La crisis del coronavirus

La provincia de Buenos Aires cerca una villa por un brote de coronavirus

El Gobierno bonaerense bloquea la salida a los 5.000 habitantes de Villa Azul durante 15 días para frenar la expansión de la covid-19

Un agente vigila uno de los accesos al barrio de Villa Azul, en la periferia sur de Buenos Aires. IGNACIO RONCORONI (FOTO| VÍDEO: EFE)

Más de tres millones de personas en Argentina viven en villas. Cuando comenzó la pandemia de la covid-19, el Gobierno de Alberto Fernández intentó que el coronavirus no entrase en estas barriadas pobres y propuso allí una cuarentena comunitaria, no individual, consciente de que la falta de espacio en las viviendas hacía muy difícil el aislamiento preventivo. Dos meses y medio después, la covid-19 se ensaña con esos lugares vulnerables y las autoridades argentinas buscan frenar su propagación. El caso más extremo y polémico es Villa Azul, a caballo entre los municipios bonaerenses de Quilmes y Avellaneda, que permanecerá cercado durante 15 días tras detectarse un importante brote entre sus 5.000 habitantes.

“Habrá dos semanas en las que la gente no podrá salir y será abastecida”, declaró a los medios el alcalde de Avellaneda, Jorge Ferraresi, al informar sobre el operativo. Más de 100 policías custodian la veintena de accesos a este barrio, situado a 10 kilómetros al sur de Buenos Aires.

No se sabe con certeza cómo entró el coronavirus en Villa Azul, pero sí que se propagó con rapidez entre sus estrechos pasillos. Entre el viernes y el sábado, personal de salud comenzó a llamar puerta a puerta a los vecinos en busca de personas con síntomas de la covid-19 para realizarles un hisopado. Más de 50 dieron positivo. Entre el domingo y este miércoles la cifra ha ascendido a 173 y los test siguen.

Los casos confirmados con síntomas leves son derivados a un centro de aislamiento en la Universidad de Quilmes. Los que presentan cuadros moderados o graves se trasladan al hospital de Wilde o a Buenos Aires.

Al ver la magnitud del brote, las autoridades municipales decretaron el blindaje del barrio para evitar que se expanda a otros cercanos. “La mayoría [de los habitantes de Villa Azul] lo entiende como una medida de cuidado y prevención”, dice por teléfono una referente de la escuela técnica del barrio. Como en el resto del país, sus aulas permanecen cerradas desde mitad de marzo, pero la escuela ha repartido alimentos y material impreso entre los alumnos, en especial a aquellos que no tienen acceso a Internet para acceder a material de trabajo online.

El rastreo de infectados y de sus contactos estrechos corre en paralelo a la distribución de alimentos, medicinas y material de higiene para evitar que los residentes salgan de casa, ni siquiera para comprar. Pero algunos critican que la comida recibida será insuficiente para el período de confinamiento total. “Los alimentos que recibió Emanuel no alcanzan para dos semanas, alcanzan con suerte para dos días”, denuncia la revista villera La Garganta Poderosa a partir del testimonio de vecinos.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, ha salido a defender este martes el cerco impuesto a Villa Azul y ha anticipado que se seguirá el mismo protocolo en edificios y barrios privados de clase alta en los que se detecten brotes de coronavirus. Sin embargo, la decisión ha recibido críticas tanto desde la oposición como desde sectores del Gobierno cercanos a los movimientos sociales. “Lo que hicieron ahí fue convertir la villa en un gueto, militarizaron ese barrio”, señaló la exministra de Seguridad macrista, Patricia Bullrich. “Es un error”, advirtió también Daniel Menéndez, extitular de la agrupación Barrios de Pie y hoy subsecretario en el Ministerio de Desarrollo Social. “Se confina a la gente pensando que con la policía y un cerco represivo se puede evitar una situación que tiene que ver con un esquema comunitario”, puntualizó Menéndez.

Las autoridades de la ciudad de Buenos Aires se han desmarcado de la estrategia de la provincia, a pesar de que cuatro de cada 10 infectados en la capital argentina viven en una villa. “Es otra realidad”, ha afirmado el vicealcalde porteño, Diego Santilli, al comparar los 5.000 habitantes de Villa Azul con los cerca de 45.000 de la villa 31, la más afectada de la ciudad. “[La 31] ocupa una zona central, en una estación de trasbordo de las más importantes que tiene la Argentina porque tiene, no solo la terminal de tren y la conexión con el Subte, sino también la de colectivos de larga y media distancia”, ha marcado como otra diferencia más.

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