La crisis del coronavirus

Los ancianos en las villas miseria de Argentina, entre el miedo a salir y la necesidad de supervivencia

Organizaciones sociales reparten alimentos casa por casa a los mayores de 60 años para que puedan sostener la cuarentena

Una militante de Barrios de Pie reparte comida a un habitante de la villa 1-11-14 considerado grupos de riesgo ante la covid-19
Una militante de Barrios de Pie reparte comida a un habitante de la villa 1-11-14 considerado grupos de riesgo ante la covid-19Foto:Enrique Garcia Medina

“¡Qué Dios los bendiga! ¡Gracias por esta comida!”, agradece una devota jubilada al abrir la puerta de rejas y recibir el guiso de arroz que le ofrecen militantes de la organización social Barrios de Pie. Se llama Julia Hervés y vive sola con su perro en una habitación de la villa 1-11-14, uno de los barrios más pobres de Buenos Aires, en el que se ha disparado el temor a la covid-19 a partir del registro de los primeros casos. “Tengo mucho miedo a la enfermedad porque estoy sola. Solo salgo un rato por la mañana para pasear al perro, pero acá no se respeta la cuarentena: los mayores nos cuidamos y los demás no, hay jóvenes que están en la calle todo el día y no usan barbijo”, denuncia. Poco después, repite las bendiciones, pide la presencia de más policías y vuelve a encerrarse.

El reparto continúa a mediodía por los oscuros pasillos de esta villa, la más extensa de Buenos Aires y en la que viven cerca de 40.000 personas. José Ibarra sale a recibir la vianda apoyado sobre dos muletas porque meses atrás se cayó de un tercer piso cuando trabajaba. Tenía programada una operación, pero se la aplazaron por la emergencia sanitaria. “Me duele mucho, pero me cancelaron el turno y no puedo ir al hospital”, lamenta. Sin pensión y con movilidad muy reducida, Ibarra acumula deudas y come sólo lo que le acercan hasta la puerta de la pieza en la que vive. Comparte el baño con familias que sí salen a la calle y teme contagiarse.

El Gobierno y las organizaciones sociales han creado redes para repartir comida y medicinas a las personas ancianas y evitar así que salgan de sus casas, por ser el mayor grupo de riesgo ante este nuevo coronavirus. El jueves, Barrios de Pie entregó unas 500.000 viandas a adultos mayores en más de 2.000 puntos de todo el país, según datos propios. Frente a su comedor popular de la 1-11-14 hay otro. A treinta metros, un tercero. Aún así, ninguno da abasto. “Crece la psicosis, pero también la necesidad. La demanda en los comedores se ha multiplicado por tres o por cuatro”, señala una voluntaria.

Población desprotegida

A diferencia del confinamiento domiciliario en las áreas de clase media y alta, en las villas la cuarentena decretada por la covid-19 es comunitaria —dentro del barrio— porque el hacinamiento y la precariedad de muchas viviendas vuelven muy difícil pasar las 24 horas dentro. En las calles, la mayoría de habitantes de la 1-11-14 llevan la boca y la nariz tapadas, pero no es posible mantener la distancia física al cruzarse por pasillos de poco más de un metro de ancho.

“Tengo 43 años y vivo en una pieza de tres metros cuadrados con mi padre y mi madre diabética, que tienen 85 y 84 años. Pero eso no es todo: en el mismo piso viven otras tres familias, obligadas a compartir un baño para 13 personas. ¿Cómo podríamos entonces cumplir las normas de prevención?”, contó el martes la primera contagiada por coronavirus en la villa 31, la más céntrica de Buenos Aires. “Tengo la sospecha de haberme contagiado en un cajero automático, porque tuve que hacer una cola durante largas horas, una cola peligrosa para mí, porque va mucha gente por día y no se desinfecta permanentemente. Traté de conseguir alcohol más de una vez, pero escasea y cuando conseguimos, vale oro. ¿Quién no quiere cuidarse? Yo me corté dos remeras para usarlas de tapabocas porque no puedo comprar barbijos, necesito esa plata para comer”, agregó en una entrevista con La Garganta Poderosa. Un día después, se confirmó el segundo caso: una mujer de 36 años asmática, desempleada y con problemas renales.

Según Barrios de Pie, en la 1-11-14 tienen constancia de al menos cuatro contagios, entre ellos una empleada de la limpieza del Congreso que falleció hace dos semanas. Ante el avance de la enfermedad, las parroquias de las villas y los clubes deportivos han comenzado a acondicionarse para aislar a personas mayores de 65 años y con patologías previas. Pero esa estrategia de prevención aún no se ha puesto en marcha y divide a sus destinatarios. Muchos ancianos están a favor; otros tienen miedo de perder la habitación en la que viven si se ausentan, según Walter Córdoba, referente de Barrios de Pie capital.

En Cildañez, otra de las villas de Buenos Aires, una enfermera que atendía en el único centro ambulatorio del barrio dio positivo por coronavirus hace tres semanas y la salita estuvo cerrada durante 14 días por protocolo. “Al cerrarlo se rompió completamente la cuarentena comunitaria porque para recibir atención médica había que salir a buscarla a otro barrio”, se lamenta una vecina y pone como ejemplo los numerosos enfermos de dengue, a los que no se les presta atención pese a que Buenos Aires padece el peor brote de los últimos cinco años.

“Llévenme al hospital, llévenme al hospital”, repite como una letanía la boliviana Silveria Mamani, de 102 años, postrada en cama desde hace un mes en la planta baja de una humilde vivienda de Cildañez. Sus hijas y nietos no se atreven a obedecerla ni tampoco la sacan ya a pasear en silla de ruedas para evitar exponerla al coronavirus. Las organizaciones no solo acercan comida y medicinas sino también brindan contención y transmiten al Gobierno peticiones generalizadas, como la de realizar campañas de vacunación a domicilio para los grupos de riesgo. El objetivo es acercar toda la ayuda posible para que la cuarentena pueda sostenerse.

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