La crisis del coronavirus

El sistema de refrigeración circular está tras el contagio masivo en la cárnica alemana

El frío y el trabajo físico facilitaron la expansión del virus, según los expertos. Detectado un nuevo brote en una firma avícola

Una empleada municipal distribuye bienes de primera necesidad a las personas en cuarentena, en Verl, cerca del matadero de Gütersloh, al oeste de Alemania. En vídeo, 640.000 personas viven en cuarentena en el país.FRIEDEMANN VOGEL / EFE (VÍDEO: ATLAS)

El virus circulando sin filtro en salas refrigeradas. Esa es una de las explicaciones que los expertos ofrecieron el miércoles ante la desmedida propagación del coronavirus entre los trabajadores del gigante cárnico Tönnies. Más de 1.500 trabajadores se han contagiado y cerca de 7.000 están sometidos a cuarentena. Mientras, un nuevo brote, esta vez en un matadero de pavos en Baja Sajonia cuenta ya con 35 casos positivos de coronavirus, mientras esperan los resultados de cientos de pruebas diagnósticas realizadas a los empleados. La aparición de nuevos casos también en una empresa de alimentación en el distrito de Cloppenburg apunta a un tercer matadero infectado.

El director del instituto de salud pública e higiene de la universidad de Bonn, Martin Exner, explicó este miércoles en conferencia de prensa junto a las autoridades en Gütersloh que la ventilación en las salas del matadero y en particular de la sala de despiece, la más afectada, podría ser la clave de la propagación. Es un lugar en el que empleados cortan a destajo los animales y realizan un considerable esfuerzo físico.

El aire que recogen los aparatos de ventilación efectúa un recorrido circular para enfriarse y vuelve a la misma sala, donde esparce los aerosoles sin que haya filtros adecuados que los eliminen. Exner analizó la situación en la planta de Rheda-Wiedenbrück el sábado y el domingo pasados y propuso la utilización de filtros como los que se utilizan en hospitales, teatros o los aviones modernos.

Este experto comparó el caso de Gütersloh con la gran infección al inicio de la epidemia en Heinsberg, en un local cerrado durante una celebración de carnaval y también con un sistema de ventilación circular. “Este es un factor de riesgo decisivo”, que según Exner ha sido subestimado hasta ahora. Matizó que probablemente la causa no sea única y que hay otras como, por ejemplo, las condiciones en las que viven los trabajadores de la fábrica.

“El aire es frío y húmedo y eso estabiliza el virus, que puede sobrevivir algo más”, indicó Friedemann Weber, director del instituto de virología de la Universidad de Giessen a la web alemana Focus, quien añade que el frío hace además que el sistema inmunológico no funcione igual de bien. El ruido ambiental hace, asimismo, que los trabajadores tengan que gritar para escucharse y esparzan de nuevo más aerosoles.

Mientras, sobre el terreno, se libra una carrera contra el tiempo y se efectúan cientos de test para tratar de determinar si el virus sigue localizado entre los empleados de la industria cárnica o si se ha traspasado a la población general. De momento, los primeros resultados indican que los contagios entre los vecinos de la zona son muy puntuales, lo que no está claro es cuánto tiempo puede durar la contención con un nivel de contagios tan alto entre los empleados. De momento, las restricciones a la movilidad se aplican a unas 640.000 personas, en dos distritos al oeste del país y hasta por lo menos el 30 de junio.

Temor que traspasa fronteras

Ante el temor de que el brote de Gütersloh acabe por propagarse a otras regiones, algunos länder han decidido cerrarse a los veraneantes de las regiones infectadas. Pese a las restricciones impuestas a los habitantes de la zona, en principio, tienen permitido viajar por el país. Baviera, Schleswig-Holstein y Baja Sajonia han anunciado que prohibirán a los turistas de los dos distritos afectados alojarse en sus hoteles. La idea es evitar el veraneo de personas procedentes de zonas que superen el límite máximo pactado por los länder con el gobierno federal de 50 casos positivos por cada 100.000 habitantes. El temor ha traspasado incluso las fronteras nacionales. Austria ha desaconsejado a sus ciudadanos viajar a todo el Estado de Renania del Norte-Westfalia, donde se encuentra el matadero y en el que viven 18 millones de personas.

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