusil de cañón largo) marroquí con incrustaciones de plata o sables y cuchillos africanos.

La llegada siglo y medio después de decenas de aplicaciones para el intercambio instantáneo de imágenes ha convertido el envío de postales en una costumbre minoritaria.

Isabel Fernández y su amiga Gema, administrativa y vendedora de automóviles y de 50 y 46 años, respectivamente, acordaron hace una década que se enviarían una postal de cada lugar que visitaran. Han cumplido hasta la fecha, aunque cada vez les resulta más complicado. Sin embargo, ambas conservan con cariño las fotografías recibidas, que no son todas las enviadas porque algunas nunca llegaron al destino.

Para evitar la incomodidad de encontrar un lugar donde comprar sellos y un buzón, la aplicación de Correos permite que el remitente mande cualquier foto o secuencia que realice o almacene en su dispositivo, a la que puede incorporar textos, marcos y gráficos. Con la misma aplicación se paga a Correos (desde 1,99 euros, según destino), que por ese precio convierte la imagen en una postal en papel, la ensobra, la franquea y la entrega en el buzón convencional.

Desde su creación, más de 150.000 postales han vuelto a los buzones y 5.000 personas han utilizado la renovación de la aplicación desde su lanzamiento, el pasado mes de febrero.

La primera tarjeta postal se imprimió en Austria en 1869. En poco tiempo le siguieron otras naciones de Europa y América como medio para intercambiar breves mensajes, saludos o textos cifrados durante los conflictos bélicos. En España, los suizos Oscar Hauser y Adolfo Menet fueron los primeros editores de postales. La más antigua que se conserva es del 1 de noviembre de 1892. Esta postal iba destinada a Italia, se titula “Recuerdo de Madrid” e incluye cuatro pequeñas vistas impresas en tinta ligeramente verdosa.

Drones para entregas en zonas de difícil acceso

La postal no es la única innovación con la que trabaja Correos. La empresa española ha ensayado también el uso de un dron de tecnología híbrida en las instalaciones del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de Castro de Rey (Lugo) para la entrega de paquetes y correspondencia en zonas de difícil acceso permanente o temporal, por causas meteorológicas adversas.

La tecnología híbrida, desarrollada en colaboración con la startup española FUVEX, permite al dron despegar y aterrizar en vertical, desplegarse y dejar la carga en cualquier superficie plana sin necesidad de disponer de una infraestructura asociada así como volar hasta cinco veces más distancia que los drones convencionales, por lo que pueden cubrir largos recorridos en un solo viaje.

Los drones ensayados llegan a los 100 kilómetros por hora y son capaces de soportar vientos de hasta 40 Km/h. El aparato opera en modo avión de forma autónoma de acuerdo a las circunstancias que detecte a través de sus sensores y de las instrucciones recibidas desde la base.

Además de su uso para zonas de difícil acceso, el dron puede realizar tareas de transporte en situaciones de emergencia (medicamentos, desfibriladores, balizas o baterías)

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