Parques Nacionales

Recta final para crear el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, el decimosexto del país

Tras seis años de espera, los pueblos de la zona aguardan que la próxima declaración atraiga el turismo

Una persona corre junto a un pinsapo, uno de los tesoros naturales de la Sierra de las Nieves, en Málaga.
Una persona corre junto a un pinsapo, uno de los tesoros naturales de la Sierra de las Nieves, en Málaga.Garcia-Santos / El Pais

Cuando a los vecinos de Yunquera, un pueblo de 2.880 habitantes a 40 kilómetros de Málaga, se les menciona la cuenta atrás para la declaración del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, ponen cara de incredulidad y contestan que a ver si es verdad. El sábado terminó la consulta pública del anteproyecto de ley para la creación del que debe convertirse en el decimosexto parque nacional del país, pero los Ayuntamientos y empresarios de la zona recuerdan que hace ya más de seis años que comenzó el proceso. Entre medias, ha habido cuatro elecciones generales.

Declarado parque natural en 1989 y reconocido como Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco hace seis años, las guías destacan de la Sierra de las Nieves sus importantes masas de pinsapo (Abies pinsapo) y afloramientos rocosos de peridotitas, muy escasos en el mundo. Pero hay mucho más que descubrir en esta zona malagueña que desde hace más de seis años suspira por el aumento de turistas. “Ahora tenemos por delante lo más complicado, porque está todo por hacer”, explica Antonio Pérez, presidente de la mancomunidad de municipios Sierra de las Nieves. “La figura de parque nacional supone una mayor protección, pero eso no evita el desarrollo que conlleva: hacer los accesos por carretera, infraestructuras y alojamientos turísticos”, asegura.

En lo alto de Yunquera, los vecinos recomiendan subir hasta el pico del Torrecilla, a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar. La ruta parte del mirador del puerto de Saucillo y deja contemplar las formaciones vegetales hasta las praderas donde se encuentran algunos quejigos centenarios. El ascenso a pie, de tres horas, conduce a una loma desde la que, en invierno, se puede ver nevada la Peña de los Enamorados.

Algunos de los senderos comunican con el municipio vecino de Alozaina (2.015 habitantes). Al bajar de la sierra se impregna el olor a aceituna de la variedad manzanilla, principal sustento de la economía local. Las panaderías Zambrana y Narváez, las únicas en este pueblo y que surten a los vecinos desde hace décadas, ofrecen pan incluso los domingos por la tarde. “Lo mejor es comerse un trozo de pan cateto con la aceituna aloreña para saborear la sierra”, describe Fátima Flores, una vecina que lleva toda la vida en una de las casas del centro del pueblo. “Es lo que comíamos cuando éramos pequeños, en los tiempos de pobreza, pero se ha quedado como una costumbre”. Tras la intensa caminata es obligatoria una parada para almorzar en la venta Rivita situada en el valle del río Jorox. Sus cocinas elaboran el plato de la Sierra de las Nieves compuesto por patatas, huevos, pimientos, setas y carrillada. Todo por ocho euros y elaborado con productos naturales de la zona. El local está enclavado en una cueva adaptada como restaurante.

La Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves comprende cerca de 90.000 hectáreas y se extiende por 14 municipios: Alozaina, Casarabonela, Tolox, El Burgo, Yunquera, Monda, Guaro, Istán, Ojén, Serrato, Ronda, Parauta, Benahavís e Igualeja. “El reconocimiento de la Unesco fue el embrión de lo que ahora es el futuro parque nacional y ha permitido unir mucho más a estos pequeños municipios en las últimas décadas”, añade el presidente de la mancomunidad. “Ahora, con la pandemia, todo el mundo vuelve a los pueblos y es el momento idóneo para que llegue la declaración” como antídoto contra la despoblación, explica Pérez.

“El trabajo conjunto ha sido clave. Las Administraciones se han volcado con la zona, y ahora lo importante es que llegan las inversiones, públicas y privadas”, asegura el director del Parque Natural Sierra de las Nieves, Rafael Haro. Tras la consulta pública, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico deberá estudiar las alegaciones y redactar el texto final del proyecto de ley para declarar a la Sierra de las Nieves como Parque Nacional. Mientras se completa el trámite, hasta 16 proyectos empresariales privados se han interesado en construir alojamientos turísticos en el entorno que alberga el 65% de la superficie de pinsapar española. El abeto pinsapo y el blanco son los únicos representantes del género Abies en la Península. Se puede observar en las laderas de Sierra Prieta, punto que se alcanza por otra de las rutas que sitúan al visitante a 1.300 metros de altitud.

El futuro Parque Nacional de la Sierra de las Nieves comprenderá casi 23.000 hectáreas del actual parque natural. Fuentes del Gobierno confían en que la declaración definitiva llegue antes de finales de 2020. “La figura de parque nacional llega para culminar el trabajo que se ha hecho al dotarla de una figura que pone de manifiesto su valor ambiental”, explica Tomás Rueda, coordinador de la Reserva de la Biosfera.

El cambio vivido en este territorio en las últimas décadas es abismal. “Se llegaron a prohibir algunas actividades históricas, como la ganadería o la extracción de leñas, lo que provocó el enfado de muchos vecinos”, relata Pérez. Sin embargo, “la declaración puso a la Sierra de las Nieves en el mapa, y finalmente fueron los mismos Ayuntamientos los que propusieron a las Administraciones su declaración como Reserva de la Biosfera”, concluye.

Diferentes estudios realizados por la Junta de Andalucía y la Universidad de Málaga cifran en unos 80 millones de euros la inversión inicial necesaria para adaptar el entorno a su futuro. “Hay quienes ya se frotan las manos pensando en los numerosos turistas que vendrán de visita, pero hay que ser consciente de las limitaciones”, explica María Luisa Gómez, geógrafa y presidenta de la Junta Rectora del Parque Natural. Mientras llega la designación definitiva siguen las rutas por los diferentes senderos, los paseos a caballos, y el llamado “turismo de sensaciones” que permite el viajero descubrir pueblos blancos, el cercano Caminito del Rey y degustar la gastronomía autóctona.

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