La crisis del coronavirus

Argentina supera los 10.000 casos diarios positivos de coronavirus mientras crece la tensión política

El Gobierno de Alberto Fernández recomienda evitar gritar, cantar y reírse en espacios cerrados por su potencial de contagio

Protesta contra la reforma judicial este jueves frente al Congreso argentino.(FOTO: EFE | VIDEO: REUTERS)

La curva de contagios en Argentina es cada vez más pronunciada. Cinco meses después de declarar la cuarentena obligatoria, aún en vigor, el Gobierno de Alberto Fernández anunció este jueves más de 10.100 casos de la covid-19, una nueva cifra récord, con la que el total registrado supera los 380.000 y las muertes rebasan las 8.000. La pandemia no solo se acelera, sino que se extiende por todo el país, más allá de Buenos Aires y su área metropolitana, que hasta julio concentraban casi el 90% de las infecciones. Pero el Gobierno tiene cada vez menor margen de maniobra para frenar la propagación del coronavirus dado el creciente rechazo a las medidas de confinamiento y a la creciente tensión política.

El alcalde de Buenos Aires, el macrista Horacio Rodríguez Larreta, y el gobernador de la provincia bonaerense, el peronista Axel Kicillof, mantienen reuniones periódicas con el presidente para decidir las condiciones de cada prórroga quincenal de la cuarentena que rige desde el 20 de marzo. Los tres comparecen juntos ante las cámaras, pero con el paso de los meses han aumentado las diferencias. El último desencuentro tiene que ver con la reapertura de las escuelas. Rodríguez Larreta presentó esta semana un protocolo para permitir que volviesen a clase aquellos alumnos que han perdido todo contacto con el colegio desde que se interrumpió la enseñanza presencial. Si funcionaba el ensayo, después convocarían a los estudiantes de último curso de primaria y secundaria. Pero los alumnos porteños tendrán que esperar: el Gobierno rechazó el protocolo.

Fernández ha reiterado en numerosas ocasiones que el confinamiento decretado cuando Argentina tenía tan solo un puñado de casos permitió al país ganar tiempo para reforzar el sistema de salud y evitar así el colapso hospitalario que se dio en países europeos como España e Italia. Sin embargo, pese al importante aumento de camas de terapia intensiva, su ocupación crece de a poco y es ya del 66,7% en Buenos Aires y su área metropolitana.

Tras el cierre total de marzo y abril, el Gobierno comenzó a autorizar la reapertura de actividades con estrictas medidas de prevención, como el uso obligatorio de mascarilla, la limitación del número de personas que pueden entrar a un negocio o compartir un espacio de trabajo y la restricción del servicio público de transporte solo para trabajadores esenciales. Pero los contagios siguen en alza y el hartazgo de la población crece, por lo que cada vez son menos quienes respetan prohibiciones como la de juntarse con familiares o amigos.

Los encuentros clandestinos se han convertido en el principal foco de contagio, según el Gobierno. “Necesitamos jerarquizar las actividades de más riesgo, las actividades en lugares cerrados, por tiempo prolongado, con personas próximas, sin tapabocas, realizando acciones intensas como hablar fuerte, como gritar, como cantar, como reírse, ni hablar toser o estornudar sin cubrirse la boca con el pliegue del codo. Son actividades que por más que la persona que esté con nosotros no tenga síntomas puede estar incubando el virus y podemos ser parte de la cadena de transmisión”, dijo hoy la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, en el informe matutino sobre la evolución de la covid-19 en Argentina.

Sus palabras recibieron críticas de los detractores al Gobierno, que habían convocado a una nueva movilización de protesta frente al Congreso tras la multitudinaria del pasado 17 de agosto. Decenas de personas desplegaron una enorme bandera argentina en un abrazo simbólico al edificio legislativo, mientras cientos más gritaban consignas contra el Ejecutivo peronista y la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. La concentración coincidió con el inicio de la sesión en la Cámara alta en la que tiene previsto aprobarse la reforma judicial. La oposición sostiene que la iniciativa es una maniobra para asegurar la impunidad Fernández de Kirchner en sus juicios por corrupción.

La reforma judicial ha terminado de reabrir la grieta entre peronistas y antiperonistas que se había achicado al inicio de la cuarentena, cuando la gestión de la pandemia realizada por Alberto Fernández contaba con la aprobación de casi nueve de cada diez argentinos. Ahora, según el último sondeo de la consultora Management & Fit, la imagen positiva del presidente es inferior al 50%, mientras que la negativa ha subido al 26,4%. El alcalde porteño lo supera en popularidad por dos puntos—47,8% frente al 49,7%—, lo que contribuye a situarlo como principal líder de la oposición.

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