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El coronavirus también amenaza a la economía en China

"El impacto puede ser mucho mayor del que tuvo el SARS", apunta Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia de Natixis

Vista de los rascacielos de Wuhan, esta semana. En vídeo, los efectos del coronavirus en el turismo.

La inactividad y la incertidumbre dan estos días a China un extraño aire sonámbulo. Apenas circulan vehículos o pasea gente por las calles. Más de 46 millones de personas están bloqueadas por la cuarentena. Muchos transportes, suspendidos. Las clases en los centros de enseñanza, canceladas hasta nueva orden. Los comercios, cerrados. El coronavirus de Wuhan, que ya ha matado a 170 personas e infectado a más de 7.800, amenaza con dejar, al menos a corto plazo, profundos efectos en la economía del país, que ya afrontaba su menor crecimiento en décadas, el 6,1%.

Según ha apuntado el economista Zhang Ming, de la Academia China de Ciencias Sociales —el principal think tank estatal chino—, en declaraciones que recoge la revista Caijing, el crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año podría reducirse en un punto porcentual y situarse en el 5% o incluso menos, debido al parón a causa del virus.

Estos días, las ciudades chinas parecen enormes desiertos. Cines, museos, y atracciones turísticas han cancelado sus operaciones. La mayoría de las tiendas continúan cerradas; las que han abierto —con los dependientes bien cubiertos por una mascarilla—, apenas registran actividad, excepto las que venden comestibles. Muchos restaurantes no se han molestado en reabrir pese a que, en condiciones normales, estos serían días de hacer caja: ahora el público evita los lugares concurridos. En el núcleo industrial de Suzhou, las fábricas tienen prohibido reabrir hasta el 8 de febrero. En Shanghái, las empresas no retomarán su actividad al menos hasta el 9.

Junto al consumo, el sector más afectado por las medidas de contención ha sido el transporte. Al bloqueo de buena parte de Hubei, la provincia donde se encuentra Wuhan —el foco de la infección—, se suma la recomendación de evitar los desplazamientos en la medida de lo posible. Los aeropuertos, en la que debía ser su época de mayor actividad del año, están semivacíos. Se han paralizado rutas de autobús de larga distancia y de tren de alta velocidad. Los viajes al exterior con touroperadores se han suspendido. Según los datos oficiales del Gobierno, el transporte ha caído con respecto a las fechas de Año Nuevo lunar de 2019 en un 28,8%. En el sector ferroviario, el descenso llega al 41,5%. En el aéreo, el 41,6%.

La situación no podía llegar en peor momento. El Año Nuevo chino es, como las Navidades o el Black Friday en Occidente, el momento de mayor gasto en el consumo, un sector de cada vez más peso en el PIB chino. Una demanda débil y los sobresaltos causados por la guerra comercial entre Estados Unidos y China habían dejado el crecimiento económico en el 6,1%, su nivel más bajo en tres décadas.

El impacto del coronavirus en la economía china puede ser mucho más importante que el que tuvo el SARS”, explica Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia del banco de inversión Natixis. García-Herrero alude al síndrome que, provocado también por un coronavirus de la misma familia que el de Wuhan, surgió en 2003 en un mercado de Cantón (sur de China) para dejar casi 800 víctimas mortales en todo el mundo.

Entonces, aquella epidemia restó un punto porcentual al crecimiento chino durante el segundo trimestre del año, que se situó en el 9,1%. Las ventas al por menor cayeron a la mitad. Aunque el golpe a la economía fue solo temporal, y en trimestres posteriores el crecimiento recuperó sus niveles previos por encima del 10%.

Pero ahora, apunta García-Herrero, “China depende mucho más del consumo de lo que dependía en 2003, y el consumo se va a desacelerar sin ninguna duda”. A los bienes de lujo y duraderos hay que sumarles el sector de la hostelería. “Son muchos sectores que se van a ver afectados, y que son mucho más importantes para el crecimiento chino de lo que eran en 2003, cuando la demanda externa era la clave”, señala.

“En China durante 2019, el consumo contribuyó cerca de 3,5 puntos porcentuales al crecimiento real total de un 6,1% del PIB. Un cálculo rápido apunta a que si el gasto en esos servicios cayera en un 10%, el crecimiento total del PIB caería en cerca de 1,2 puntos porcentuales”, apunta la consultora S&P Global Ratings en una nota.

Los primeros indicios no son alentadores. En su reapertura tras las vacaciones, las acciones en la Bolsa de Hong Kong han retrocedido un 2,4%. Debido al cierre de las principales cadenas y la suspensión de los grandes estrenos, en Año Nuevo, cuando se suelen romper récords de taquilla, la recaudación en los cines fue de solo 1,81 millones de yuanes, o unos 250.000 euros, según la compañía de venta de entradas Maoyan. Es una caída del 99% con respecto al año anterior.

“Es una certeza que el brote de coronavirus tendrá un impacto en el crecimiento económico de este trimestre”, considera Mark Williams, de Capital Economics, en una nota. En comparación con el SARS, “mientras esta vez la respuesta oficial más transparente y activa puede demostrarse más efectiva en la contención del virus, también puede hacer mayor el perjuicio económico inicial”.

Buena parte de estos daños podrían corresponder al amplio sector de la economía sumergida china, el representado por los migrantes a zonas urbanas. De regreso en el campo para pasar las festividades con sus familiares, muchos se han visto sorprendidos por la cuarentena o han visto alterados sus planes de viaje. El prolongado parón de sus puestos de trabajo puede dejarles sin ingresos mientras dure.

“Después del SARS, China adoptó una política fiscal expansiva, incluidos recortes de impuestos, para ayudar a la recuperación de los sectores más afectados”, apunta Tianlei Huang, del Instituto Internacional de Economía Peterson (PIIE). “Esta vez, China cuenta con grandes déficit fiscales y, por tanto, tiene menos espacio para aplicar estímulos fiscales que entonces. En la política monetaria, el banco central puede aumentar un apoyo de liquidez, pero no habrá un estímulo impulsado por el crédito”.

La clave, apuntan los analistas, estará en la rapidez con la que se resuelva la crisis. “Dependiendo de cómo se reduzca la crisis, y especialmente cómo lo gestione el Gobierno chino —no en poca medida lo transparente que sea—, el coste podría agravar la disminución del crecimiento chino”, apunta Huang.

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